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La Mayor de las Violencias: La Del Mercado


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Observador Juvenil/Kaos en la Red.

logorr_peqDía a día, hora tras hora; las televisoras, prensa escrita y radios no cansan de presentarnos en sus titulares, un escenario caótico: crisis-violencia, violencia y crisis. Pero no solo eso, cada noticia de estas sale escurriendo sangre y saña, por un lado, y pesimismo y desesperanza por otro.

Los números van en aumento, un día dicen doce, otro trece y hasta dieciséis muertos. La PNC ha registrado 186 muertos en las primeras dos semanas de julio. ¿Pero quiénes son los muertos? No son otros que panaderos, zapateros, vendedores/as del mercado; todos ellos pobres.

¿Y si los pobres son las víctimas de la violencia, quiénes son los victimarios?

La violencia aparece relacionada con el problema de la distribución de la riqueza, donde pocos tienen mucho y muchos tienen poco, y con el problema de las oportunidades de la vida en esta sociedad. No hay nada más violento que la mayoría de la población viva bajo el umbral de la pobreza, no hay nada más violento que ochocientos salvadoreños se vean obligados a salir del país diariamente por la ausencia de oportunidades, no hay nada más violento que la falta de trabajo en una sociedad y nada más violento que el hambre. De todo esto está plagada la sociedad nuestra.

Lo anterior plantea entonces que la violencia no es únicamente social, sino sobre todo política, en tanto que expresa la confrontación entre los ricos y los pobres y la confrontación entre la pobreza y la riqueza. Y es precisamente esto, lo que con un baño de sangre tratan de esconder los medios de desinformación. Quieren esconder que la economía es el escenario de mayor violencia y sus ricos los más violentos, que esta ha sido hasta ahora la economía de los de arriba y no la de los de abajo y atribuyen la violencia a la pobreza. Para estos, los banqueros, los industriales, los grandes comerciantes son los dueños de la paz, dueños de la ley, de la justicia, de la moralidad, de lo debido y dueños del bien común. Los pobres en cambio aparecen desprovistos de todo esto, los pobres aparecen únicamente como dueños de su pobreza y de la violencia.

Ocultan que lo alarmante del fenómeno de la violencia sangrienta tiene relación directa con la profundidad de la aplicación las políticas neoliberales en este país. No es casual que El Salvador tenga lo más altos índices de violencia y que sea también el país donde las políticas neoliberales se aplicaron con mayor brutalidad. Es este modelo económico, que hace del mercado y de las ganancias su centro, el que está construyendo una sociedad casi salvaje, en donde la familia, la solidaridad, el bienestar son sometidos a lo que predica el neoliberalismo: consumo y más consumo.

Entonces como el victimario no es visible, poco importa que solo en el primer semestre de este año hayan ocurrido 2,138 homicidios. Peor aún, da igual que los periódicos digan que son tres mil, cinco mil o más, si parece que las cifras no nos conmueven. Esto tiene un propósito político que consiste en que si la violencia es el pan de cada día, es finalmente aceptada como un hecho natural, como respirar o tomar agua. Si esto ocurre se presenta un efecto perverso, se desarrolla en el ser humano lo que se llama Anomia; la anomia consiste en el cese de las capacidades de acción y reacción que toda sociedad necesita para defenderse con organización, de oponerse, de apelar a la ley. Si esta no reacciona, es finalmente derrotada y subyugada. Esto es lo que ocurre en El Salvador, hemos aceptado la violencia como un hecho natural y no como lo que es, un hecho político, perdiendo toda capacidad de reacción, de respuesta política.

El gobierno por su parte sigue creyendo que la solución a este problema está en la policía. Esto no tiene una salida policial, ocurre que la policía no tiene que ver con la seguridad, la policía tiene que ver con la seguridad pública, que es otro concepto. La seguridad pública es el orden policial, pero la seguridad cuya ausencia genera la violencia es responsabilidad toda del Estado. La seguridad que es el antídoto de la violencia, tiene que ver con la salud, con el trabajo, con la vivienda, con la paz, con la educación, esa es la seguridad. Así pues, mientras la seguridad sea una cosa ausente en la vida de nuestro país, se estará produciendo a borbollones la violencia.

El gobierno necesita en este caso la mayor de las inteligencias políticas sin perder ni un minuto ni un segundo. Debe rechazar un manejo tradicional del tema, establecer una novedosa política criminal. Al parecer, está pendiente todavía en la cabeza del gobierno entender suficientemente esto o si lo han entendido todavía está pendiente que lo expliciten.

El pueblo por su parte, no debe continuar en esta anomia, porque lo que está en primera línea hoy frente al fenómeno de la violencia es la vida de los seres humanos y la vida de los más pobres. En cambio, sabiendo que el neoliberalismo ha construido esta sociedad violenta, debe luchar incansablemente por desmontar este modelo como única forma de desmontar la violencia. Si no se reconoce que hay que cambiar el poder económico, la superestructura cultural, política, social de este modelo económico naufragaremos en el combate a este fenómeno que está abatiendo a la sociedad. Se trata pues de volver a la familia, volver a la sociedad; de la insolidaridad propia del neoliberalismo, construir una sociedad solidaria donde la vida humana valga lo que debe valer, o sea, que ningún bien material puede estar por encima de la vida de las personas.

kaos el salvador

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Categorías:Articulo Especial, Opinion
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