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Catedra: El Salvador, la Victoria Electoral del FMLN Culmina una Larga Marcha por la Democracia


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Por Victor Valle.

Académico y educador salvadoreño
Residente en Costa Rica.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Explicación general

Los recientes triunfos electorales del FMLN, en El Salvador, completan un ciclo histórico que comenzó con la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992.

El triunfo de un partido de izquierda genuina, por primera vez en la historia, en una elección presidencial, es una prueba para el proceso de consolidación de la democracia  que vive El Salvador, después de una larga marcha de luchas desde los días de la independencia a principios del siglo diez y nueve.

Cuando se firmaron los Acuerdos de Paz, en el Castillo de Chapultepec, México,  uno de los firmantes, el entonces Presidente Alfredo Cristiani dijo claramente, en su discurso oficial, que los Acuerdos firmados ese día ponían fin a un conflicto armado que tenía profundas raíces  sociales, económicas y culturales. El reconocimiento era asombroso porque, por primera vez, un alto representante de la derecha le reconocía raíces internas y profundas al problema, más allá de echarle la culpa al comunismo internacional.

En los primeros años después de la independencia, a principios del Siglo XIX, y como herencia de una colonia que fomentaba la explotación de los indígenas y los campesinos, incluso bajo formas de esclavitud como la llamada “encomienda”, El Salvador inició la construcción y consolidación de un modelo oligárquico que descansaba en la exclusión social y privación de derechos para las grandes mayorías,  en la explotación económica sin prestaciones sociales para los trabajadores y en la represión a los ciudadanos cuando estos deseaban hacer valer sus derechos primordiales.

Ha habido una continuidad, desde el Siglo XIX, en la evolución de ese modelo que se expresa en los apellidos de familias que han sido muy influyentes a lo largo de más de 150 años. En 1865, bajo el Gobierno conservador del Presidente Francisco Dueñas, fue fusilado el ex-presidente General Gerardo Barrios, político liberal y modernizante. Los descendientes del Presidente Dueñas aún ahora ostentan posiciones  económicas y sociales de mucho poder. Eso mismo pasa con los descendientes del General Tomás Regalado, quien fue Presidente a principios del Siglo XX. Incluso hay descendientes de ambos Presidentes, que cruzan sus apellidos para agrupar familias de mucho poder. Hubo un Presidente, Ángel Guirola, en la segunda mitad del Siglo XIX. Sus descendientes han sido una prominente familia de terratenientes, banqueros y empresarios aún hasta los tiempos actuales.

Esos apellidos han sido asociados con las llamadas “14 familias”, figura inventada por un periodista de Estados Unidos, en el decenio de los 1960s, para significar la concentración  extrema de riqueza en muy pocas familias. Como son 14 los Departamentos territoriales del país, al periodista se le ocurrió que en cada uno de esos Departamentos había un “barón del café” que encabezaba la familia de mayor poder en ese Departamento. De ahí el slogan y mito de “los 14”, que caracteriza a un modelo de acumulación de capital basado en bajos salarios, ausencia de seguridad social para los trabajadores, renuencia a pagar impuestos, desdén por la democracia y predilección por la represión para mantener el control social. Ese es el modelo que se buscó sustituir, por la vía del diálogo democrático y de la concertación de esfuerzos para el desarrollo integral, con la firma de los Acuerdos de Paz de enero de 1992.

Los últimos 17 años en El Salvador cubren un período comenzado con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, y concluido con el triunfo electoral del FMLN en 2009. Este par de hechos históricos es precedido por otros que se encadenan para explicar y entender la nueva etapa que se abre en El Salvador, con esperanzas e incertidumbres.

Antes de los Acuerdos hubo una cruenta guerra, con raíces internas pero alimentadas por la guerra fría. La guerra fue concluida por medio de una solución política negociada y con la mediación de Naciones Unidas.

La guerra fue una acción que podría calificarse de legítima defensa. Fue una reacción popular ante un régimen represivo que excluía socialmente, reprimía políticamente, explotaba económicamente y corrompía moralmente. Dicho régimen se configuró después  de la independencia en 1821 y cobró fuerza a fines de la década de los 1880s cuando el gobierno expropió tierras comunales para entregarlas a los cultivadores  y exportadores de café que necesitaban expandirse e insertar la economía salvadoreña en el comercio mundial.

La expropiación requirió represión, control social, violencia estatal, ya sea para prevenir o reprimir protestas sociales. Y se abrió un ciclo que, coronado por la crisis mundial del capitalismo y el naciente movimiento internacional influido por la Unión Soviética, dio paso a la rebelión, y consiguiente masacre, de 1932.

Con esa masacre dio comienzo una dictadura militar que duró hasta 1979. La dictadura era colectiva y renuente a los caudillos absolutos; pero se alineaba con los Estados Unidos y recibía contribuciones de los grandes terratenientes, industriales y banqueros y las bendiciones de una iglesia católica que aún no había sido transformada por el Concilio Vaticano Segundo, convocado en 1959 por el Papa Juan XXIII.

La dictadura militar en El Salvador se debilitó por factores internos (movilización popular creciente)  y externos (revolución cubana y movimientos conexos) y no pudo controlar la rebelión organizada, revolucionaria y armada. Las primeras guerrillas izquierdistas  surgieron en 1970, acumularon experiencia y apoyo popular y recibieron apoyo internacional enorme, principalmente de los países socialistas.

La dictadura salvadoreña, entre arrogante y atolondrada, reaccionó con más represión y fraudes electorales en 1972 y 1977. Estalló la guerra interna en 1981. Esos son los hechos históricos que, encadenados, explican El Salvador actual y el momento político signado por el triunfo electoral del FMLN en enero y marzo de 2009, cuando se abre un período inédito en esa larga marcha de El Salvador por lograr y consolidar la democracia.

  1. Los cambios en la propiedad de  la tierra en los 1880s

Entre 1876 y 1885 gobernó El Salvador un médico y político que llegó a acumular mucho poder: Rafael Zaldívar. Es considerado un reformador; pero es recordado como el inspirador y el artífice de las leyes que en 1881 y 1882 abolieron y expropiaron los ejidos y las tierras comunales para entregárselos a los cultivadores y exportadores de café, que ya ha había sustituido al añil como el producto principal de la economía salvadoreña, en un proceso que insertaba crecientemente la economía del pequeño país a la economía mundial. Al indio y sus formas de poseer la tierra se les consideraba obstáculos al progreso, vale decir a la agricultura, al comercio y a la industria.

Las tierras bajo formas de propiedad comunal, decían, impedía el auge de la agricultura  y la circulación de la riqueza. Pero este despojo legal trajo descontento y protesta social. El descontento debía suprimirse y la mejor manera era crear grupos armados que mantuvieran el control social a través de la represión.

Fueron los embriones de cuerpos de seguridad que devinieron guardia rural, guardia nacional y policía de hacienda, instrumentos que jugaron un papel primordial en la permanente represión política y social hasta su desaparición en 1992. Otras medidas legales y paralelas a la extinción de las tierras comunales fueron, por ejemplo, leyes contra la llamada vagancia y la prohibición legal de que los habitantes circularan fuera de la circunscripción territorial a la cual pertenecían. Esto para garantizar que en las tierras expropiadas no escasearía la mano de obra.

  1. La masacre de 1932

Los cafetaleros acumularon capital y poder. Durante las primeras décadas del siglo XX crearon la Guardia Nacional y emitieron una llamada Ley Agraria que, entre otras cosas, daba a los terratenientes autoridad sobre los efectivos de la Guardia Nacional que prestaban tareas de mantenimiento del orden y vigilancia en las correspondientes propiedades. El control social se hizo más represivo y, en medio de una sucesiva cadena de presidentes civiles vinculados a la ya consolidada oligarquía cafetalera, surgió, en 1929, la llamada crisis mundial del capitalismo, cuyo punto de partida fue en la economía de los Estados Unidos de América.

En esa misma década había surgido un nuevo gobierno en la Unión Soviética que, a la muerte del fundador Lenin en 1924, era conducido por Josef Stalin, quien tenía planes expansionistas para disputarle zonas de influencia a las potencias capitalistas. Esa confrontación, que al final era ideológica, dio paso a mucha efervescencia social en los países centroamericanos. Activistas identificados con el Socorro Rojo Internacional –Farabundo Martí uno de ellos- comenzaron a predicar la necesidad de un cambio social revolucionario y del derrocamiento del mundo burgués. Farabundo fue estrecho colaborador, por un tiempo de los 1920s, de Augusto C. Sandino, el General de Hombres Libres.

En 1931 hubo elecciones presidenciales reputadas como libres. Arturo Araujo, un ingeniero educado en Inglaterra y simpatizante de ideas laboristas, ganó las elecciones. La apertura permitió movilización popular y los comunistas actuaron en libertad. Arturo Araujo llegó a la presidencia después de una campaña donde jugo un papel importante el pensador y periodista Alberto Masferrer, famoso por sus mensajes de honradez y dignidad a favor de los de abajo y de una propuesta del llamado Minimun Vital para todos. Pero la crisis mundial ya golpeaba al país. El gobierno civil se mostró incapaz de administrar el estado y enfrentar la crisis.

En el marco de libertades, la protesta social creció y hubo espacio para organizar una conspiración. El 2 de diciembre de 1931, un golpe de estado derrocó al Presidente Constitucional, libremente elegido, Arturo Araujo y se instaló un directorio militar que a los pocos días cedió el poder al General Maximiliano Hernández Martínez, quien había  sido el Vice presidente de Araujo y  así nació la dictadura militar que duró 48 años hasta que el último presidente autoritario General Carlos Romero fue derrocado, en 1979, por un movimiento cívico militar.

En enero de 1932 comenzó un levantamiento obrero-campesino que fue abortado y reprimido por el gobierno de Hernández Martínez. Unos 30.000 seres humanos, principalmente obreros y campesinos, fueron fusilados en unos pocos meses, cuando el país  rondaba por el millón de habitantes. En Juayúa, una pequeña ciudad del occidente del país, los alzados establecieron “un soviet de soldados, obreros y campesinos”.

El Salvador se convertía en un campo de batalla de la confrontación ideológica de la Unión Soviética con las potencias occidentales, la oligarquía salvadoreña encontraba argumentos para sus actitudes anti-populares  y los militares se aprestaban a ser protagonistas en la conducción del estado salvadoreño. Farabundo Martí, líder de la rebelión, fue fusilado el primero de febrero de 1932.

  1. La caída de la dictadura de Hernández Martínez en 1944

El General Hernández Martínez gobernó con mano de hierro durante 13 años. Introdujo algunas reformas en la administración del estado: creación del Banco Central y del Banco Hipotecario, establecimiento de un llamado organismo de Mejoramiento Social por medio del cual cedió algunas tierras para quien la trabajara, construyó carreteras asfaltadas, fortaleció a los militares y los cuerpos de seguridad pública y, sobre todo, reprimió a los opositores políticos. Más por necesidad que por afinidad, se alineó con Estados Unidos en la segunda guerra mundial.

En 1944, cuando la segunda guerra mundial llegaba a su  fin, las cuatro libertades de Roosevelt inspiraban algunos cambios y reformas y en Centroamérica se abrían espacios democráticos. Una rebelión cívico-militar, iniciada el 2 de abril de 1944, hizo tambalear a la dictadura  de Martínez. El dictador reaccionó con mucha violencia y ordenó el fusilamiento de muchos militares y civiles Martínez renunció el 9 de mayo de 1944 después de un movimiento ejemplar conocido como la huelga de brazos caídos. El país vivió la llamada aurora del dos de abril y resurgieron las esperanzas de un cambio democrático que a la postre no llegó, pero se abrieron brechas. El pueblo se demostró a sí mismo que una dictadura se podía derrocar con movilización popular.

  1. El golpe de estado de 1948.

La dictadura militar se recompuso y después de cinco meses de apertura democrática, el 20 de octubre de 1944, Director de la Policía Nacional, Coronel Osmín Aguirre, dio un golpe de estado y los militares volvieron a sus andadas represivas, organizaron elecciones fraudulentas y colocaron en la Presidencia al General Salvador Castaneda Castro, colaborador del General Martínez.

Siguió la represión sobre todo contra los trabajadores; pero el fin de la segunda guerra,  el derrocamiento del totalitarismo nazi-fascista y el florecimiento de la democracia en Guatemala, con la presidencia del educador Doctor Juan José Arévalo, dieron paso a otro golpe de estado, el cual se dio el 14 de diciembre de 1948 y , al principio, se le consideró como un movimiento progresista. Al movimiento cívico-militar que se instaló como resultado del golpe de estado se le llamó la Revolución del 48.

Hubo algunos cambios positivos. Se aprobó una nueva Constitución en 1950, se permitió la sindicalización, se reconoció la autonomía de la universidad estatal, se construyeron  casas de bajo costo para sectores medios y populares, se estableció el Seguro Social y se invirtió en infraestructura. El precio internacional del café estaba alto y había dineros en las arcas del estado; pero el modelo económico no cambiaba y la dictadura militar se fortaleció y tomó partido en la guerra fría en contra de los que, al oponerse al régimen autoritario, eran calificados de comunistas.

  1. El golpe de estado de octubre de 1960

La dictadura continuaba. En 1956 hubo elecciones para la Presidencia. Ganó el Teniente Coronel Lemus. Fue impuesto por su antecesor, Teniente Coronel Oscar Osorio, y comenzó con algunas aperturas. Derogó una ley represiva llamada de Orden Democrático, permitió el retorno de  de exiliados políticos. Había tomado posesión el 14 de septiembre y pocos días después Rigoberto López Pérez hirió de muerte al General Anastasio Somoza García en Nicaragua. El gobierno de Lemus no reprimió celebraciones populares por la muerte de Somoza, ni persiguió a los ciudadanos de Nicaragua anti-somocista.

En enero de 1959 caía Batista en Cuba y se iniciaba la revolución cubana. El presidente Lemus fue invitado a Estados Unidos ese mismo año y en 1960 comenzó una represión contra estudiantes universitarios y obreros sindicalistas que ya mostraban simpatías por la revolución cubana. Entre agosto y octubre de 1960 hubo mucha represión, la cual provocó un movimiento cívico militar que derrocó a Lemus el 26 de octubre de 1960 e instaló una Junta de Gobierno Cívico Militar que incluía tres civiles jóvenes, vinculados a los movimientos universitarios, y tres militares.

Se abría un paréntesis democratizador que duró tres meses, pero en enero de 1961 retornaba la dictadura militar ahora con renovados bríos anticomunistas pues, entre otras cosas, le criticó a la Junta de Gobierno no haber roto relaciones con el Gobierno revolucionario de Fidel Castro, que a esas alturas ya era la oveja negra del sistema interamericano.

  1. La guerra contra Honduras en 1969

La dictadura militar continuaba cada vez más anti-comunista, más represiva en contra de los sectores populares y opositores al gobierno, cada vez más  alineada en la guerra fría del lado del gobierno de los Estados Unidos. Pero en 1964 el gobierno militar del Teniente Coronel Julio Rivera, inspirado por las aperturas de la Alianza para el Progreso, introdujo el concepto de representación proporcional en la Asamblea Legislativa, lo cual llevó en 1964  a unos diputados moderadamente opositores, principalmente demócratas cristianos, al Congreso y abrió posibilidades para que la izquierda propusiera, en 1967, un candidato a la Presidencia –el Doctor Fabio Castillo Figueroa- quien hizo una campaña pionera  y educadora; pero con represión y fraude, se impuso el candidato oficial, el Coronel Fidel Sánchez Hernández

Sánchez Hernández, a los dos años de su mandato, dirigió al país a una guerra de cien horas contra Honduras que revolvió a la sociedad salvadoreña en una aventura bélica de consecuencias sociales y políticas: las retornados de Honduras presionaron por empleo y acceso a la tierra, los salvadoreños se familiarizaron con  las soluciones militares para problemas políticos y la izquierda revolucionaria salvadoreña se escindió, pues el Secretario General del Partido Comunista –Salvador Cayetano Carpio- renunció y salió a fundar en abril de 1970 las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí”, la primera organización político-militar y guerrillera de la izquierda salvadoreña y que jugaría un papel importante en la fundación del FMLN.

  1. El golpe de estado de 1979

La dictadura siguió, la oposición política creció en tamaño y mejoró su organización, la actividad guerrillera izquierdista aumentó y la dictadura militar tuvo que perpetrar dos ostensibles fraudes electorales, en 1972 y 1977, para impedir que una coalición de social-demócratas, demócrata -cristianos y comunistas ganara las elecciones presidenciales. Carter llegó al Gobierno de los Estados Unidos, estalló la insurrección Sandinista,  los fraudes electorales en El Salvador desencantaron  a muchos y la represión militar se hizo más brutal. El movimiento popular se hizo fuerte y se radicalizó. Los electoreros se lanzaban a los basureros, como decían algunas  consignas, y las guerrillas izquierdistas   se hicieron  populares  y sus acciones aumentaron.

Un movimiento cívico-militar reformista, apoyado tácitamente por el Gobierno de Estados Unidos, que buscaba evitar una insurrección y un triunfo izquierdista tipo sandinista, derrocó el 15 de octubre de 1979 al gobierno del General Carlos Humberto Romero e instaló una Junta Revolucionaria de Gobierno Cívico-Militar. Fue el fin de la dictadura militar y la antesala de la rebelión que dio paso a la guerra civil.

  1. La guerra interna 1980-1992

La Junta de octubre y las que le siguieron fueron incapaces de impedir la rebelión y la lucha guerrillera. Un pacto de los militares con el Partido Demócrata Cristiano, en enero de 1980, da paso a un proyecto contra-insurgente apoyado por el Gobierno de los Estados Unidos, primero de Carter y después  de Ronald Reagan y Bush padre.

La sociedad salvadoreña se dividió: los militares organizaron una campaña militar contrainsurgente,  los políticos introdujeron algunas reformas “teñidas con sangre”, como las calificó el Arzobispo Mártir Monseñor Romero (reforma bancaria, comercial ), y el gobierno de los Estados Unidos, sobre todo el de Reagan, buscaba una solución militar para derrotar una guerrilla que era apoyada por el campo socialista y movilizaba la conciencia popular para cambios revolucionarios en la sociedad y la política de El Salvador.

Sin duda alguna, la revolución sandinista sirvió de inspiración a la lucha de los salvadoreños por derrotar la dictadura y establecer un régimen político nuevo. Los dirigentes de esa revolución sandinista pura y con gran respaldo internacional apoyaron plenamente las luchas de los salvadoreños, principalmente de los combatientes del FMLN en la década de los 1980s.

En 1989 el proyecto militar-demócrata cristiano  fue derrotado y la derecha tradicional tomó de nuevo y directamente el control del gobierno. El empresario Alfredo Cristiani ganó las elecciones. El FMLN, que había guerreado contra la derecha desde 1980 e intentado varias veces abrir negociaciones directas con Estados Unidos y la derecha política de El Salvador, lanzó en noviembre de 1989 una ofensiva militar que mostró un empate político-militar.

En un contexto internacional de desmantelamiento de la guerra fría, sobre todo impulsado por Gorbachov y Bush primero, de agotamiento de la sociedad salvadoreña y con el explícito mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se entraba en un período propenso para negociar políticamente el fin del conflicto militar interno de El Salvador.

Así como en1988 hubo, en Nicaragua, un Acuerdo de Sapoa, consecuencia del proceso iniciado por el Grupo de Contadora y del Acuerdo de Esquipulas II, en el proceso salvadoreño se dio, en abril de 1990, el Acuerdo de Ginebra, cuando el Gobierno de El Salvador y el FMLN, con la mediación del Secretario General de las Naciones Unidas, decidieron negociar para ponerle fin al conflicto armado, democratizar al país, construir institucionalidad para proteger los derechos humanos y unificar a la sociedad salvadoreña.

  1. Los Acuerdos de Paz de 1992

La negociación duró de abril de 1990 a diciembre de 1991. Fueron 21 meses de trabajo intenso entre las delegaciones del gobierno y del FMLN. La mediación de Naciones Unidas fue vital. Cuatro gobiernos que se llamaron amigos del Secretario General prestaron todo su apoyo y en algunos momentos presionaron a  alguna de las partes: Venezuela, Colombia, México y España. El gobierno de Estados Unidos se sumó cuando llegó al poder George Bush en 1989 y más de lleno en septiembre de 1991

Al comienzo de la negociación se tomó un acuerdo fundamental en materia de derechos humanos, el cual permitió enviar una misión especial, llamada ONUSAL, al terreno para montar una estructura de supervisión. ONUSAL fue una avanzada mientras se llegaba al final de la negociación y se firmaban los acuerdos de paz.

Antes de la firma de los acuerdos de paz se creó la Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz, integrada por los líderes de los partidos políticos con representación en la Asamblea y representantes del gobierno, incluido un jefe militar, y comandantes de la dirigencia del FMLN.

Cuando el 16 de enero se firmaron los Acuerdos de Paz en México se creyó que “la larga noche había terminado” y que por primera vez se iniciaba “una revolución por la negociación”, al decir del Secretario-General de Naciones Unidas. Efectivamente el país entraba a un período histórico de muchos cambios y renació la esperanza de lograr acuerdos fundamentales para mejorar las condiciones de vida de los salvadoreños.

Las elecciones generales de 1994, las primeras después de los Acuerdos de Paz, hicieron que la política se agitara y se moviera el centro de atención más a ganar las elecciones que a cumplir fielmente los Acuerdos de Paz.

El país se abrió a la forma democrática de hacer política, las raíces del conflicto no se abordaron con seriedad y eficacia, la violencia social se apoderó de la vida nacional y la gran tarea de la concertación socio-económica se descarriló y la agenda de los cambios sociales a favor de las mayorías quedó pendiente.

  1. La victoria electoral del FMLN en 2009.

El FMLN fue, durante el conflicto armado, una coalición multicolor de izquierda. La lucha contra la dictatura incluyó a muchos sectores políticos. Podría decirse que en El Salvador es la izquierda la pionera en la práctica del pluralismo político. Esa pluralidad política de la izquierda insurgente hizo posible un amplio apoyo internacional. Para enfrentar la política derechista de Reagan era necesario el apoyo de Willy Brandt, Francois Mitterrand, Olof Palme, Felipe González,  Carlos Andrés Pérez, Carlos Salinas de Gortari, Edward Kennedy, Fidel Castro, Mario Soares, para citar algunos líderes que cubren un amplio espectro de la política mundial.

Cuando se firmaron los Acuerdos de Paz la pluralidad integrada y armónica del FMLN comenzó a agrietarse. Hubo varias escisiones y disidencias; pero el apoyo popular a lo que representaba en el FMLN en la historia continuaba casi inalterado.

Desde 1994 el FMLN comenzó a ganar posiciones para acceder al poder político de manera creciente. Ganaba cada vez más diputados en la Asamblea Legislativa y en el PARLACEN y gobiernos municipales de ciudades importantes.

Solo quedaba pendiente la Presidencia de la República y esa la ganó el 15 de marzo de 2009. El país entra a otro ciclo,  el de cambios profundos que requerirán mucho talento político. Seguramente, cuando se estudie la historia de El Salvador el próximo siglo se dirá que en los 20 años transcurridos entre la ofensiva general del FMLN en noviembre de 1989 y el triunfo electoral de 2009, el país entró al período de los cambios más profundos en toda su historia. Y este punto de inflexión en la trayectoria del país debe suceder en armonía con los otros países del istmo centroamericano, si es que se busca construir sociedades desarrolladas, de convivencia democrática y pacífica. El triunfo electoral del FMLN, en enero y marzo de 2009, es un punto culminante de una larga marcha por la democracia en El Salvador. La lucha continúa para profundizar la democracia y darle a El Salvador una sociedad justa, solidaria, educada y armoniosa.

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  1. Mauricio
    agosto 7, 2010 en 4:20 pm

    Excelente artículo, es muy importante para todos el conocer la verdadera historia de nuestro país y hacer conciencia del rumbo que llevamos o que nos imponen intereses mesquinos.La cultura del miedo, y como instrumento la violencia, ha sido lo que nos ha caracterizado a este país desde aquellas primeras décadas,La falta de un proyecto de nación y de protección social para los sectores más vulnerables es una deuda histórica permanente y es precisamente ahora cuando los actores involucrados en la misma, y ya quela coyuntura politica lo permite el hacernos participantes de algo nuevo en aras de llevar a nuestro país a la verdadera victoria de un pueblo sufrido, golpeado y masacrado en todos los aspectos…

    Felicitaciones!!!!

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