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Carta Al Compañero Caído: Gustavo Marcelo Rivera


Patira Exacta

Marcelo,

No se equivocaron tus padres al darte tan significativo nombre, diminutivo de Marcos y raíz latina que invoca martillo.

Y es que, eso fuiste para nosotros, nuestro pequeño Marcos en San Isidro Cabañas, que al igual que el otro Marcos de Chiapas, enseño a los indígenas a exigir sus derechos, tú nos enseñaste a leer y ser valientes; pues una de tus primeras acciones revolucionarias consistió en pedir libros regalados y ponerlos a disposición de todos y todas; aquellos libros, que aún permanecen en los estantes de lo que hoy es la Casa de la Cultura y estas calles que vieron a aquel joven afanoso, son y serán fieles testigos de tu determinación y amor humanitario.

Pero tú, nuestro amigo Marcelo, no solo te relacionaste con los que te amamos, pues en tu crecer de joven a hombre revolucionario, y por tu necia pero admirable sed de justicia, aparecieron tus adversarios, quienes por ese solo hecho, son y serán siempre nuestros enemigos irreconciliables, con ellos fuiste duro como el martillo, les golpeaste fuerte y sin tapujos una y otra vez… sin doble moral pero con el arma más poderosa que ha inventado el ser humano… las ideas, tus ideas.

Esas tus ideas, que pronto maduraron en ideales, son las que nos tienen aquí, frente a ti, ante ti y contigo, pues así como nunca nos dejaste solos, nosotros no te dejaremos solo.

Ve mi amigo, ve a reencontrarte con ese Dios, con nuestro Dios de Pueblo Pobre, ve que allá están Romero y Martí; pero ve satisfecho, pues lo que has dejado, no puede confinarse en una casa, pues los ideales justos no pueden jamás encerrarse por más grande que sea la cárcel, ellos se quedan cual legado más hermoso para este tu pueblo salvadoreño.

Aquí se queda tu San Isidro, tu Titihuapa, con sus cerros liberados de la mina, aquí seguimos tu camino y defenderemos con orgullo nuestra herencia, para que mañana, cuando encontremos un niño leyendo reposadamente bajo la sombra de un árbol, advirtamos que es tu rostro, tu vivo rosto.

No hemos venido a despedirte, sino a no dejarte ir, a no dejarte ir de nuestra mente y corazones, pues los pasillos del olvido no se hicieron para ti… pues los hombres y mujeres  como tú, nunca mueren, resucitan cual milagro más vivo de nuestra fe revolucionaria, en cada uno de nosotros.

Abracémonos pues, que solo juntos seremos Marcelo.

Movimiento Patria Exacta.

San Isidro, Cabañas, once de julio de 2009.

Creative Commons License Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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Categorías:Comunicados, Solidaridad
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