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La palabra del nuevo presidente fue ¿ética o hética?


Por Roberto Funes.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Hace ya varios años, en los primeros pasos de los acuerdos de Chapultepec, personas que recién habían salido de la media clandestinidad y la clandestinidad completa, se enfrascaron en muchas reuniones donde se discutía con relación al entrante proceso del silencio de las armas, la concepción entera del proceso revolucionario salvadoreño, la pérdida de los referentes político-ideológicos y otro sin fin de temas que mantenían entretenida a la frustración y desencanto con que se finalizó el conflicto: no haber alcanzado la plataforma mínima de cambios estructurales fundamentados en la justicia social.

En esa vez, prevaleció el cálculo político y se interpuso la denodada entrega a resquebrajar uno de los efectos del conflicto e instrumento del régimen: el militarismo. Todo lo demás quedó para después. Para la transición.

Veinte años después nos damos cuenta que no hubo ni siquiera reforma democrática. Los espacios de las libertades políticas habían sido conquistadas a fuego, sacrificio y sangre, y era lo menos que podía prevalecer durante todos estos años posteriores. Es más, tales libertades han prevalecido por imposición, por fuerza social.

Hoy nos damos cuenta que la tan afamada fortaleza institucional del Estado y el imperio del Estado de Derecho de los pasados 20 años areneros, no eran —y no siguen siendo— más que malabares de prestidigitadores.

Ahora resulta que todo era una fantasía. Aquellos radicaloides, que cada semana se adentraban en la desesperanza de cuestionar los alcances de los acuerdos y que fueron tildados de desfasados y que habían quedado burlados por el tren de la historia, porque no hallaban en la realidad el optimismo despertado por Chapultepec, tenían razón.

Algo fundamental de traer a cuenta de dichos tiempos, es que entre éstos que provenían de diversos sectores obreros, campesinos, comunales y estudiantiles entre otros, y que habían participado comprometidamente en el proceso de lucha — también de diversas maneras— se encontraba un sacerdote que lanzó un axioma incontrovertible: el problema verdadero no sólo aquí en El Salvador, sino en casi todas partes del mundo, no es ideológico ni político, sino moral y ético.

Esto, que muchos habían descubierto 17 años atrás a través de un sacerdote, ha sido el enfoque fundamental del discurso del recién investido presidente Funes. Hoy vamos a tomarle la palabra.

Hace diecisiete años, igual que en estos últimos meses desde el 15 de marzo, hubo grandes fanfarrias, vivas, hurras, fiestas, carnavales y una que otra crítica cautelosa, arisca, tímida, pero precautoria. Se preveía algo más o menos parecido a lo que podría llegar a pasar de nuevo hoy: el principal problema, el moral, el ético.

Si el nuevo presidente ha dicho “nosotros no tenemos el derecho de equivocarnos. Repito: nosotros, definitivamente, no tenemos el derecho de equivocarnos”, cómo es que ya comenzó a equivocarse, y lo peor, empezó a equivocarse moral y éticamente. Señalemos un ejemplo.
Salume continúa siendo el presidente de CEL. Pero dejemos detrás el relajo del dinero proveniente de su padre para la campaña de Funes y pretendamos creer que él es capaz para continuar en el cargo. ¿Qué va a pasar con las otras personas que están alrededor de Salume y que constituyen un antiguo clan del sector energético, enquistado por más de una década en CEL, ETESAL, UT, LAGEO e INE, por señalar algo?

¿Va a aplicar Funes su sentencia de que “aquí la personas serán reconocidas por su talento y su honestidad y no por sus conectes o su apellido”?
Funes está obligado a verificar que este mencionado clan se ha beneficiado por varios años de las prebendas del “gobierno de privilegios de familias, de abuso de clientelas y de los vicios de padrinazgos  sombríos”.

Justamente nos hemos enterado que en el sector eléctrico —excepto por el lado de SIGET, donde ha sido acertada la elección del nuevo superintendente Tomás Campos— las cosas y las personas van a seguir igual. Salume ha nombrado a Julio Valdivieso como director ejecutivo de CEL. Y junto a Valdivieso, Salume ha decidido mantener una pacotilla de seres que van a quedarse amamantándose de la “revolución ética”, donde “el bien público no puede ser confundido con el bien personal y la ética de los favores tiene que ser sustituida por la ética de la competencia sana y democrática”, anunciada por Funes pero derrotada por Salume.

¿Será esto una muestra del gobierno de “la meritocracia” del nuevo presidente, cuando Valdivieso y sus secuaces constituyen un grupo de personas ennegrecidas en su espíritu derechista y más comprometidas con los negocios y decisiones más oscuras dentro del sector eléctrico, del que han hecho un changarro?

Aportemos datos verificables. INE es una empresa subsidiaria de CEL creada para la inversión en proyectos energéticos. La inversión puede hacerla con financiamiento propio y de terceros, entre los que capta fondos provenientes de CEL, LaGeo, ETESAL, UT, Talnique y otras empresas del mercado y sistema eléctrico.

Lo interesante de esto es que se ha formado un clan dentro de las empresas señaladas, algunas de capital mixto en cuya participación el Estado —a través de CEL— es el accionista mayoritario, donde los directivos son los mismos en cada una de las otras empresas.

Por ejemplo, Julio Valdivieso, Jaime Luis Torres Alvarado, Guillermo Eduardo Nasser Segura, Irving Pabel Tóchez Maravilla, entre otros, son o han sido directivos de INE, LAGEO, ETESAL, CEL y UT. Pero no sólo ellos, casi todos los casos se repiten en igual condición de representación, de donde absorben, acumulan y se privilegian de forma exclusiva de onerosos ingresos económicos ya sea en calidad de sueldos o dietas.

Se puede comprobar que casi todas (es probable que todas) las personas que aparecen en la lista de directivos de INE, son a la vez quienes durante muchos años se han privilegiado y aprovechado de las empresas subsidiarias de CEL y el Estado, recetándose puestos y jugosos ingresos como directivos o funcionarios.

Es importante tener en cuenta que todos son también dirigentes o representantes de alto nivel de arena. El presidente de LAGEO, Napoleón Guerrero, es al mismo tiempo presidente de la ASI, directivo del ITCA y de CEPA, entre otros.

Por otro lado, Jaime Torres, actual presidente de ETESAL fue directivo de LAGEO, se mantienen en CEL, forma parte de INE y formó parte del equipo de trabajo de Rodrigo Ávila. Se cuenta entre los más nefastos y ha realizado adjudicaciones amañadas y corruptas en ETESAL y las demás instituciones indicadas.

Igual que en los tiempos de los acuerdos, esta no es una discusión ideológica —referido este término a la concepción con que se analiza e interpreta la realidad— ni político —comprendido este como la voluntad, dirección, los recursos y los tiempos en que se deben realizar las cosas— sino moral y ético.
Para que se compruebe que esta no es una afrenta ideológica y política al discurso del nuevo presidente, verifíquese lo dicho, y encontrarán además que Valdivieso es— “por mala suerte de la coincidencia”— el apoderado de los negocios Salume.

Hoy la plataforma mínima de la justicia social es moral y ética. No hética con hache, sino ética sin hache. Ojalá que nosotros no nos hallamos confundido y malentendimos el término utilizado por Funes.

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