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Consternación por el asesinato de un Gran Salvadoreño, Christian Poveda.


CPoveda

La muerte, ¿dónde está la muerte?, ¿dónde su victoria?…

Por Carlos Borja.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.


La más profunda tristeza me invade, pesa en mi alma esta madrugada, no puedo evitarlo. Hace tan solo unas horas asesinaron en las inmediaciones del municipio de Soyapango a Christian Gregorio Poveda Ruiz, un argelino de nacimiento, español de origen, francés naturalizado y, desde hace muchos años, salvadoreño de corazón y por compromiso; productor y director de uno de los documentales cinematográficos esenciales, más claros y reveladores sobre las maras salvadoreñas: La Vida Loca, el cual se acreditó varios premios internacionales en México y Europa.

Descendiente de una familia republicana española que escapando la barbarie del fascismo de Franco se radicó en Argelia y posteriormente en Francia, Christian Poveda fue desde juventud un hombre comprometido con las causas libertarias de Europa, América y el tercer mundo, siendo corresponsal de guerra en El salvador para la revista Nesweek. El sufrimiento y el épico espíritu de lucha de nuestro pueblo, de nuestra esmeralda, motivaron a Christian enamorarse y comprometerse con nuestros laberintos y nuestros retos. Recuerdo a Christian por medio de Facebook, donde discutimos los orígenes y las dinámicas de la violencia pandilleril en El salvador.

Este no es momento para especulaciones vulgares o viscerales sobre las motivaciones específicas que condujeron al asesinato de Christian Poveda. Pero, sí es clave señalar que el salvajismo del asesinato de Christian Poveda hace unas horas, y a 17 años de concluida la guerra civil en El Salvador ocurre dentro del contexto de una herencia de barbarie, fruto de décadas y décadas de una injusticia social ciega que ha cultivado una juventud privada de parques, formas sanas de esparcimiento, desarrollo intelectual, y formada dentro de la marginalización, una juventud chovinista y nihilista, que es presa fácil y carne de cañón de la delincuencia y el pandillerismo transnacional, ante la tradicional parsimoniosa negligencia del estado.

El pasado 15 de marzo —pero ya desde antes—, durante la campaña política que condujo a la presidencia al compañero Mauricio Funes, y muy a pesar de un desesperado plan de fraude electoral por parte de ARENA, el pueblo salvadoreño se decidió por el cambio. Como toda formulación política, esta aspiración estuvo y está constituida por un elemento conceptual y un elemento material, efectivo. El engranaje de estos dos componentes, principalmente durante momentos políticos de revolución o de cambio obedece a procesos muy complejos y que se activan a diferentes velocidades en diferentes momentos. El asesinato de Christian Poveda marca otro momento más de para la reflexión sobre nuestro actual laberinto de violencia y el futuro del ser salvadoreño.

Para la sociedad salvadoreña en su conjunto, el asesinato de Christian Poveda nos debe motivar a reflexionar sobre la importancia crítica para la proyección e introducción de una cultura donde predomine el valor de la solidaridad y no la lucha inescrupulosa por los intereses individuales. Para el estamento político en general, este último hecho infame de violencia le debe servir para constituir la solidaridad como el eje moral —y compromiso— de su diario quehacer. Para las y los revolucionarios, es decir, quienes trabajan por las transformaciones sociales, la trágica partida de Christian Poveda —victoriosa en su moral y su compromiso—nos debe servir para entender que las necesidades y dinámicas concretas de la sociedad salvadoreña hoy son diferentes que las de hace 30 o 50 años, y que por ende, nuevas formas de concientización y lucha revolucionaria son hoy necesarias, sin dejar jamás nuestro compromiso existencial con la justicia social y los sectores sociales más marginados y desprotegidos. Para el sistema judicial salvadoreño y la policía nacional civil su deber histórico se plantea en cuanto a esclarecer de manera científica, efectiva, y siguiendo el debido proceso, a fin de que este crimen como tantos otros miles, se resuelva llevando a la justicia no solo los autores materiales, sino sobre todo los autores intelectuales de este atroz crimen; y hacer de esa efectividad procesal y científica el estandarte de su institucionalidad. Para el gobierno del compañero Mauricio Funes, el reto es emular la valentía de Christian Poveda, siguiendo su compromiso con la compleja realidad salvadoreña de hoy, siempre con una orientación preferencial por las pobres y por los pobres, buscando indagar y resolver las enmarañadas dinámicas de la violencia social y criminal, así como la injusticia social que hoy nos hiere y nos marca de una manera transnacional, tanto en lo político y lo económico como en lo social y cultural. Es lo menos que le debemos a Christian y Monseñor Romero, y decenas de miles de salvadoreñas y salvadoreños más.

Que en la distancia, desde el otro lado de nuestra locura sistémica brille tu luz, tu vida, Christian Poveda.

kaos el salvador

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