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Ejército vuelve a la calle: Realidades y Prejuicios


a1Por Nora Méndez.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Al saber que inició el plan del nuevo gobierno de sacar el ejèrcito a la calle, para controlar la delicuencia y el sicariato, no ha dejado de inquietarme. Confieso que sufro los estragos de una guerra que para mì continùa siendo reciente, viva y fresca, en la cual las fuerzas armadas se convirtieron en verdugo y enemigo de las personas que decìa defender y de mí misma.

Es indiscutible que los asesinatos -por diversos móviles y sumados a un histórica impunidad- han ido en aumento desmesurado desde la toma de posesión del gobierno de Mauricio Funes. Son dos fenómenos que se corresponden y cuya vinculaciòn a penas y se ha tratado con seriedad y transparencia frente a la población. Comprendo que se continúe casi por inercia con una política de Estado, paternalista,  que trata a la población como a hijos a quienes es mejor contarles lo menos para que no se alarmen, pero creo que es momento de romper con ese modelo -tanto en lo micro como en lo macro-. Es un error seguir ocultando información y análisis al pueblo con el afán de no alarmarle y crearle un supuesto pánico social, cuando este país y sin aviso golpea a diario a la gente, sin distinción de edad, sexo, aunque sí todavía, por presupuesto: no sufren lo mismo las familias de Santa Elena que las de la Campanera, Soyapango. Ahora extorsiones y secuestros golpean tanto a pobres como a ricos, los males de los más pobres sólo se han multiplicado.

De lo anterior podemos deducir que el nuevo gobierno ha sido “obligado” por esta situación y quienes la provocan, para sacar de nuevo al ejército a las calles. Digo pareciera porque en polìtica de Estado las cosas no tienen la misma lógica de los ciudadanos. Hay que recordar que el Presidente Funes ha expresado desde un inicio en su campaña y así lo ha demostrado en su joven gobierno, el deseo de gobernar estrechamente con el apoyo de las FFAA y para ello ha colocado y elevado de rango militar a uno de sus más fieles colaboradores políticos, el ex Coronel retirado, Munguía Payés. Hay, por lo tanto, una situación de aparente obligatoriedad y además, otra de predisposición del gobierno a echar andar este tipo de medidas;  ambas hipótesis inquietan.

De los gobiernos de posguerra, este es el primero en manifestar su deseo de devolver el rol social a la fuerza armada, entendiéndolo como el de protectora de la seguridad nacional, ahora que la nación pareciéramos ser todos pero que en la práctica no es posible ni verdadero mientras no existan cambios radicales, los cuales no hará un gobierno pro-reforma como el de Mauricio Funes. Ya Antonio Saca había utilizado al ejército preponderantemente para labores de geopolítica con el envío de tropas a Irak, sin embargo los gobiernos de ARENA rehuyeron el tema de sacar el ejército a la calle, posiblemente por las presiones que podría recibir de parte de la oposiciòn del FMLN, pero sobre todo por la concepción misma que tiene la derecha oligárquica tradicional del Ejército, de instrumento para defenderse del pueblo, de sus reinvindicaciones sociales, ecoómicas, políticas y sublevaciones populares, las cuales no estuvieron nunca en estos 17 años en un punto de desborde, pues la democracia formal supo contenerlas.

En 1992, con la firma de los Acuerdos de Paz, el ejército fue “guardado” en el entendimiento que ya no era necesario combatir al pueblo ni a la guerrilla y que además se creaba una Policía Nacional Civil – sustituyendo a los antiguos cuerpos de seguridad como la PH y PN- con un nuevo carácter civil y ahora sí, protector de la ciudadanía. No voy a meterme en este artículo a analizar el rol que durante 17 años ha jugado la PNC, pero si debo anotar que es obvio que no existen varitas mágicas y que en materia de seguridad pública nada sucedió como se planeó y hemos llegado al punto que hay que replantearse todo.

Las palabras ejército y cuerpos de seguridad están en nuestro país, históricamente asociadas a represión, violaciones a los derechos humanos y servilismo a la oligarquía. De esa historia vienen los miedos de algunos y las esperanzas de otros. Pero superado el momento de shock, las preguntas claves de todo esto deben ser tres:

– ¿Qué tipo de ejército sale hoy a las calles, 17 años después de cerrarles las puertas de acceso a la sociedad por razones nada honrosas? De todos los sectores que participaron en la guerra, el más estigmatizado por su propia dinámica y violencia, ha sido el ejército. Los militares fueron utilizados por la oligarquía en su recién pasada cruzada anti demandas populares y durante una guerra que duró 12 años, en las cuales ordenaron asesinar/masacrar a poblaciones civiles enteras, secuestrar niños y niñas, hostigar refugiados, saquear pueblos, sojuzgarlos, golpear a detenidos polìticos, reclutar jóvenes, violar mujeres y niñas, espiar, amenazar, intimidar, ser la imagen viva del terror ante el pueblo. Tal currículo hizo que tanto las derechas como las izquierdas condenaran y confinaran al ejército al encierro, como una especie de Minotauro en su laberinto, que ahora cobra vida por un joven Teseo que quiere salvar a Ariadna, pero con la ayuda del mismo Minotauro. Cuando aparecieron los amigos de Mauricio, con ellos venían no sólo empresarios de seguridad privada, sino viejos militares de ORDEN y golpistas y otros “disidentes y pacifistas” como Munguía Payés.
Pero, qué pasó en los cuarteles durante 17 años? Se hizo algo para revertir los daños causados psicológicamente a estos soldados y militares que fueron entrenados por los EE UU y la oligarquía para atacar al pueblo y reprimirlo? Qué se hizo por su salud mental y moral? Sólo si las autoridades competentes nos los explican podremos saber a quiénes nos tocará enfrentarnos como socieadad en el presente, pues el ejército es el único grupo que ha vivido en silencio la posguerra.

Un hecho aislado han sido la marcha de la Tandona el año pasado, que demostró que sus altos mandos no han dejado de interpretar la marcha pro oligárquica; también los militares se han puesto con ahínco a escribir su historia, ante la avanzada de escritores y comandantes por el mismo esfuerzo.

Los militares -sin duda- tienen derecho de participar de la sociedad, así como lo hacen exguerrilleros, cafetaleros señalados de asesinos, empresarios honorables, mujeres, jóvenes, lisiados de guerra, escritores, periodistas, entre otros. Lo que sucede es que los militares no son un grupo cualquiera, fueron entrenados para una guerra y para defender ciertos intereses, los militares tienen armas y estas armas, sin metáfora, matan.

– ¿El ejército sale para cumplir una función antidelincuencial o existe algo más en todo este asunto? Las especulaciones abundan y no es para menos, siendo que los golpes militares al estilo de la derecha bananera suenan de nuevo en los oídos de América Latina.

Esta pregunta tiene que ver con la premisa y duda que aclaraba desde un principio, me incomoda; porque si esta es una medida obligada por intereses que han sometido al nuevo gobierno a un stress de seguridad insoportable y a la sociedad a un mayor calvario, esto podría tener tintes nefastos como una medida para poner en circulación al grupo más temido de la posguerra, para utlizarlo en una maniobra polìtica-militar permanente hasta desencadenar un golpe militar.

Ahora bien, si esto es un plan del gobierno -previsto desde la campaña y apurado por las circunstancias- también corre el riesgo de tener doble función: por un lado el ejército se impone en las calles a la delincuencia “común” y cumple con otras funciones de inteligencia contra el crimen organizado pues el nuevo gobierno ha comenzado a tocar estructuras que reaccionarán màs violentamente, pero, por otro, este gobierno pro reformas (ahora fiscales y ya no agrarias) y cuyas medidas no serán del todo benefactoras para una buena parte de los grupos que los ayudaron a subir al poder, utlice de nueva cuenta al ejército como un escudo contra las protestas y se minimicen nuestras garantìas polìticas.Recordemos que la ley antiterrorismo – tan cuestionada por el movimiento social- continúa en vigencia.

La actitud del nuevo gobierno, que no sólo rechaza toda crítica, sino que intenta por medios màs o menos sutiles, desincentivarla, es preocupante. Anoche mismo y por señal de Canal 10, el propio presidente, durante la entrega del Premio Nacional de Cultura al poeta Kijadurías, tuvo palabras duras y de desestimación total hacia todos aquellos que por A ó B criticaron su decisión en el tema de cultura; para un mandatario y su discurso esto es algo insólito, todavía no salgo de mi asombro y de la preocupación por lo que el Presidente y sus allegados demuestran de rechazo a toda crítica; sus propios medios están cerrados a la misma y atacan sin misericordia a quien se ponga en su camino.

– ¿Qué repercusiones sociales puede traernos esta medida? Tomando en cuenta todo lo anterior, la sociedad salvadoreña puede estar entrando en el mejor o peor de los mundos, sin saberlo, guiada por la desesperación y desinformación. Podría ser que todos nuestros prejucios -hablo por quienes los tenemos- en contra de las Fuerzas Armadas sean infundados y echados a tierra por una excelente labor de patrullaje y capturas en flagrancia especialmente en zonas donde la población vive ya en zozobra por el flagelo de la violencia delincuencial; o podría ser que las Fuerzas Armadas estén llegando a la calle en respuesta de una nueva etapa de violencia que el crimen organizado está planeando emprender en vista de los golpes que este gobierno vaya a asestarle y la violencia vaya en aumento en lugar de disminuir;  y de paso -que nada va de paso ni está al paso- nos veamos sitiados en nuestro propio país por todas las variables posibles: imposibilitados de trabajo, seguridad y derechos políticos.

Lo que si es cierto hoy por hoy es lo siguiente: debemos quitarnos toda clase de prejuicios para avanzar y entre esos prejuicios les dejo tres que podrían causarnos mucho daño si no comenzamos a tirarlos por la borda desde ya:

1. Creer que las Fuerzas Armadas o cualquier otra institución son malas por “naturaleza”
2. Creer que las Fuerzas Armadas o cualquier otra institución son buenas por “naturaleza”
3. Creer que el gobierno hará lo mejor o peor por nosotros. Sólo nosotros mismos, nuestra opinión y movilización -grupal o individual- puede defendernos de que hagan por nosotros lo que es bueno para ellos u otros.

 

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