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El Fundamentalismo.


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Por Jose Mario Olmedo Baratta.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Los actuales grupos religiosos que se adaptan a la definición de ser fundamentalistas son aquellos que ponen antes de cualquier cosa el libro básico de sus creencias ante todo, llámese este Biblia, Talmud o Corán, siendo para ellos lo que dice allí la única verdad que existe y por lo tanto se someten a la autoridad que creen emana divinamente de esas letras.

Contrariamente a lo que suponemos, el fundamentalismo fue acuñado como filosofía dentro del mundo occidental, fue la Iglesia Presbiteriana a principios del siglo XX en los USA, quien enunció los cinco fundamentos de la fe cristiana a los cuales se adhirieron muchas sectas evangélicas y algunos sectores conservadores de la iglesia católica.

Para cualquier ser inteligente contemporáneo resulta difícil de aceptar posiciones extremas en algunos dirigentes religiosos que se oponen a la teoría de la evolución de las especies, a la inteligente protección del medio ambiente, al divorcio, al uso de métodos anticonceptivos y preventivos de enfermedades como el SIDA, que creen firmemente en Adán y Eva y que cualquier intento de modernización del pensamiento se vuelve para ellos en herético y demoníaco.

Las tres religiones de origen “abrahámico” y el hinduismo presentan a su interior a grupos o sectas que profesan la ciega fe que produce el fundamentalismo y atacan a cualquier secularidad de su entorno. Independientemente de la religión los afectados de este virus son personas “milenaristas” que pasan denunciando el fin de todo y que quieren que vivamos con cánones del pasado. Anulan el propio pensamiento de sus fieles obligándolos a pensar como ellos en todos los aspectos de vida.

Otra característica de estas personas es que creen que sus respectivas religiones son superiores a las de los demás, son enemigos del pluralismo ideológico y de cualquier disidencia a sus fundamentos, por esa supuesta superioridad es que se sienten  obligados a combatir el mal aun con el uso de la fuerza y la violencia.

Ese sentimiento de superioridad ya lo sintió fuertemente la sociedad contemporánea, el fundamentalismo derribó a las Torres Gemelas y se incrustó en el corazón del Pentágono, lugar insignia del más alto poder militar en el mundo. El real fundamentalismo transciende lo religioso y llega a lo político por el afán mesiánico de sus dirigentes a gobernar todo y a todos revistiéndose con un manto de “santidad” y de “divinidad”. Ese es un afán letal para las democracias occidentales y para países sometidos a regímenes de carácter teocrático en el Oriente, es una amenaza generalizada para toda la humanidad, a cada instante se vuelve cruda realidad cuando gobernantes de carácter dictatorial hacen uso de la religión para sus fines políticos encontrando a sus más fieles defensores en estas sectas fundamentalistas.

La juventud es el principal objetivo para sembrar estas radicales ideas religiosas, desde temprana edad son aleccionados en una prédica de temor y de infiernos, y son persuadidos a integrarse a disciplinas diseñadas a perpetuar este pensamiento anulándoles la posibilidad de desarrollarse en otras áreas. Los hacen creer que el mundo no tiene sentido al margen de las mitologías que les imponen y desgraciadamente lo logran en muchos casos. Ejemplos sobran, jóvenes tapizados de dinamita que se hacen explotar en medio de otros seres humanos en el sagrado nombre de la fe. Jóvenes que abandonan sus carreras para volverse anacoretas contempladores inertes de un dios castigador, jóvenes temerosos de todo, envejecidos por las fanáticas prédicas de los “enviados” divinos.

No me canso de repetir que son los jóvenes los que deben de  enarbolar la antorcha de la libertad, los que deben de proteger este medio ambiente que aceleradamente se está deteriorando, los que deben de prepararse en la ciencia y en la tecnología como algo imperativo para garantizar la sobrevivencia de este privilegiado planeta, no serán los dioses castigadores los que nos salven de una tragedia ecológica global, seremos nosotros con nuestros conocimientos y nuestra sapiencia, jamás con mitos absurdos creados por trasnochados ignorantes y fanáticos.

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Categorías:Opinion
  1. septiembre 5, 2009 en 2:26 pm

    Yo soy una chica de Finlandia y ya no puedo decir que Dios es una mentira. La religion trata de destruir las vidas de todo el mundo, pero Jesús vino para darnos la vida eterna. No es en el futuro, es hoy, ahora. Su amor es tan real para mí y para todos que confian en Él. No es religion, es una relación muy íntima.

    Y además, lo que cambia una vida del hombre para siempre es cuando el poder de Dios le toca a él. La religion no puede cambiar los corazones, sólo Dios es capaz de hacer esto.

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