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Dagoberto Gutierrez: “Yo no conozco acuerdos entre pueblo y gobierno”


DAGOBERTO GUTIERREZ-01

Por Luis Laínes.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

En estos 100 días, a Mauricio Funes le ha hecho falta comunicarse, opina Dagoberto Gutiérrez. No se trata de hablar frente a micrófonos, sino “hablar frente a la gente”.

Una vez, Salvador Sánchez Cerén describió así a Dagoberto Gutiérrez: “Él está más a la izquierda que Schafik y yo juntos”.

En silencio, en 1996 se llevó a la Tendencia Revolucionaria (TR) fuera del FMLN. Ahora es una voz crítica de la izquierda e incluso presenta, por primera vez, que existe “la necesidad” que se conviertan en partido político.

¿Qué opina usted de estos primeros tres meses?

En primer lugar, hay que ver que se trata del gobierno del presidente Funes. Esta es una cosa puntualizada, porque despeja las interrogantes de quién iba a ser el gobierno. Otro aspecto es que es un gobierno que está elaborando sus políticas sobre la marcha, invocando la participación de todos los sectores interesados. Además, es un gobierno acribillado por las expectativas y las esperanzas de distintos sectores. Por el lado del pueblo, muchas esperanzas, que se están convirtiendo en expectativas y también en desencanto. Por el lado de las derechas, tanto la derecha clasista como las partidarias, también tienen expectativas. Finalmente, es el gobierno que asume sus funciones dentro de la mayor crisis que yo recuerde, tanto del capitalismo planetario como del capitalismo local.

Mucha gente esperaba un gobierno del FMLN…

Más bien es un gobierno sin partido y un partido sin gobierno. Es una situación política sui géneris, pero esa es la realidad. Esta distinción es muy importante para el mismo partido, tanto para sus militantes como para sus afiliados, sus amigos y la cúpula. De todas maneras, si este gobierno no funciona, perderá más este partido, aunque no sea su gobierno, que el señor presidente.

¿Es el gobierno del cambio o solo fue un cambio de gobierno?

¿Este es un nuevo gobierno o un gobierno nuevo? Porque es un nuevo gobierno, en el sentido que hay un gabinete nuevo. Pero, ¿qué es lo diferente que pueda considerarse como nuevo? ¿A dónde está situado el cambio? ¿Cuál es el cambio notorio y destacado y destacable? Esto es importante porque, hasta este momento, el pueblo no encuentra ese cambio.

¿Solo administra el modelo?

¿Hay un nuevo modelo económico? Si hay un nuevo modelo económico, se puede pensar en una nueva política, no solo política económica, sino política-política. El cambio tiene que ver con el modelo productivo. También tiene que ver con el ejercicio del poder político. Un nuevo ejercicio del poder político también habla de cambio. Y, finalmente, una nueva democracia que supere la democracia representativa y avance hacia la participativa, en un proceso de democratización de la democracia. En estos tres preceptos no se registra cambio. Hasta ahora, la gente de carne y hueso no encuentra el cambio.

Y si a eso le suma que siguen funcionarios de la administración pasada, en el FOVIAL y CEL…

ARENA se movió muy inteligentemente, impidiendo que el nuevo gobierno tuviera su aparato político propio. Aquí está la sabia decisión bíblica de que ‘no puedes echar vino nuevo en odres viejos’. Si viene un gobierno nuevo, con una política nueva, necesitará un aparato político nuevo. Es del ABC. Pero ARENA impidió que se construyera un aparato político nuevo, legalmente. De tal manera que el grueso del personal del aparato político anterior, el decisivo, es el que gobierna. Es muy inteligente.

¿Más allá de la estabilidad laboral?

¡Por supuesto! No es el problema de la estabilidad laboral, ¡no! El objetivo político es impedirle al nuevo gobierno su aparato propio. ARENA tiene la calidad de gobierno, porque es dueña del aparato político de gobierno. Y, por otro lado, está aprendido a ser oposición. ARENA perdió el Ejecutivo, pero no el aparato.

¿No puede el presidente Funes apropiarse de ese aparato?

No parece que esté haciendo eso. No se sabe cuál es la política del gobierno ante esta política correcta de ARENA.

¿Qué opina de las diferencias que hubo entre el presidente Funes y el vicepresidente Salvador Sánchez Cerén por el reparto de semilla? ¿Fue una contradicción?

No hay más allá en eso. El vicepresidente es un ministro y ‘si yo soy ministro, mi jefe es el presidente’. Y, más allá de algún estilo de carácter, eso no tiene ninguna cola política, porque no hay relaciones entre el partido y el presidente. No hay diferencias. Y si hay, pues no se miran.

Este gobierno es una alianza. Hay sectores de derecha, los Amigos de Mauricio Funes, el FMLN y Cambio Democrático. ¿Es armoniosa esta alianza?

Bueno, el gobierno es de unidad nacional, no es un gobierno de izquierdas. Tampoco un gobierno revolucionario. Es de unidad nacional, así ha sido definido por ellos y hay que atenerse a eso. Hay tres sectores, como has dicho. A eso llamémosle ‘unidad nacional’. Es una denominación que tiene esquinas teóricas. Y, ateniéndose a la conducta política del gobierno, uno puede pensar que este es una especie de gobierno intermediario, situado entre el pueblo y la cúpula empresarial. En algunos momentos aparece como facilitador. Es un ejercicio que requiere bastante valentía y noción de riesgo en un país como el nuestro donde la distancia entre el rico y el pobre es abismal. Yo no sé si Dios está en medio… si se atrevería… Yo creo que Dios, más bien, sería el centro y evitaría estar en medio.

En el mismo FMLN no hay total respaldo. Mauricio Ibarra, el comandante ‘Chepón’, criticó en la radio Maya Visión de que al Frente le habían limitado el acceso al gobierno, pero que CD sí había volcado su aparato partidario. ¿Eso no puede desilusionar a gente del FMLN que esperaba ver en el gobierno una salida al desempleo?

Esta puede entenderse como una buena noticia para el partido, porque una cosa es que sea partido de gobierno y otra cosa partido en el gobierno. Si el partido FMLN necesita hacer política, y lo necesita, no le conviene estar vaciado en el aparato de gobierno. Incluso no le conviene que sus dirigentes sean todos funcionarios. Porque, entonces, harán la política del gobierno y perderán independencia crítica.

Que era el gobierno de la administración pasada, de Antonio Saca.

Correcto. Para que un partido tenga independencia crítica debe hacerlo desde el pueblo. De otro modo, no puede hacerse, porque está adentro del aparato y es parte de él. Es un oficio que se gana hablando desde la gente. En la medida que el partido esté en la gente, podrá criticar. De otro modo, no.

Pero, en ese sentido, la cúpula del Frente está volcada en el gobierno: unos son diputados, otros ministros… ¿no está perdiendo ya la independencia el FMLN?

Totalmente, totalmente. Ese es un oficio que requiere independencia frente al aparato y dependencia respecto a la gente. No se mira que el FMLN esté en esa situación. Más bien, parece depender del aparato de gobierno y no de la gente. Hasta ahora se parece al gobierno en eso, pero el gobierno es gobierno, es aparato.

¿El cambio tiene que esperar a otro gobierno?

Una cosa es un nuevo gobierno y otra cosa es un nuevo régimen político. Un nuevo gobierno es un cambio del equipo que administra el Estado. Pero un nuevo régimen político es una nueva filosofía política, una nueva base teórica. ¿Hay aquí un nuevo régimen? No es fácil verlo. Si lo hay, parece estar bien oculto, a lo mejor en medio de tantos papeles…

Si es un gobierno intermediario, ¿cómo ve el diálogo del presidente hacia ese pueblo?

Bueno, el diálogo tiene sentido si se encamina a una negociación. Toda negociación supone negociación, pero no todo diálogo supone negociación. La clave de un proceso político que entra a dialogar son los acuerdos políticos. Ya no es diálogo, sino negociación.

En una columna que escribió usted, recreaba en una plática que Alex Segovia podía oír mucho, pero no escuchaba, ¿está pasando eso?

No conozco, hasta hoy, acuerdos entre el gobierno y el pueblo. Pero sí conozco diálogos. El diálogo es intercambio. ¡Hasta las abejas dialogan con las flores! ¡Pero no negocian!

¿Y no será porque apenas lleva tres meses y hay esperanza de que se instale un mecanismo? ¿No será el Consejo Económico y Social un instrumento de diálogo y negociación?

Tengo entendido que es como un foro de discusión, de donde el gobierno va a sacar ideas, insumos. No es para tomar acuerdos, ni es para negociaciones. Por lo menos es lo que se ha dicho. Ahí va a oír a la cúpula empresarial y a la gente. No se sabe a quién de los dos va a escuchar, pero va a oír a los dos.

¿Cómo está el tema ambiental en el nuevo gobierno?

Yo no diría que la temática ambiental sea prioridad estratégica en el nuevo gobierno. Creo que prioridad estratégica del nuevo gobierno es la crisis económica y no lo ambiental. Lo de la presa El Chaparral se está manejando con los mismos argumentos de la derecha. Y esa es una debilidad espiritual del nuevo gobierno, porque ‘por lo menos tengo que aprender a usar mis propias palabras’. Ahí está planteado el problema de la energía, pero el gobierno debe responder a las alternativas de energía en el país. Además, debe responder ‘energía para qué y energía para quién’. No lo ha hecho. Además, debe responder sobre lo jurídico, no solo los contratos firmados, sino la aplicación de la legislación ambiental en El Chaparral: ¿por qué no se ha hecho la consulta pública que manda el artículo 25 de la ley? Y, desde luego, las falencias de proceso y procedimientos planteadas por la SIGET, es decir, por el mismo gobierno. Todo eso está pendiente en el nuevo gobierno.

La Mesa Permanente por la Minería dijo que se alegraba que el presidente Funes se opusiera a la minería metálica, pero que, más que buenas intenciones, se necesita demostrar, con legislación, que hay un compromiso de ir en contra de la minería. La ley no prohíbe la exploración ni la explotación. Ya hay dos demandas internacionales contra el Estado. ¿Cree que el FMLN está buscando, en la Asamblea, llenar ese vacío en la legislación?

No. Y, en materia de posición frente a la minería, es más rotunda la posición del (ex) ministro (de Medio Ambiente) Hugo Barrera que lo que se conoce del nuevo gobierno. Hugo, de ARENA, se opuso rotundamente y lo dijo. Y lo hizo. En ese sentido, este gobierno está detrás de la política del ministro Hugo Barrera. Eso no vale poco.

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