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UNA DECISIÓN DE AMOR.


Por Dagoberto Gutiérrez.

Observador Juvenil/ABP El Salvador.

En verdad la Raquel supo, en una tarde cualquiera de un día cualquiera, que Braulio no le convenía, porque si bien era cierto que se trataba de una persona buena y muy cuidadosa no podía sin embargo llegar a ser suyo totalmente y la Raquel quería eso, precisamente eso. En una ocasión ella le dijo “la clandestinidad es el encanto de nuestros amores porque eso, es como la primavera metida en el verano y es lo que permite, además, burlar la normatividad de los conventos y sin llegar a pecar, casi se peca en el cáliz de la flor de la felicidad”, Braulio en esa ocasión sonrió de acuerdo y confirmó la opinión; pero la vida siguió su curso y las presencias de los amantes fueron siendo sacudidas y estremecidas por las ausencias y así, lentamente la mujer empezó a sentirse muy sola, esta soledad, real o aparente, era devorada cuando estaban juntos, cuando platicaban, comían juntos, paseaban juntos pero de inmediato resucitaba en el mismo instante en que Braulio doblaba la esquina y ella dejaba de verlo y el dejaba de hablarle.

Todos los días se comunicaban por teléfono y siempre que el participaba en ferias ganaderas en Norte y Sur America nunca dejo de llamarla; pero la soledad siempre asomaba su cabeza llena de serpientes, hasta que llegó el día en que Raquel decidió terminar con Braulio.

“No hay otro camino”, pensó la mujer cuando a las 9:00 de la noche de un día domingo reposaba su cabeza en una gruesa almohada de su casa de madera en el volcán de Santa Ana, “esto no puede seguir y yo debo buscar otro hombre que sea mío totalmente y no solo circunstanciadamente, no debe ser igual a Braulio y más bien debe ser diferente, pero debe ser mío”.

Al día siguiente comunicó su decisión a Braulio, cortante como cuchillo, sangrante como una herida furtiva, terminante, como la noche devora el día, así sonaron sus palabras cuando apartó al hombre de su lado, de su vida y de su corazón.

Cuando sonó el teléfono de su casa y un conocido pretendiente la invitó al mar, Raquel supo que este era su momento para navegar su vida en otra nave, con otro capitán y con otro rumbo y no vaciló en aceptar, estaba dispuesta a todo por todo, porque al fin y al cabo estaba como empezando a vivir.

Contrajo matrimonio rápidamente porque, según ella, debía reconstruir y construir todo, para dedicarse a un nuevo amor que podía llegar a hacer su amor nuevo; sin embargo el destino le preparaba una de esas trampas que lo esperan a uno, agazapadas, en los recodos de los caminos.

Al mes de su casamiento su esposo pierde el conocimiento en medio de la sala y es llevado de emergencias al hospital, el diagnostico resultó ser un cáncer terminal en el cerebro. “Perdoná que te llame a esta hora  y perdoname por llamarte, pero te necesito y sos la persona en quien mas confío”, Braulio no creía lo que estaba escuchando porque aun sentía el sabor amargo de la despedida,  que hacia apenas unos días Raquel le anunció. “Siempre estaré con tigo” respondió el hombre “en las buenas y en las malas”.

El esposo de Raquel agoniza, lenta y trabajosamente, en un hospital de San Salvador y lejos han quedado todos los sueños, amores y esperanzas que la mujer depositó en su marido; como una bruma expansiva se disipan las noches de amor y los encuentros clandestinos, previos al matrimonio, que Raquel gozó con el hombre que ahora agonizaba.

Braulio, como un amigo fiel, no la abandona en su desesperación e incluso y, de manera casual, está presente en la sala cuando el enfermo, luego de mirarlos a ambos con ojos de sorpresa dibuja en su rostro una sonrisa indescifrable y muere en un parpadeo. La viuda ya no pudo llorar, besó en la frente a su difunto marido, le acomodó la almohada que sostenía su cabeza inerte, le cubrió los pies descubiertos al final de la sabana blanca y cerró sus ojos inmensamente abiertos. Braulio miraba la escena en silencio, conmovido por el dolor de la mujer y movido por su amor, aun vivo, por ella, tomó su mano izquierda levemente y al presionarla, en señal de apoyo, supo que por razones desconocidas seguía vinculado a esa mujer.

Para Raquel el tráfago de los acontecimientos le impedía entender lo ocurrido, pero estaba segura que en todo el universo solo Braulio era el hombre cerca de ella, aunque sabía el largo tramo a recorrer para reconstruir de nuevo los puentes hacia él.

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