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Dagoberto Gutiérrez: Un amorío impreciso


Por Dagoberto Gutiérrez.

Observador Juvenil/ABP El Salvador.

Braulio Cadenas, el ganadero de nuevo Edén San Juan, pidió a Angelina que borrara el ultimo mensaje que le hizo llegar, su corazón le decía que todo había terminado y que una cataclísmica relación de Angelita había degollado la suya con ésta mujer, su cerebro, acostumbrado a especular y hacer cuentas concretas y cabales le aconsejaba terminar lo que ya había terminado; pero su corazón acostumbrado al sufrimiento y a los perdones y odios de los amores no terminaba de aceptarlo el traspiés sufrido, permaneció en el oriente del país en su hacienda La Tigresa, mientras en San Salvador ocurrían otras cosas que Braulio no se imaginaba.

Angelita leyó el mensaje y se estremeció de las profundas tristezas de las palabras del hombre, supo que cada línea destilaba dolor y también supo que de ese dolor no nacía odio ni mucho menos rencor, en efecto se había casado quince días antes y apenas regresaba de su luna de miel de Bocas del Toro en el Atlántico Panameño y cerca de la frontera con Costa Rica, aparentemente todo era felicidad en este paraíso terrenal; pero en este lugar hermoso la Angelita supo que se había equivocado, porque bajo la luz de la luna rompió a llorar la primer noche de su luna de miel, el esposo la abrasó trémulo, le besó los ojos como acostumbraba a ser Braulio con ella, la mujer explicó que lloraba cuando estaba feliz y el marido aceptó y entendió ese llanto de su mujer; pero no sabía que en el corazón de Angelita tenía clavada la imagen vivida y la voz, y el rostro, y los labios, y la ternura, y la paciencia, y los besos, y los abrazos de Braulio Cadenas, esa noche de amor la mujer durmió con su esposo pero soñó con Cadenas, al día siguiente la recién casada se enfermó de ausencia y angustia por el amor que había dejado, regresaron a San Salvador y Angelita cerro su comunicación con Braulio, este la llamaba a los números conocidos, ella no respondía y una noche mientras miraban televisión antes de acostarse el esposo le dijo “siento una tristeza inmensa en alguna parte tuya, sabes muy bien que te quiero pero hay algo que no conozco que no me abre las puertas de tu corazón” Angelita sonrió, lo abrazó y lo besó con ternura, buscaba calmar la duda correcta de su marido y amarrar, con besos, la certeza del desamor que inundaba su casa. Esa noche no hicieron el amor y ninguno insistió; pero la mujer se levantó temprano sin un segundo de sueño.

Braulio estaba en todo lo que ella miraba y hacia, en lo mas cotidiano y en lo mas trascendente, en lo más temprano y en lo más tarde en todas las platicas y referencias el hombre aparecía sin proponérselo, Braulio esperaba poco de los acontecimientos y mas bien sabía que había sido sustituido sin remedio, no se resignaba, pero aceptaba la decisión de Angelita, concluyó que se había casado y que él estaba afuera del corazón de la mujer, no había nada que hacer, pensó el hombre y decidió, con amargura el mensaje final.

Angelita y su esposo almorzaban, cuando sonó el teléfono, la mujer se levantó a responder el celular en su dormitorio y ahí la voz de Braulio le llegó lejano y cercana, extraña y familiar, amorosa y reclamante, pero sobre todo le llegó el dolor de cada palabra, al final Braulio le pide, después de decirle de que no volverá a llamarla, que borre el mensaje, la mujer lloraba cuando decidió no borrar nunca ese mensaje, pero con los ojos llenos de lagrimas no podía regresar a almorzar a menos que inventara una historia verosímil para su marido, en efecto inventó un mensaje sobre una exhumación no autorizada de los restos de su padre muerto 20 años antes. Su esposo comprendió el silencio de su mujer mientras terminaban de almorzar.

Hacía un mes del matrimonio y una intensa vida sexual con presentaciones de la pareja y platicas sobre temas variados, hacía que las horas y los días pasaran pegados al calendario, pero Angelita sentía que cada día que pasaba se desangraba la decisión tomada de deshacerse de Braulio, era algo así como una grieta abierta en un dique por donde el agua cristalina de una decisión se fugaba segundo a segundo.

Su profesión de Ingeniera Química la hizo viajar al Brasil, a las zonas del Iguazú y, en todo momento estuvo esperando que Braulio la llamara, la antigua decisión ya no existía y la mujer sabía que no podía ni tenía ni debía renunciar al amor de Braulio Cadenas, el teléfono sonó, era el medio día y el calor apretaba y era Braulio el que llamaba; le pidió perdón por llamarla “no tenés por qué pedir perdón” dijo ella, “estaba esperando que llamaras desde ayer”, “he cometido el error mas grande de mi vida” y rompió a llorar mientras una parvada de guacamayas sobrevolaba las aguas embravecidas.

Braulio callo mientras el silencio, con sus dedos fríos, los amarraba a los dos hasta que en medio del llanto frenético la mujer le dijo “corregiré este error y te amaré siempre”.

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