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La estrategia de Obama en Asia Central instaura la barbarie y agrava el terrorismo


Por  Miguel Urbano Rodrigues.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Transcurridos ocho años de los atentados que destruyeron el World Trade Center y afectaron el Pentágono, el terrorismo asume proporciones cada vez mayores en las áreas del planeta donde George W Bush pretendía enfrentarlo y erradicarlo.

El Presidente Barack Obama, cuya elección suscitó a nivel planetario una gran esperanza, fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz, pero su intervención en la Historia, contrariando un discurso humanista, no ha contribuido para superar la crisis de civilización existente.
Ocurre lo contrario. Su estrategia en Medio Oriente y en Asia Central instaura la barbarie y agrava el terrorismo.

El esfuerzo desarrollado por un gigantesco y perverso engranaje mediático que desinforma a los pueblos no tiene el poder de invertir el rumbo de los acontecimientos.
Los Estados Unidos están actualmente envueltos en Asia en dos guerras perdidas y atorados en la pantanosa situación creada en Palestina por el sionismo neonazi.

 

El primer gran error de Obama fue, al entrar en la Casa Blanca, definir aAfganistán como la primera prioridad de su política internacional.

En su opinión Irak estaba casi “pacificado” y tomo la decisión de transferir algunos millares de soldados para Afganistán donde la insurrección se extiende en una guerra que, así lo afirmó entonces, se comprometía a vencer porque de ella dependía “la seguridad de los EEUU”.

 

El optimismo sobre la situación en Irak fue sin tardanza desmentido por el aumento de la violencia en el país. En el centro de Bagdad y en las principales ciudades explotan todas las semanas carros y bombas que matan cientos de personas. La resistencia contra la ocupación militar norteamericana crece y el gobierno fantoche tutelado por Washington está totalmente desprestigiado. El Pentágono ya reconoció que será casi imposible respetar el compromiso de retirar las tropas estadounidenses en la fecha prevista, o sea dentro de dos años.

La nominación del General Stanley Mc Chrystal para comandante supremo en el área de Afganistán-Paquistán fue muy bien recibida por el Congreso y suscitó inicialmente grandes esperanzas en el establishment.

Pero la atmosfera de euforia duró poco. La estrategia innovadora concebida por el general, presentado como un intelectual brillante, con diplomas de historia y ciencias políticas, no parece entusiasmar a los analistas de los grandes media.

Mc Chrystal pidió a Obama el envío de 30 a 40 000 hombres, advirtiendo en sus dos informes que sin ese refuerzo la guerra será perdida. Entretanto, en pleno verano, desencadenó en la Provincia de Helmand una ofensiva en que participaron aproximadamente 15 000 soldados norteamericanos y británicos. No obstante la utilización de las tropas de elite, el resultado fue decepcionante. La fuerza empeñada sufrió grandes bajas y en los combates librados los guerrilleros afganos evitaron el choque en campo abierto, permaneciendo casi siempre invisibles.

En el comienzo de Otoño la guerra entró por Paquistán, en la llamada frontera del Noroeste, un territorio que durante siglos perteneció a Afganistán, habitado por tribus pachtun que ignoran la frontera artificial que los ingleses impusieron en 1880 después de la segunda guerra anglo-afgana. Bajo la presión de Washington, Paquistán movilizó millares de soldados para lanzarlos contra los “terroristas” de Waziristan. Simultáneamente, aviones no tripulados de las Fuerza Aérea de los EEUU comenzaron a bombardear indiscriminadamente aldeas de la región, alegando que eran reductos de los talibanes paquistaníes.

Esas operaciones conjugadas no alcanzaron los objetivos fijados. Las bajas en el ejército son elevadas. Los combates se desarrollan en un terreno montañosos donde los habitantes, waziris, shinwars, momands y de otras tribus de la región, oponen una fuerte resistencia. El balance del apoyo aéreo americano es también negativo. Los aviones no tripulados volando a gran altitud lanzan las bombas sin un mínimo de precisión. Las principales víctimas son campesinos de las aldeas, lo que contribuye para aumentar el odio de las poblaciones locales a los EEUU.

La primera consecuencia de la intensificación de las acciones militares norteamericano-paquistaníes fue la multiplicación de atentados terroristas en las grandes ciudades del país.

El mismo día en que Hillary Clinton pronunciaba en Islamabad un discurso hablantín y ridículo en que presentó la solidaridad de los EEUU con Paquistán como contribución decisiva para la “paz, el progreso y la democracia” en el país, un atentado en Peshawar mataba a mas de cien personas.

La visita y las palabras de la secretaria de Estado suscitaron protestas. El alineamiento del actual gobierno de Islamabad con los EEUU es mal recibido por la gran mayoría de la población. Todo indica que la ola del terrorismo va a proseguir.

El desenlace de las elecciones presidenciales en Afganistán creó más de un problema a los EEUU porque no correspondió al objetivo de Washington al promoverlas. Las insistentes críticas de los generales Petraeus y Mc Chrystal a Hamid Karzai, responsabilizándolo por la corrupción generalizada y por la nominación para altos cargos de destacados criminales de guerra, persuadieron a Obama de que alejarel presidente a través de las elecciones era una necesidad. Pero Karzai y su gente montaron un gigantesco fraude con la complicidad de la Comisión electoral. El escándalo de la proclamación de Karzai como vencedor por mayoría absoluta fue de tal tamaño a nivel internacional que la o­nU declaró la nulidad de las elecciones y exigió la realización de una segunda vuelta. El tiro salió, entretanto, por la culata. Frente a la inminencia de un nuevo fraude, Abdullah Abdullah –el candidato de Washington- renuncio a disputar el segundo turno cuando las exigencias mínimas que presentó fueron rechazadas por el gobierno. Luego Karzai, sin adversario, se autoproclamó presidente reelecto.

La Casa Blanca tuvo que tragarse el sapo y Obama, en un mensaje confuso, concluyó que, a pesar de todo, el proceso electoral era positivo. Mintió.

EL SUEÑO DEL GENERAL MC CHRYSTAL

RESUCITA EL FANTASMA DE VIETNAM

Obama tenía tomada para después de las elecciones la decisión sobre la nueva estrategia propuesta por el general Mc Chrystal.

En un contexto desfavorable, consciente de que el pueblo afgano atribuye a Karzai pesadas responsabilidades por el caos instalado en el país, el presidente norteamericano tendrá ahora que aprobar o rechazar el pedido del general Mc Chrystal, esto es el envío de cerca de 40 000 soldados para Afganistán, donde el total de las fuerzas de ocupación ronda ya entre los 100 000 entre norteamericanos y tropas de la OTAN.

Las cadenas de televisión y los grandes periódicos especulan sobre el tema y la reacción del Congreso, previendo una solución salomónica, esto es, el envío de la mitad de los efectivos solicitados.

Una extensa entrevista concedida en Kabul por el general Mc Chrystal al diario francés Le Figaro (29/09/2009) vino a crear nuevos problemas a la Casa Blanca porque sus declaracionestuvieron repercusión internacional, ampliando la polémica en los EEUU.

El general comienza por afirmar que compite al pueblo afgano “decidir quien ganará la guerra. El Estado afgano y el ejército afgano son –así se expresa- quien al fin tomará la decisión. Nosotros, los occidentales debemos ser sus leales aliados”.

A ese comienzo poco sensato le siguen críticas a la estrategia de la Unión Soviética que en su opinión, creó en los años 80 un ejército afgano visto como “ilegitimo” por la población.
Instado por el entrevistador, Renaud Girard, al comentar las reacciones del Pentágono y del Presidente Obama a los dos informes que les envíó, el general las consideró positivas.

Subrayando que su primer deber es la “humildad”, Mc Chrystal llamó la atención para la faceta más polémica se su ambicioso plan de “pacificación del país”. Recordando que “los militares estadounidenses tienen aún mucho que aprender, el general declaró: nuestros oficiales deben progresar en el conocimiento de las lenguas y costumbres de este país. Debemos aproximarnos a la población, desembarazados de todos los blindajes y chalecos anti-balas. Nuestros hombres deben conocer mejor la historia y cultura afganas, a fin de actuar en cooperación con sus camaradas afganos”.
No es sorprendente que esas sugestiones hayan embarazado a historiadores y sociólogos invitados a pronunciarse sobre ellas.

Visité varias veces Afganistán y juzgo útil aclarar que el país tiene dos lenguas oficiales –el dari (variedad del persa) y el pachto, y que algunos millones usan como idioma materno el turco uzbeko y el turcomano.

Liberando la imaginación, admito que sería una tarea homérica para la soldadesca americana el aprendizaje de esas lenguas para ella impenetrables. No concibo tampoco que la oficialidad, cuyo conocimiento de la propia historia de los EEUU es en la generalidad muy deficiente, pueda dedicarse con provecho a la historia de los pueblos que a lo largo de 25 siglos desde los Aquemenidas persas y Alejandro de Macedonia crearan en el espacio afgano civilizaciones brillantes que dejaron marcas inapagables en el rumbo de la humanidad.

Interrogado sobre la insurrección, el general se lanzó en una disertación algo confusa. En su opinión lo que existe es “una confederación de insurrecciones con fines políticos diferentes”. Mencionó específicamente tres, “los talibanes históricos, el grupo Haqqani, y la Hesbe Islami de Gulbudin Hekmatiar, además de otros grupúsculos dispersos. Su único cimiento es el odio al gobierno instalado”.

Del intenso odio del pueblo a los invasores americanos no habla.

Independientemente del juicio que se haga de esa reflexión del estratega sobre la insurrección, la continuidad de Hamid Karzai como presidente no va a contribuir para la conquista de las poblaciones mediante el dialogo y el estudio de las lenguas afganas.

El general, que es un estudioso de las guerras coloniales de su país y de Francia, dice que las lecciones de los generales franceses Lyautey y Galieni en lo tocante a la contra-insurrección no fueron por él olvidadas. Porque no se trata de matar “un máximo de talibanes”, pero sí de “proteger a las poblaciones”. Omite, por si fuera poco, un pormenor importante. Los nombres de Lyautey y Galieni, el primero en Marruecos, el segundo en Madagascar, son recordados por acciones represivas masivas del ejército francés.

Mc Chrystal va más lejos “soy –confiesa- un gran admirador del ejército francés y estudié su trabajo contra-insurreccional en Indochina y Argelia”.

Son conocidos los resultados de ese “trabajo”, pero el general norteamericano no los menciona. Es también omiso en lo tocante a la política de “protección” a las poblaciones de Vietnam aplicadas en terreno por su compatriota el general Westmoreland. Su discurso presenta, con todo muchas afinidades con el de aquel derrotado cabo de guerra norteamericano.

Solamente con el rodar del tiempo sabremos si el desenlace será similar al de Vietnam. Cabe, en tanto, recordar que el responsable por el ambicioso plan de “pacificación” de Afganistán y la estrategia global de Mc Chrystal es un general paracaidista francés.

XXXX

El general Stanley Mc Chrystal comandó durante cinco años, de 2003 a 2008, las fuerzas especiales de los EEUU.

Según los especialistas militares es un “duro”. De su currículo no constan políticas de dialogo con los pueblos, más si acciones de genocidio que llevaron a algunos analistas a calificarlo de “criminal de guerra”.

Fue a ese soldado, con pretensiones académicas, que el Presidente de los EEUU confió la tarea de ganar la guerra de Afganistán, primera prioridad de la política exterior de la casa Blanca.

En tanto medita sobre la nueva estrategia para Asia Central, el Presidente Obama, Premio Nobel de la Paz, propone al Congreso el mayor presupuesto militar de la Historia de los EEUU. Si fuera aprobado, excederá los presupuestos militares sumados de todos los demás países del planeta.

 

Traducción: Pável Blanco Cabrera

Eloriginal portugués de este artículo se encuentra en la revista Web

http://www.odiario.info

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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