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Breve apunte sobre la independencia patria


desfilePor Nora Mendez.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

La independencia de la Corona Española no es un hecho aislado sino y quizás el hecho latinoamericano en cadena más importante de nuestra breve historia -estamos por cumplir el bicentenario de dicha fecha-. Sin embargo, nos hemos empecinado o más bien, alguien se empecinó en sepultar esa memoria colectiva y elaborar una celebración enana y nacionalista que oculta el maravilloso acto latinoamericano que además le debe mucho a la revolución francesa y a sus principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad. Las castas criollas se encargaron de ocultarlo y maquillarlo a conveniencia, de cambiar dichos valores y darnos una independencia local y caudillesca a su conveniencia.

Con todo y todo, la celebración patria es y continua siendo importante en nuetras vidas, aunque no por las razones que debiera, pues es un fenómeno que año con año abarca todos los ámbitos de la vida de nuestros países: social, político, económico, religioso, moral, familiar y por supuesto, personal.

El caso salvadoreño, tan lleno de leyendas y tan falto de historia y sobre todo memoria, es uno de esos en donde la independencia patria se ha ido ajustando a los tiempos y su discurso ha sido acoplado a las necesidades polìticas de la época. La celebración, de cuyas raíces la inmensa mayoría conocemos muy poco, es semejante a la celebración de un cumpleaños o una fiesta rosa, que acopla su ritual a las tendencias de moda. Es así como hemos tenido 15 de septiembre con cadenas nacionales (las que recuerdo muy bien de cuando era niña) hasta las más modernas con equipos de fútbol playa a la cabeza del desfile, incorporación del día de los pueblos originarios y un agresivo mercadeo que incluye publicidad, promociones, suplementos noticiosos, anuncio oficial presidencial y banderas para todo tipo de gustos y presupuestos.

Cuando me refiero a nuestra falta de memoria y la “modernización” del desfile del 15 de septiembre y toda su retórica, estoy hablando de las incongruencias de dicha celebración con nuestra propia historia. Continuamos celebrando la independencia con un desfile civico militar que mezcla niños tocando instrumentos musicales y soldados con tanquetas y armas. Botamos con ello y de un plomazo, todo el discurso de paz que ha querido instalarse por muy pocos en el país. Juntamos niños, jóvenes de escuelas públicas, de barrios pobres, con policías y soldados, los mismos que durante la guerra catearon sus humildes casas y que ahora, aporrean y botan sus puertas en búsqueda de maras y acusan sexualmente a las niñas cuando caminan por las calles de sus barrios o camino a la Escuela.

Para qué sirve el Ejército salvadoreño? Lo vemos cada año en los desfiles y es para eso que lo mantenemos? Nuestro presupuesto en seguridad es uno de los más altos en Centroamérica y se contrapone al luto diario de las familias. Por qué no se hace presente este Ejército en los municipios más pobres para ayudar a construir casas con materiales reciclables, al alcance de la mano de los pobres? Por qué mantener confinado al Ejército y lejos del pueblo y su realidad? Son tan sólo unas preguntas que se vienen a mi mente cuando escribo esto.

Los discursos políticos oficiales están cargados de frases incluyentes, pacifistas y reconciliadoras, mientras vemos en el día a día el chantaje político de votos por préstamos y nuevos fiscales. La cúpula religiosa no se queda atrás y quizás sea la que mejor memoria conserva pues está consciente de que siempre ha tenido metida las narices en los asuntos del Estado y ahora exige al gobierno que se haga su santa voluntad, prohibiendo los matrimonios entre homosexuales. Por qué la Iglesia debe emitir juicio sobre los matrimonios de Ley si esa no es su potestad ni jurisdicción? O acaso los gay exigen casarse por la Iglesia?

Se habla de inclusión de los pueblos originarios en la nueva historia salvadoreña y se inicia dicha inclusión con actos repetititvamente manipuladores de su imagen, como hacerlos cantar el himno en Náhuat o participar de una ceremonia con el tinte azul y blanco, cuando en el contexto diario no se ha iniciado un trabajo mediante el cual dicha comunidad se incorpore, con el respeto que se merece, a la vida nacional de una manera visible como hasta ahora nunca se ha hecho. Volvemos -quizás con las mejores intenciones pero que no bastan- a utilizar la imagen del indio y la india como souvenir político y eso es inadmisible.

Durante años hemos confundido con próceres a tiranos, independencia con libertad, esclavitud con organización social para el trabajo y ya en las más recientes confusiones, se ha nombrado una Comisión Nacional de Desarrollo que duró 17 años y dentro de la cual hubo oscuros personajes que construyeron empresas personales sobre reservas ecológicas nacionales, como la Finca El Espino – último pulmón y manto receptor de lluvia en el Gran San Salvador- , y otros que criticaron la radicalidad del movimiento social en los años de posguerra cuando ellos en su momento renunciaron incluso a ser parte de un gobierno y levantando la mano izquierda con un fondo de encapuchados armados, se incorporaron a la lucha, que años más tarde supimos fue diplomática, ni tan siquiera llegó a la lucha militar donde murieron tantos inocentes. De esa falta de memoria hablo y de esa falta de memoria es de la que deberíamos salvarnos.

Hablamos de independencia nacional como si fuera un hecho aislado y olvidamos inculcar en las nuevas generaciones el conocimiento y sentimiento de que aquella fue una gesta colectiva y que de otro modo no hubiera sido posible. La independencia de Latinoamérica es el primer gran hecho de unidad política y social, un caso de éxito, en donde aprovechamos, los pueblos de américa latina unidos, las condiciones internacionales para liberarnos de la Corona Española.

La celebración de la independencia patria no logra recobrar su sentido histórico de nación latinoamericana unida y soberana, así como tampoco logra conciliar su discurso con la realidad de un pueblo diezmado por la violencia, la miseria y la guerra.


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