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LA VISITA


Por José Mario Olmedo Baratta.

Observador Juvenil/ABP El Salvador.

Personajes: Tres artistas destacados de El Salvador y el esposo italiano de una de ellas, son Salarrué, escritor y pintor, María de Baratta, pianista y ensayista,  Augusto Baratta, arquitecto, y Claudia Lars, poetisa.

Era una noche calurosa de marzo, de esas que anuncian la llegada de la Semana Santa, la María dábase vueltas de un lado a otro en su cama, inquieta por el sudor que emanaba de todos los poros de su cuerpo. Se escuchaba el agudo silbido de unas chicharras que tenían como casa el palo de aguacate del traspatio.

— ¡Mierda de calor, esto es el infierno, ay Virgen María apiádate de nosotros!

La luna reflejaba su luz a través de la ventana entreabierta y el zumbido permanente de un molesto zancudo servía de acompañamiento a la sinfonía externa de las chicharras.

— Estos calores anuncian ruina, solo falta que el cerro  nos bañe en agua hirviente…a país de mierda, hijos de puta, hijos de puta, Santa María madre de Dios…

Entre imprecaciones y oraciones , la María invocaba el sueño reparador para trasladarse a ese mundo nebuloso del descanso, ese mundo que la inspiraba en su música y que le permitía, al salir de él, sentarse en su piano a crear nuevas sinfonías que sin querer la transportaban de nuevo  a ese país de ensueños.

— ¡Uyy! ¿Quién anda allí?…¡Augusto, Augustooo! Alguién se ha metido en mi cuarto,¡Augusto!

Se escuchan unos pasos apurados y la alta figura de un hombre acomodándose un par de anteojos de aros de carey, aparece en la habitación.

— ¡Pero què pasa mujer, por que tanto escándalo!

— He visto a alguién caminando al lado de mi cama, te juro que vi un ánima por allí.

— Ay María estate en juicio, me vas a matar de un susto, buona notte.

— No, de veras,sentí que alguién estaba allí, Ay Señor, ¿Quién se habra muerto? Santo Dios, Santo Fuerte, que se haga Tu voluntad… ¿No habrán matado al bruto de mi hermano? ¡Ay Virgen María!, mierda de país, hijos de puta, hijos de puta, Augusto, te juro que vi a alguién.

Sólo las chicharras respondieron a sus ruegos y una nube ocultó el débil resplandor de la luna en su cuarto. El calor de marzo envolvía el ambiente y el zancudo zumbaba y zumbaba…De pronto, una especie de relámpago alumbró la habitación de altos techos.

— Ahora sólo falta que llueva, ¡Ojalá! Tal vez refresca.

Cerró los ojos y agarró la Camándula entre sus manos.

— Primer Misterio Doloroso… Padre Nuestro…

— María, María.

— ¿Quién es, quién es? ¿Qué pasa?

— No te asustés soy yo, tu chero del alma, Euralas Sagatara, último rey dasthálico, por otro nombre Salarrué.

— ¿Y por donde entraste?

— Estoy en un viaje astral y decidí visitarte ¡Púchica! vos si que sos especial, como sentiste mi esencia de rápido, al pobre Augusto casi lo matás de un susto.

— Ay Salarrué vos y tus temas de brujerías, andate niño antes de que se te meta un diablo.

— Nombre no te preocupés, yo soy un alma buena. Eso sólo les pasa a los que andan en malos pasos.

— ¡Santo Dios! Jamás he entendido ese espíritu eléctrico tuyo, parecés personaje de Julio Verne, a veces creo que sos el mero engendro del Zipitío.

— No me jodás y vos, la Sihuanaba en calzoneta, ja, ja María, sos todo un caso, hablando en serio María, la razón de mi visita en este estado es una, bien particular, adviértote que he venido así de forma etérea, previniendo una violenta reacción de tu parte, y así, tus manos de pianista buscando mis cachetes, no serán más que puros aleteos de colibrí nervioso y mi pobre humanidad saldrá incólume ante al ataque, tal vez bien merecido, de vos, última princesa de Cuzcatlán, princesa de Xibalbay, como te digo yo..

— ¡Al grano espíritu maligno! Dios sabe que no hay hombre bueno, si no, mirá al bambino de mi marido, confesándose con el padre Mario y coqueteando con todas las putas esas de la Orden del Santo Entierro.

— No blasfemes María, si tu marido es un santo.

— Santón querrás decir como el loco Interiano.

— Nombre que va a ser. El es un noble italiano, bueno, lo de italiano ni modo, pero es ese espíritu artístico lo que lo hace admirador de la belleza, igual a mi.

El sofocante calor de marzo parecía retroceder ante aquel diálogo extraño, la figura iluminada del poeta en viaje astral y el rojo rubicundo de la cólera de la pianista, hacían parecer la sonatina de las chicharras y el zumbido del zancudo solitario, un rotundo y preciso “Fa”, natural de nuestra tierra.

— ¿Me estás cuenteando Salvador?

— Ni los astros lo permitan María, estoy tratando desde hace ratos introducirte al tema, razón de mi visita.

— Esperate, aprovecho que te veo para manifestarte mi total desagrado por haberte puesto de parte del pendejo ese de Serafín Quiteño, diciendo que Cuzcatlán se escribe con “S”, semejante animal galáctico que sos, ¡Pendejo de ojos azules! ¿ Qué sabés vos de los Indios si ni hablar bien podés?.

— María, el hombre tiene razón, si desde que hablamos Castellano, Cuscatlán se escribe con “S”.

— Andá con tus “Cuentos de Barro” por otro lado, cuando Cuzcatlán, la indiana tierra morena, vibró con furia ante la presencia del conquistador, Atlacatl gritó con su alma Cuzcatlán con zeta y con huevos, ya me lo imagino gritando Cuscatlán con ese, “Paco el Peinador” hubiera parecido. Semejante boca aguada ese “Cachinflín” Quiteño.

— Calmate María, si sólo es cuestión de semántica.

— Semántica.. babosasdas de la masonería.

— Ya ya, está bien, cualquier día de estos escribo en el Latino y me retracto. Pero María, por favor dejame hablar, mirá que si sigo más tiempo en este estado al rato vos tenés razón y se me meten los diablos.

Augusto en la habitación contigua, escuchaba los murmullos de María, pensaba que su mujer tenía un raro concepto de la religión, quizás creía que Dios no escuchaba bien, porque ¡A la gran putana! Hasta al Colocho le gritaba. — Estas amerindias son cosa seria, pero valen la pena, están construidas, cual mármol de Carrara, para lo mejor de la procreación: “El previo proceso”.

— Bueno Sal y ¿Cuál es la jodedera de venirme a amolar el sueño?

— Este…la verdad, es que no se como empezar, puedo decirte con propiedad que el oido es nuestro sentido más perfecto puesto que es el más antiguo. Aun las cosas que vemos nos están diciendo algo al oido. Tambien nos habla la conciencia con voz interior de origen angélico y, fue a través del oido que me enamoré de nuevo.

— Salarrué Pero ¿Qué estás diciendo? Pobrecita tu mujer, a vos también se te salió lo italiano, grosero, sinverguenza. Todos los hombres son iguales. Que desconcierto más colosal causarás en tu familia. Deberías  quedarte así como estás para que no seas esclavo de tus pasiones corporales, ¡Sinverguenza!

–¿ Y qué querés que haga? Si aquella noche aquí en la sala de tu casa cuando estaba declamando la poesía que te dedicó , aquella de ” Por que soy vagabunda” , quedé hipnotizado, esos sonidos silbantes de su prosa erizaron lo profundo de mi ser.

— ¡ Y con la Claudia es el asunto! Apenas se puede creer. ¿ Es que acaso en Armenia no hay curas que digan lo que es pecado?. La Claudita, tan mosquita muerta que se ve.

— No juzgués María, ella no sabe nada, el enfermo de amor soy yo.

— Un porrazo te voy a dar.

— Por eso vine en espíritu.

— Parecés un “atabal” de esos tambores indígenas que tienen la parte superior llena de huecos, porque parece que vos no tenés cerebro.

— Si tengo pero es más grande el corazón.

— Esfúmate satanás que sólo cuentos mal hechos podés hacer, abrase visto cinismo más grande, andá confesate pero no con el cura Mario,andate hincado en toda la escalinata del Cristo Negro de Esquipulas, por algo le pusiste así a tu primera novela. ¡Condenado!

De repente una leve brisa inundó la habitación, haciendo parpadear la “veladora”  a los pies del Cristo Crucificado, creando sombras fantasmagóricas que junto con una distorsión en el cantar de las chicharras y elchasquir del zancudo achicharrado en la vela, crearon una escena surrealista que encendió la imaginación de María alucinándola con un viejo ritual indígena, “Nahualismo” y eso la hizo caer en un trance del que solo salio hasta el día siguiente, despertando con una sola idea, sentarse frente al piano y crear nuevos acordes inspirados en la zoolatría de nuestros ancestros. A medida que avanzaba en su composición se atravesaban por su mente las imágenes mágicas de hechiceros y curanderos convertidos en ranas y culebras, el dios Tamagastad, el brujo Timoteo y

…¡Ah! Ese no podía faltar , el sinverguenza de Salarrué.

tr-org-che

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