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Religión, cultura y juventud


DSCN2236Por Dagoberto Gutierrez.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Si naturaleza es todo aquello no producido por el ser humano, cultura puede ser entendido como todo aquello que el ser humano produce para afrontar las condiciones de su habitad.

El ser humano al no ser producido por el mismo ser humano, por lo menos no totalmente, puede ser visto como un producto natural, pero al mismo tiempo, como un animal condenado a producir cultura.

A diferencia de los otros animales, nuestra especie es asaltada por la realidad en condiciones de total vulnerabilidad y requiere, además de la maternidad, como los otros animales de cuidados maternales prolongados para empezar a afrontar, enfrentar o confrontar a su azarosa realidad.

En la relación entre naturaleza y ser humano se ha jugado el futuro de todas las civilizaciones porque no siempre o casi nunca, la noción Bio-mimética o de aprendizaje de la naturaleza ha predominado sobre la consabida conducta depredadora que ha caracterizado y caracteriza a la mayoría de civilizaciónes conocidas.

El fenómeno de la religión como fenómeno social objetivo nace, precisamente, en el entramado intenso en que se encontró el ser humano indefenso ante una naturaleza misteriosa, poderosa y devastadora. La inteligencia humana se vio precisada a producir  una cultura religiosa, donde los dioses funcionaron como intermediarios válidos con los poderes indescifrables del clima, las estaciones, la temperatura, los fenómenos siderales, el bosque y los otros animales.

Es pues la religión, un elemento intenso de la producción cultural de toda sociedad humana y nace en los momentos en que fue necesaria por las condiciones objetivas y por las posibles condiciones subjetivas. Más allá de los matices de los ritos, las religiones guardan elementos comunes y universales y los grandes sistemas religiosos son, al mismo tiempo, cosmovisiones que proponen una manera sistémica de ver y entender el universo.

Si estamos hablando de elementos culturales, no resulta difícil entender el poder convocante que tienen las religiones ni los nexos múltiples que las vinculan a la política, a lo político y al poder.

El poder de Dios va casi siempre mas allá y significa invariablemente bastante mas que el poder del Dios mismo; pero ese centro poderoso, provoca y convoca a los seres humanos porque se entiende que ese es un poder confiable, leal, permanente, incapaz de dobleces y sobre todo el mas poderoso de los mas poderosos y si además resulta ser el mas justo tenemos aquí una atracción, también poderosa, para los jóvenes, muchachos y muchachas de la sociedad.

Ser joven resulta ser una etapa de la vida, temporal como la vida misma, pasajera como el tiempo y las horas, intensa como los minutos decisivos; pero la juventud es, a diferencia del joven, una actitud ante la vida. Es aquella que asume la vida como compromiso, que busca en ella la realización de los mejores valores humanos, es la actitud del optimismo realista y de la esperanza con fé, es la posibilidad de construir un nuevo mundo donde quepamos todos con una vida integral.

Presentadas así  las cosas hemos de afirmar que no todos los jóvenes gozan de juventud y que esta puede ser encontrada en personas, hombres y mujeres que no son precisamente jóvenes de acuerdo a sus años de vida, pero si de acuerdo a su edad.

La juventud puede encontrar en ciertos valores de ciertas religiones, en ciertas épocas y en ciertos lugares fuentes de inspiración para ser jóvenes  y al mismo tiempo gozar de juventud.

Los jóvenes de El Salvador tienen en Monseñor Romero, en su pensamiento  y en su acción, en su vida y en su muerte; suficiente e inagotable estímulo para aprender a hacer de la vida un ejercicio hermoso de compromiso vital y para hacer del compromiso una vida plena e integral, al mismo tiempo, los héroes y mártires, cristianos, católicos y protestantes que en nuestro país han sembrado las espigas renacientes de la esperanza también refrescan los arroyuelos por donde millones de jóvenes caminan.

Así mismo, America Latina ha parido mucha fé y vocación religiosa liberadora, por ello el matrimonio entre religión, liberación y juventud es bien avenido.

El opio del pueblo no está contenido totalmente en la religión, son los cristianos y cristianas, que se parecen a cristo, los que hacen posible que la liberación y la fé cristiana se encuentren y se necesiten.

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