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¿Cualquiera puede ganar?


Por Dagoberto Gutiérrez.
Redacción Rumbo Revolucionario.

En realidad las campañas electorales no son competencias sino confrontaciones, aunque se suelen usar expresiones como justas electorales o fiestas democráticas para referirse a la disputa, en condiciones normales, de la administración del botín de la cosa pública. En las actuales condiciones del país, sin embargo, no estamos frente a una competencia sino ante la posibilidad de construir una alternancia en el ejercicio y control del poder ejecutivo del país.

Este es el primer poder del estado, el que hace la ley y define la política gubernamental y en un régimen presidencialista es la piedra de toque de la conducción política de allí viene cierto sobresalto en el sector gobernante tradicional.

Las encuestas no dejan lugar a dudas y, sin perjuicio de dudas o sospechas sobre su elaboración, lo cierto es que presenta una reducción de la distancia entre ARENA Y FMLN, se puede pensar que esa distancia continuará reduciéndose y por eso la inicial idea de que el FMLN estaba condenado a ganar y ARENA a perder puede ser sustituido por la otra de que en estos momentos cualquiera puede ganar aunque lo hará quien sepa encontrar los caminos abiertos de la subjetividad humana.

Si coincidimos en que para el FMLN su candidato y su política de alianzas resulta ser fundamental para ganar la votación y si se piensa que hay una franja de votantes que lo harán por Mauricio sin significar identificación con el partido FMLN y, además, si consideramos que ha estas alturas el partido ha consolidado su voto fiel, sabremos que para ganar la votación el ensanchamiento ha de producirse fuera de las paredes partidarias hacia el mundo fragoroso de lo social, donde se cocina lo político.

Aquí entra en la reflexión el grupo amigos de Mauricio que en las actuales circunstancias puede expresar la política de alianza necesaria para producir el ensanchamiento social para capturar la votación necesaria. Si hablamos de alianzas hemos de saber que estamos pisando un terreno político en donde lo ideológico no es el cemento mas importante; pero entre mas extenso sea el ramaje, menos radical será el árbol que los conecte pero, repito, si la adhesión al candidato resulta clave en todo el proceso, una vez presentado el programa de gobierno la figura del candidato, su voz y sus ideas, su persona y su personalidad, su imagen y su presencia, su discurso y su cabeza política resultan determinante. Es aquí cuando el votante ha de tener la seguridad que lo están haciendo por el hombre que va a gobernar efectivamente el país. Y que cuenta con la fuerza política necesaria para hacerlo.

No se trata de separar el partido y el candidato porque ambos se necesitan mutuamente, como la mirada al ojo, pero con fineza y elegancia suprema, se trata de alcanzar los acuerdos mínimos y máximos sobre los fundamentos del discurso político y sobre las medidas fundamentales y pasos inevitables que el montaje de un gobierno supone. Nada menos que eso, pero hay algo más porque si el partido tiene un follaje político, su trabajo resulta esencial y dentro de este estará, sin duda, el fortalecimiento de los Amigos de Mauricio como una fuerza con nidos en la sociedad y no necesariamente en los muros partidarios.

En el campo de la izquierda no puede hacerse lo que estila la derecha, que es bastante sabio, de convertir a su candidato en el jefe de su partido porque para el FMLN Mauricio no es un militante y esta es, precisamente, una virtud de su candidatura y una fortaleza social pero, sin la sabiduría inevitable, puede convertirse en una debilidad.
Puede ser que las diferencias programáticas no estén a la orden del día porque los pasos gubernamentales tampoco resultarán espectaculares y contemporáneamente, lo decisivo se ubica, mas bien, en la manera de ejecutar los compromisos contraídos con los votantes, lo cierto es que si para ganar una votación es clave el acuerdo entre partido y candidato, para gobernar el país con reducidos errores, se necesita de un partido que no se fusione con un gobierno pero que asegure, como las raíces de un árbol, la terrenal comunicación del gobierno y su pueblo y de un gobierno con total respaldo del partido pero dueño de eficiencia y sensibilidad para cumplir, uno a uno, los compromisos adquiridos. Partido y gobierno han de ejercitar una especie de independencia dependiente, pero de factores diferentes, apoyándose en el tamiz preponderante del pueblo como verdadero sujeto del proceso político.

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