Luciernagas en El Mozote


Rufina Amaya, campesina salvadoreña

Fue testigo de la matanza de El Mozote, en 1981

Por David Duke.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

El titulo  sacado de el libro de Rufina Amaya, Mark Danner y Carlos Henríquez Consalvi Editorial Museo de la palabra, El Salvador, rústica ilustrada, 358 pp. sexta edición, 2006. Llamado Luciérnagas en el Mozote es tomado por la banda Araña  para hacer una memoria acerca de ese tiempo, de los mártires, y nos lleva al igual que el libro a una reflexión  de cuan valiosa es la vida de todos, canción grabada en el 2007 que saldrá en el primer disco de la banda  llamado Teotl, la cual lleva  una fusión de  ritmos latinos, mezclados  con  metal y sonidos propios de la banda, nos

Este libro  al igual que la canción el cual es de autores  independientes  entrega un aporte fundamental a la memoria histórica de El Salvador con impactantes revelaciones sobre una de las más grandes masacres cometida contra civiles en la historia reciente de América Latina, ejecutada en 1981, costó la vida de un millar de personas entre hombres, mujeres y niños.

La campesina salvadoreña Rufina Amaya, a sus 64 años de edad, única superviviente y testigo de la espeluznante matanza de El Mozote durante la guerra civil en El Salvador, falleció el pasado 6 de marzo a consecuencia de un fallo cardiaco.

En 1981, Rufina Amaya y su familia, integrada por su esposo y cuatro hijos menores de edad, residían en el entonces desconocido caserío El Mozote, incrustado en la zona montañosa de Morazán, al oriente de esta pequeña nación centroamericana. Entre los días 11 y 13 de diciembre de 1981 tropas élites del ejército realizaron en el caserío y sus alrededores una operación

contrainsurgente denominada Yunque y Martillo; la misión fue dirigida por el ya fallecido teniente coronel Domingo Monterrosa, quien comandaba el Batallón de Reacción Inmediata Atlacatl y que tenía la orden de arrasar “con todo lo que se moviera”.

Los testimonios de Amaya, de entonces y después, produjeron espanto. Narró cómo en pocas horas los soldados torturaron a la población civil, asesinaron primero a los hombres; luego a las mujeres y los ancianos, y, finalmente, a los menores de edad. Quemaron sembrados, todos los ranchos y la iglesia. El colmo del símbolo cruel fue que los menores fueron

encerrados vivos en una casa rústica llamada El Convento, detrás del templo católico, donde fueron rociados de balazos y finalmente sus cuerpos incinerados.

Ahí murieron los cuatro hijos de Rufina Amaya. Su esposo fue apresado con el resto de hombres, a quienes también fusilaron los soldados, acusándolos de “comunistas y guerrilleros”.

Ella logró salvarse. “A las cinco de la tarde me sacaron a mí junto a un grupo de 22 mujeres. Yo me quedé la última de la fila. Aún le daba el pecho a mi niña. Me la quitaron de los brazos. Cuando llegamos a la casa de Israel Márquez, pude ver la montaña de muertos… Yo me arrodillé acordándome de mis cuatro niños. En ese momento di media vuelta, me tiré y me metí detrás de un palito de manzana [un arbusto]. Con el dedo agachaba la rama para que no se me miraran los pies”, narró Rufina Amaya en declaraciones recogidas en el libro Luciérnagas de El Mozote (1996).

El testimonio de Rufina Amaya fue clave para la investigación realizada por la Comisión de la Verdad, auspiciada por las Naciones Unidas en 1993, institución que culpó a los militares del genocidio sufrido por la población civil.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) analiza actualmente una demanda contra el Estado salvadoreño a favor de las víctimas representadas por tutela legal del arzobispado, institución que durante la posguerra ha logrado individualizar, hasta el momento con nombres y apellidos, la cantidad de 809 osamentas, entre ellas 400 menores de edad.

Rufina nunca abandonó los alrededores de Morazán; estuvo en los refugios ubicados en la frontera entre Honduras y El Salvador; cocinó para la guerrilla y después del fin de la guerra (1992), fue una fundadora de la Ciudadela Segundo Montes, donde sus restos mortales descansarán finalmente.

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  1. Amadeo Siguenza
    enero 29, 2010 en 1:20 pm

    Es inconcebible el actuar de persona llenas de basura la cabeza, mis respetos por la Sra. Rufina
    nada puede compensar el actuar de militares corroidos por la ambicion tratando de lograr sus objetivos sin justificar los medios.

    Es muy confortable que personas de este Website se tomen el tiempo de publicar la verdad y desenmascarar las masacres y corrupciones descorazonadas e inhumanas del gobierno

  2. lue gonzalez melvin oswaldo
    abril 18, 2011 en 6:21 pm

    es increíble como el militarismo pensaba que esta a siendo el bien , matando victimas inocentes que no tenían nada que ver con la guerrilla

  3. samuel alexander portillo
    abril 18, 2011 en 6:37 pm

    es triste lo que cuenta rufina sabiendo que ella vio como masacraban a las personas

  4. PePé
    septiembre 13, 2011 en 11:36 pm

    Hasta el dia de hoy el gobierno sigue haciendo de las suyas. Mas que son solo hipocritas celebrando la independencia “cual” si El salvador depende de muchos paises tales como USA, Taiguan entre otros.

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