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El momento de la verdad para Estados Unidos en el conflicto Israel-Palestina


La ocupación militar israelí se ha convertido en un proceso de colonización hecho y derecho.

En vista de un consenso mundial sobre una solución de dos estados para el conflicto árabe-israelí, la mayoría de los analistas y comentaristas políticos han concluido que el designado Primer Ministro Israelí, Benjamin Nehayahu, quien aún rehúsa afirmar su compromiso con dicha solución, debió encontrarse cara a cara con su “momento de la verdad” durante sus recientes encuentros a comienzos de mes con la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, y su enviado “presidencial” para la paz en Medio Oriente, George Mitchell; pero el resultado de la primera gira regional de Clinton como Secretaria de Estado, y de la segunda gira de Mitchell en la región, han probado lo contrario:

La nueva administración demócrata de Barack Obama parece estar fallando en su propio “momento de la verdad”, dado su fracaso al pasar la única prueba que podría significar el éxito o la ruina de la “visión” de dos estados como solución viable, ( el acercamiento “agresivo” de Obama resulta lo suficientemente creíble como para marcar una diferencia entre las palabras y los actos de Estados Unidos),a saber: eliminar el obstáculo principal, la empresa de asentamientos coloniales israelíes, la cual ha llevado al proceso de pacificación patrocinado por Estados Unidos a su actual punto muerto desde el internacionalmente reconocido “legítimo y único representante del pueblo palestino”: La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), adoptó la visión de dos estados en 1988.

Irónicamente, pero también instructivamente, el “perro guardián ” de la empresa de asentamientos israelí, “Peace Now”( Paz Ahora), recibió a Clinton y a Mitchell un día antes de su visita, el 2 de marzo, con un informe alarmante: el Ministerio de Vivienda israelí ha ultimado proyectos para “doblar” el número de colonos judíos ilegales en la Cisjordania ocupada, donde la solución de dos estados prevé la creación de un Estado Palestino, a más de 600.000, a través de la ampliación de más de 120 colonias de asentamiento y la construcción de más de 73.302 unidades de vivienda, de las cuales 15.156 ya han sido aprobadas y 58.000 están aún pendientes de aprobación. La Oficina Central de Estadísticas israelí divulgó en 2008 que aproximadamente 290.000 colonos viven en 120 colonias oficialmente autorizadas y en más de 100 puestos de avanzada* que no fueron autorizados, además de los 200.000 colonos que viven en quince colonias del este de Jerusalén desde hace más cuarenta y un años. Peace Now reportó que la expansión de los asentamientos en Cisjordania se incrementó en un 60% en 2008, en relación con el año anterior. Ni un solo puesto de avanzada fue evacuado en 2008, añadió la organización. Por el contrario, los colonos ampliaron la construcción de estos puestos aprovechándose de la guerra lanzada por Israel en la Franja de Gaza el 27 de diciembre.

De acuerdo con las resultados del informe, la construcción planificada doblaría el tamaño de los bloques de asentamientos coloniales de Maale Adumim, Giv’at Ze’ev, Efrat, Giv’at Benyamin y Ariel. Mientras las primeras cuatro colonias extenderían la capa exterior de los asentamientos “de defensa” que protegen a la Jerusalén israelí metropolitana, hasta las costas del Mar Muerto (barrera natural con Jordania en el este), abriendo así una franja de concreto, acero y demografía judía entre la Cisjordania del norte y la del sur, la quinta colonia, Ariel, se extendería 25 kilómetros adentro en la Cisjordania del norte, partiéndola en dos “bantustanes” palestinos.

Negando la visión de dos estados en Israel

Históricamente, quien gobierne en Jerusalén dominará también su trasfondo geopolítico árabe y musulmán. El movimiento Sionista aprendió la lección lo suficientemente pronto como para encabezar su empresa colonizadora allí, donde la guerra y la paz es hecha y donde se determinará tanto la supervivencia de Israel como del Estado palestino prometido. El actual proceso de judaización puesto en marcha en la parte este de la Ciudad Santa es la segunda parte de la judaización de su parte oeste.

Más recientemente, desde la inauguración de la administración de Obama, la expansión de los asentamientos coloniales israelíes se ha acelerado particularmente en Jerusalén. El 17 de febrero, El Washington Post divulgó que las autoridades de ocupación israelíes confiscaron algo más de 1.700 dunam* de tierra palestina para ampliar la colonia de Efrat en 423 acres, con el fin de posibilitar el incremento de sus colonos de 9.000 a 30.000, como parte del bloque de asentamientos de Gush Etzion, “justo al este de un grupo de ciudades y aldeas palestinas, con la bíblica Belén en su centro”, cerrando la única salida que quedaba a los palestinos en el suroeste para alcanzar Jerusalén.

El 25 de febrero, la presidencia palestina invitó a cónsules extranjeros acreditados a una gira por Jerusalén para que vieran de primera mano los planes colonizadores israelíes,”E1″, cuyo objetivo es conectar Ma’ale Adumim a más de quince colonias en la Jerusalén del este, que a su vez la conectan con Jerusalén oeste, el cual fue judaizado luego de la guerra de 1948 y donde el 75 % de la propiedad pertenece a particulares palestinos, de acuerdo con los documentos de hace ocho años de La Casa Oriente y otras instituciones palestinas. Al ser la única conexión geográfica que queda entre Jerusalén y Cisjordania, el plan “E1 separaría el norte y el sur de Cisjordania de Jerusalén del este, lo cual impediría el establecimiento del Estado Palestino”, dijo el presidente del equipo, Rafiq Husseini, a los diplomàticos.

A comienzos de este mes, las autoridades de ocupación entregaron órdenes de desalojo a propietarios palestinos de ochenta casas en el barrio de al-Bustan de la ciudad de Silwan, la última comunidad demográficamente palestina adyacente a los muros del sudeste del tercer sitio más sagrado del Islam, la mezquita de al-Aqsa, amenazando con desplazar más 1500 palestinos jeruselamitas y, más grave aún, con completar el cerco demográfico judío en al-Haram al-Sharif y la antigua Jerusalén.

“No son sólo los sitios santos cristianos y musulmanes los que estan amenazados, sino además la misma existencia de población no judía en Jerusalén”, advirtió el 2 de marzo Mahdi Abdul Hadi, un prominente palestino jeruselamita fundador de la Sociedad Académica Palestina para el estudio de Asuntos Internacionales, hablando a la estación de televisión satelite de Al-jazeera con base en Qatar. El febrero pasado, Israel cortó a más de 60.000 palestinos jeruselamitas el acceso a la ciudad cerrando la única “puerta en el muro” entre los barrios al-Ram y Dahiyat al-Barid. A principios de este mes, 55 hogares palestinos recibieron órdenes de ser demolidos el 5 de marzo en Ras Khamis, en el campo de refugiados de Shufat. La limpieza étnica de palestinos en la ciudad continúa sin tregua.

Los hechos relativos a los asentamientos coloniales en Jerusalén, donde la visión de dos estados promete una capital para el pueblo palestino, no dejan lugar a la especulación respecto de que la ocupación militar israelí está a punto de dar a Jerusalén el estatuto de “no negociable”, de modo que “el proceso de paz” es revivido como una pérdida de tiempo para Palestina, además de que permite a Israel ganar tiempo para completar la región judía metropolitana alrededor de Jerusalén, la cual cercará por completo un área de 100 millas cuadradas mediante el muro de más de 700 kilómetros de largo que el ejército militar israelí está construyendo en Cisjordania, minando así los mismos fundamentos que harían realidad la mentada visión.

Los datos detallados sobre los asentamientos judíos en el territorio palestino ocupado en 1967 son generalmente tratados como “secreto de estado”. La mayor parte de la información es puesta a disposición por organizaciones no gubernamentales como Peace now, y usualmente desestimada como no oficial por las autoridades gubernamentales.

No obstante, el 30 de enero, Haaretz lanzó la primicia de que en los últimos cuatro años el gobierno israelí ha estado recopilando “la base de datos Spiegel”, relativa a los asentamientos judíos, denominada así en honor al general israelí que inició el proyecto. El diario israelí citó que el informe de Spiegel decía que en “acerca del 75 por ciento de los asentamientos, su construcción, en ocasiones a gran escala, ha sido llevada a cabo sin los permisos apropiados o en contra de los permisos expedidos. La base de datos también revela que en más del 30 % de los asentamientos la construcción extensiva de edificios e infraestructura (carreteras, escuelas, sinagogas, yeshivas e incluso estaciones de policía), ha sido llevada a cabo en tierras de propietarios privados palestinos residentes en Cisjordania.”

No hay manera de que la totalidad de la empresa colonial hubiese podido ser desarrollada desde ZERO en 1967 hasta su estado actual, de no haber habido la absoluta autorización, financiación y protección militar del gobierno israelí.

Política estadounidense contraproducente

El modus operandi de la política exterior estadounidense persiste. El supuesto proceso de paz es sostenido por Washington como ejercicio diplomático de gestión de la crisis, por un único mérito: dominar la reacción violenta de los palestinos hacia la desposesión y desplazamiento de más de sesenta años de antigüedad y hacia la ocupación israelí que lleva más de cuarenta y un años. La visión de la solución de dos estados es perseguida por la Casa Blanca más para ayudar a Israel a sobrevivir a una amenaza demográfica y vivir como un ghetto puramente judío en un océano de sociedades étnica, nacional, cultural y religiosamente plurales que coexisten en un mundo globalizado, que para resolver un conflicto centenario sobre la base del fin de la ocupación militar, de la colonización y de la expansión territorial.

En ningún lugar del mundo han sido la ley internacional y la legitimidad de Naciones Unidas más violadas y desafiadas por tanto tiempo, y en ningún lugar del mundo han sido esta violación y desafío más protegidos por Estados Unidos que en los territorios palestinos ocupados por Israel, donde Washington continúa impidiendo a la comunidad internacional la asunción de cualquier posible papel en el conflicto, y donde insiste en desarmar a las víctimas palestinas aún del lanzamiento de piedras, cuando al mismo tiempo usa profusamente dinero de los contribuyentes americanos para armar hasta los dientes la potencia de ocupación israelí con la intención de que sea inequívocamente la superpotencia militar y nuclear de la región.

La Autoridad Palestina (AP) es por lo tanto sostenida siempre y cuando se amolde a y no desbarate este contexto estratégico. Cuando se percibió que no obraba de este modo, fue atacada militarmente sin piedad dos veces, una en la operación Escudo Defensivo en 2002, y otra en la operación Plomo Fundido, seis años después. La primera fue una guerra contra la Autoridad Palestina que culminó en un cerco impuesto por Israel sobre su socio de paz, Yaser Arafat, y que acabó sólo con la muerte de éste y el consecuente cambio de curso de su régimen. La segunda guerra fracasó en su intento de cambiar el régimen de Hamas en la Franja de Gaza, y por ello es aún una misión no acabada para Israel. El ex-presidente de Estados Unidos fijó el cambio del régimen de Arafat como precondición para aceptar la visión de dos estados. También la sucesora administración de Obama señaló el cambio del actual régimen en Gaza como su prerrequisito para actuar.

Ni Clinton ni Mitchell, o de hecho su presidente o sus predecesores, han sido hasta ahora lo suficientemente afortunados para encontrar en el rico diccionario inglés, y añadir así a su bagaje de terminología retórica, las palabras claves para “ocupación” y “asentamiento”; hallazgo que sería decisivo para la construcción de la paz. De este modo no dejarían lugar a dudas de que en un futuro previsible podría ocurrírseles ideas nuevas que por un lado señalasen un avance en la política exterior estadounidense de los últimos sesenta años respecto al conflicto árabe-israelí y por otro refutasen las acusaciones árabes hacia Estados Unidos de connivencia con Israel.

La ex embajadora estadounidense para Naciones Unidas, Madeleine Albright, declaró en marzo de 1994: ” Simplemente no apoyamos la descripción de los territorios ocupados por Israel en la guerra de 1967 como territorio palestino ocupado”. Las administraciones sucesivas se han comprometido desde entonces con tal interpretación. La tendencia culminó con la carta de garantías del presidente Bush dirigida a un comatoso ex Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, en abril de 2004, y a través de la cual garantizaba el no retorno a las fronteras del 4 de junio de 1967, el no derecho a retorno de los refugiados palestinos, y además juzgaba el desmantelamiento de los asentamientos israelíes como “poco realistas” apoyando su anexión a Israel. Los territorios ocupados han devenido desde entonces tierra “disputada”. La administración de Obama aún debe probar que piensa de otro modo.

Irónicamente, el giro registrado en la política estadounidense en la concepción del territorio palestino como tierra “ocupada” a la de tierra “disputada”, cuyo destino debería ser determinado por vía de negociaciones bilaterales entre una armada -hasta- los- dientes potencia ocupante y las desarmadas víctimas civiles de tal ocupación, coincidió con el lanzamiento del proceso de paz palestino- israelí un año después de firmarse la Declaración de Principios en Washington en 1993.

La clave para entender el actual impasse, el fracaso de los acuerdos de Oslo, y el actual estancamiento del proceso de paz, así como un posible avance en la resolución del conflicto, reside en tener en cuenta este giro, cuyo resultado ha sido absolutamente contraproducente.

La ocupación militar israelí se ha convertido en un proceso de colonización hecho y derecho. La declaración del saliente Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, de la voluntad de “evacuar” 60.000 colonos de Cisjordania es sólo un cambio de frente en la estrategia política que de hecho no cambia nada del proceso en curso. Creer en la idea del que la autónoma Autoridad Palestina gobierna el 90 % de su pueblo simplemente hace el juego a una engañosa estratagema de propaganda israelí.

Sin el paraguas del supuesto “proceso de paz”, la empresa colonial israelí no podría haber prosperado hasta llegar a su estado actual. Desde que Mitchell lideró su misión de reconocimiento en 2001, más de 95.000 colonos judíos se unieron al proceso. De los más de 120 puestos de avanzada en Cisjordania, 58 fueron establecidos después de marzo de 2001. Sólo tres de ellos han sido desmantelados, aunque reconstruidos desde que el proceso de Annápolis comenzó el 27 de noviembre de 2007. Desde la “congelación del proceso de asentamientos ” acordada en Annápolis, los concursos de licitación para la construcción de asentamientos se han incrementado en 550 % en relación al año anterior, y la construcción efectiva ha aumentado un 30 por ciento, el 38 % de ella en Jerusalén. La población de colonos ha crecido sistemáticamente entre un 4-6 % por año en las últimas dos décadas “de paz”, una tasa de crecimiento mucho más alta que la del 1,5 % de la la sociedad israelí en su conjunto.

Más instructivo respecto de los efectos contraproducentes para los palestinos del así llamado proceso de paz es el hecho de que la historia de la empresa colonial israelí comenzó de plano con la firma del tratado de paz egipcio-israelí de 1979 como el primer avance hacia el cese del conflicto.

Mientras la atención mundial se ha centrado en los últimos veinte años, con mucha fanfarria, en la viabilidad de la denominada solución de dos estados y en la sostenibilidad del supuesto proceso de paz, así como en las contiendas interpalestinas e interisraelíes acerca de las coaliciones dirigentes que podrían o contribuirían a tal viabilidad, otra solución estaba siendo perseguida en tierra por la potencia de ocupación israelí, y y otro proceso estaba siendo alimentado por el auto-proclamado patrocinador de la paz en Medio Oriente, Estados Unidos, lejos de los focos de atención, para apropiarse de cualquier conclusión acertada del esfuerzo de veinte años en el que la OLP adoptó la solución de dos estados para conflicto árabe- israelí, en Argelia en 1988; y consecuentemente, para todos los motivos prácticos, preparó el terreno para el actual callejón sin salida en el escenario del centenario conflicto.

En lugar de crear un estado palestino viable en la tierra conquistada y ocupada por Israel desde 1967, un creciente miniestado autónomo ha sido establecido por los colonos judíos en más del 40% del área de Cisjordania. Allegra Pacheco, de la Oficina Humanitaria de Naciones Unidas en Territorios Palestinos dijo a la BBC el 3 de marzo que los “colonos israelíes ocupan el 60% de la tierra.”

En consecuencia, una especie de apartheid ha sido creado en la zona, financiado por los sucesivos gobiernos israelíes, protegido por el ejército ocupante y demarcado por un muro de más de 700 km de longitud construido por aquel, en lugar de propiciarse la creación de un estatus quo conducente a la coexistencia pacífica anhelada por los defensores de la solución de dos estados. Por el contrario, se está generando el clima ideal para la proliferación de movimientos judíos terroristas como reacción a los movimientos violentos de resistencia palestina, proporcionándose todos los ingredientes necesarios para un conflicto prolongado e inevitable y una confrontación violenta inexorable, que tiraría por la borda lo que sea que quede de un acuerdo político.

La prueba de Obama

El apresurado nombramiento por Obama de un enviado presidencial “completamente autorizado”, quien según se informa planea una oficina permanente en Jerusalén, así como la realización de una llamada telefónica desde la Oficina Oval al presidente palestino Mahmoud Abbas, no implican una modificación sustancial en los términos de referencia de la política vis-a-vis estadounidense; sólo crean una ilusión del “cambio” que prometió durante su campaña electoral, y ciertamente augura más de lo mismo. De hecho, tales indicadores “positivos” fueron rápidamente compensados por las declaraciones de Clinton durante su primera gira regional.

Un día antes de su visita, Washington anunció que estaba boicoteando una publicitada conferencia de Naciones Unidas (Durban II) contra el racismo porque el borrador de su documento final critica la ocupación y práctica israelíes. Israel tiene todo el derecho a defenderse, alegó Clinton, añadiendo: ” no puede permanecer de brazos cruzados mientras su territorio y su pueblo se encuentran sujetos a ataques de cohetes”. Estado Unidos “enfatiza su compromiso implacable con la seguridad de Israel”. Palestina debe comprometerse con las tres precondiciones adoptadas por el cuarteto internacional de mediadores diplomáticos. Washington continuará su política divisionista hacia Palestina prometiendo apoyar a Abbas y desconocer a Hamás, Los palestinos deben “romper el ciclo de rechazo y resistencia”. La eminente diplomática sonaba como si quisiera justificar las acusaciones árabes de conspiración americano-israelí; Por otro lado, no lograba sino evidenciar que la administración de Obama está a punto de fracasar en su desafío de cambiar su política en Medio Oriente.

Puede sonar desagradecido no mencionar los dos billones de dólares estadounidenses y europeos invertidos en la AP – Los donantes, conducidos por EE UU, prometieron más de 7.7 mil millones de dólares, en París en diciembre de 2007.Cinco billones más fueron prometidos en la conferencia internacional de donantes en la Franja de Gaza en la reunión del Mar Muerto egipcio de Sharm Al- Sheikh el 2 de marzo. La mayoría de estas inversiones fueron “arrolladas” por tanques israelíes en 2002 o “convertidas en escombros” en Gaza a comienzos de este año, o aún desviadas hacia las tramas de corrupción de los últimos años. Han sido y seguirán siendo inversiones condenadas al fracaso mientras se persista en la intención de sostener una autonomía palestina diseñada por Estados Unidos y sometida a la prolongada ocupación israelí como escenario final.

Si no hay “acuerdo político” hacia este conflicto que lleva décadas, cualquier inversión similar será “inadecuada”, dijo Abbas a los donantes en Sharm al-Sheikh. Estaba en lo cierto: es un gasto del dinero de los contribuyentes que produce una “actividad totalmente incongruente con la prospección de la emergencia de un Estado Palestino independiente y viable del cual Cisjordania, incluida Jerusalén del este, constituiría una parte; El cercenamiento de tal prospección es claramente insostenible desde nuestro punto de vista”, dijo el segundo de Abbas, el premier Salam Fayyad a Media Line el 23 de febrero.

Las inversiones sólo relevan a la fuerza de ocupación israelí de sus obligaciones bajo la égida de la ley internacional, dicen los palestinos “moderados”. Otros más críticos dicen que las donaciones estadounidenses son simplemente parte de la compensación que Washington debería pagar por su fallida política, que se ha apropiado durante demasiado tiempo de la consecución de la la paz y de un final temprano para la ocupación israelí.

En los últimos ocho años no ha habido ni “paz” ni “proceso”. El esfuerzo de última hora de la anterior administración estadounidense en la pacificación, conocido como el “proceso de Annápolis” ya ha colapsado; construir sobre su fracaso sólo garantiza más fracaso.

La pacificación efectiva parece aún penetrar la conciencia moral del puesto de mando estadounidense. La administración de Obama, a menos que tenga la intención de cambiar el curso de los hechos, le haría un gran favor a la paz y a la historia si se desligara del conflicto allanando así el camino para una participación internacional a todas luces más equilibrada, dado que basaría un acuerdo político en la legitimidad de las resoluciones de Naciones Unidas, si no en la justicia.

El momento de la verdad ha llegado no sólo para Estado Unidos, sino también para que el liderazgo palestino, independientemente de su signo, pueda aún vislumbrar un mínimo de esperanza proveniente de la Casa Blanca, aún después de ser ocupada por un líder negro. En una perspectiva histórica, este es el contexto estratégico del estado de cosas actual, el cual no es ni sostenible ni conducente a un acuerdo político, sin mencionar la viabilidad de una visión de dos estados.

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