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La visita del Proyecto Venus a El Salvador


jacque fresco el salvador

Por Nora Méndez.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

El proyecto Venus es hijo del científico Jaques Fresco y Roxanne Meadows. Fresco es uno de los más exitosos diseñadores industriales y su fortuna deviene de la construcción de casas prefabricadas después de la segunda guerra mundial.

Jaques Fresco comienza su exposición de pie, junto con dos traductores argentinos que le acompañan cargados de cámaras y otros instrumentos. No parece tan viejo, a pesar de tener 94 años. Comienza relatando los diálogos que sostuvo con un piloto amigo suyo que combatió en la segunda guerra mundial. Uno trata de imaginarse eso, y comienzan los asombros. Esto es el futuro.

Las luces del auditórium se apagan e inicia la proyección de un corto documental realizado por un nominado al Oscar, en donde Fresco y Meadows nos presentan su utopía de sociedades modulares y sistémicas, construidas con tecnología de punta, utilizando los recursos naturales. Los pilares del Proyecto Venus es una sociedad sin política, ideologías y dinero. Venus sería posible en la tierra, también, bajo tres condiciones: la demolición total de las ciudades actuales – desfasadas y colapsadas por la pobreza que genera la riqueza – , la sustitución del actual sistema político-económico-social por un sistema basado en los recursos y la tecnología y la voluntad de la población mundial de actuar en su propia defensa, ante la debacle actual por la incapacidad de nuestro sistema que limita los recursos al dinero y la propiedad privada.

Un modelo circular de ciudad, interconectada con otras ciudades mediante modernos trenes lineales e internamente por sistemas de transporte colectivo incluso verticales, se presenta en un documental que nos recuerda los sueños futuristas de Walt Disney, el mago, como fuese conocido por allegados. Disney fue otro millonario futurista que patrocinó el ingenio  del escritor Ray Bradbury como diseñador para la construcción de modernos centros comerciales, parques temáticos y ciudades edílicas, a principios de los años 60. El proyecto Venus de Fresco no está en formas, lejos del Epcot de Disney, aunque tienen sus diferencias vitales.

Mientras Walt Disney planeaba la construcción de su prototipo contratando a antiguos directores de los servicios secretos norteamericanos para que se encargasen de la compra de terrenos, Fresco nos habla que su proyecto no puede realizarse sin el concurso de la humanidad y no cualquier grupo humano. Fresco nos habla de la importancia de las experiencias grupales e individuales en las cuales los individuos hayan demostrado que se puede vivir sin gobiernos, vencer a ejércitos e inteligencias de Estado y sobre todo, que se hayan podido resolver – sin política ni partidos políticos- problemas prácticos. Mientras Disney nos plantea una ciudad megalómana rendida al consumo y que nos recuerda a la Gran Babilonia, Fresco nos habla de ciudades de individuos pensantes y rebeldes, que quieran iniciar el futuro sin el lastre político que las llevaron al caos en el pasado.

Afuera del auditorio ha comenzado a llover y en mi imaginación puedo ver el lugar inundado y a Jaques Fresco como el futuro Noé que nos salvará del diluvio con una ciudad compartimentada, capaz de cuidarse a sí misma con tecnología y utilizar al máximo los recursos naturales que nos van quedando. Pero será eso posible? Hay algo que falla en el modelo de Fresco? Tiene tanto éxito porque es una bella mentira, como los sueños?

En efecto, el proyecto Venus puede ser abrazado como la última utopía futurista o visto como una locura fantástica, incluso si quiere irse más allá con el escepticismo uno podría preguntarse si es posible destruir el único sistema de vida que conocemos como humanos, basado en la explotación de los recursos, de la mano de obra y de la misma fe y defectos de nosotros como especie. Por qué debe funcionar el sistema de Fresco si ninguna ciudad o máquina del futuro puede cambiar nuestra naturaleza cruel, codiciosa y violenta, o sí existe una manera de reprogramarnos? Son las ciudades Venus pequeños castillos medievales para élites que puedan pagarlos con dinero y trabajo, al gran Generador, mientras robots y desempleados mueren en los desiertos despoblados que surgirían de un proyecto tan radical como este? Son las Venus los nuevos suburbios donde huirán las clases altas y medias?

Hay dudas y contradicciones en el proyecto Venus, como es natural, pero nada que en apariencia desanime al espigado orador de 94 años que insiste en un mundo sin chatarra, ruinas y basura, incluyendo en dichas categorías todas las profesiones de los que no hacen nada, como él mismo lo dice, abogados, curas y pastores, hombres de negocio, policías, políticos y tránsfugas, burócratas. Fresco critica fuertemente el que los humanos hayamos depositado tanta confianza en los políticos y burócratas, cuando ellos no saben nada de nada y tampoco saben resolver problemas; a su juicio las actuales sociedades han fallado pues sólo producen violencia, pobreza y crimen. Su humanismo es extremo y eso me parece lo mejor de su filosofía.

Si el fin de las ciudades Venus no son la producción aunque la necesitan y en cantidades mega industriales como a la fecha, entonces cuál es su fin, para qué  serían construidas. Fresco no recurre a la vieja y trillada respuesta de la felicidad, sino a algo más palpable y vital como es la supervivencia misma. Venus está protegida contra inundaciones, huracanes, sismos, plagas, pandemias; es una especie de huevo gigante donde se controla el clima, el paisaje, la alimentación, la educación y la vida social.

Esto último comienza a parecerme lógico pero aburrido, interesante pero terrorífico, tanto que me asusta, me contrae contra el asiento, me preocupa. En virtud de la sobrevivencia quiero en mi vida tal control? No suena esto a una especie de fascismo futurista, indoloro e higiénico?

Lo mejor de esto es hacernos preguntas. Es el caos el origen del “mal” o es el orden? Hacia dónde vamos como sociedad planetaria y lo que es más, como resistencia planetaria. Cuántos magos y vendedores de ilusión tocarán nuestra puerta, llegarán con sus cápsulas a la plaza de nuestro viejo pueblo y nos dirán “esta la solución”; hasta dónde nos comprometeremos con nuestra historia y libertad individual a la hora del gran sismo y del cambio, si es que esto algún día sucede o es el pasado el que se repetirá una y otra vez como la música del carrusel.


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