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La Conflictividad Político-Social Mundial en el Siglo XX


Por Ramón Fernández Durán.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Miembro de Ecologistas en Acción

LA CONFLICTIVIDAD POLÍTICO-SOCIAL MUNDIAL EN EL SIGLO XX

De la Lucha de Clases al Movimiento Antiglobalización, pasando por el 68 y el auge del feminismo y ecologismo

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Índice

Rivalidad intercapitalista, guerras mundiales, lucha de clases y revolución

– Nacionalismo, militarismo y conflictividad político-social

Guerra Fría, “estabilidad” occidental, rebelión del Sur Global y terremoto del 68

– La revuelta del 68 sacude el mundo

Crisis de los 70, lucha armada, nuevos movimientos sociales, autonomía y “vuelta al campo”

– Expansión de nuevas vanguardias radicales y grupos armados

– La lucha obrera pierde centralidad, sobre todo del trabajador blanco y occidental

– Irrupción del feminismo, ecologismo, pacifismo y otros movimientos

– Crisis del marxismo, autonomía, crítica de la tecnología y nuevas espiritualidades

Globalización, crisis del Socialismo Real, Movimiento Antiglobalización e Islam Político

– Caída de las luchas obreras y nuevos conflictos en el Sur Global

– Colapso del Socialismo Real y consecuencias en la conflictividad político-social

– Otros prolegómenos al estallido del Movimiento por la Justicia Global

– De Seattle a Génova, pasando por Porto Alegre

– Balance contradictorio de los conflictos político-sociales al filo del siglo XXI

(*) Este texto es parte de un libro en elaboración por el autor sobre la Crisis Global y el previsible colapso civilizatorio, vistos a partir de una amplia perspectiva histórica, en el que se hace una especial reflexión sobre la crisis energética mundial. Este trabajo es una pieza más del análisis del siglo XX, a la que se da una particular relevancia pues la conflictividad político-social ha sido clave para condicionar el despliegue del capitalismo global y moldear las actuales sociedades. Como este texto tiene contenido en sí mismo, el autor piensa que puede tener interés difundirlo en su actual grado de elaboración. Sólo señalar que el análisis más en concreto de los cambios acontecidos tras el 11-S, a partir de la irrupción de la gestión “neocon”, así como la progresiva agudización de la Crisis Global, no se han tratado en este texto, pues serán abordados  más adelante en el futuro libro. Agradezco a Luis González, Yayo Herrero, Sabino Ormazábal, Kolya Abramsky, Iván Murray, Ana Hernando y Chusa Lamarca sus comentarios, así como el trabajo realizado por esta última para el diseño del texto. Doy las gracias también a Ecologistas en Acción y a Virus por la futura edición de este libro, así como a la Fundación Deep Ecology por el apoyo recibido.

LA CONFLICTIVIDAD POLÍTICO-SOCIAL MUNDIAL EN EL SIGLO XX

De la Lucha de Clases al Movimiento Antiglobalización, pasando por el 68 y el auge del feminismo y ecologismo

(Como resultado de los pactos nacionales interclasistas) los ciudadanos europeos se lanzaron a la Gran Guerra (1914-1918) con evidente entusiasmo (incluida la mayor parte de la clase obrera) (…) (Pero, a partir de 1916,  ante el desastre de la guerra, se da) la mayor oleada de huelgas, rebeliones y revoluciones nunca conocida, que continuó después de terminar la contienda (…) Proliferaron las deserciones y sublevaciones, y en el momento de la Revolución Rusa de 1917 el sentimiento antimilitarista de las poblaciones europeas era mayoritario. En 1918, parecía que la revolución socialista se iba a extender a toda Europa”

Giovanni Arrighi y Beverly Silver, “Caos y Orden en el Sistema Mundo Moderno”

El 68 fue la tumba ideológica del ‘papel dirigente’ del proletariado industrial”

Inmanuel Wallerstein, “Capitalismo Histórico y Movimientos Antisistémicos”

En 1989, no sólo el leninismo, sino también los movimientos de liberación nacional, la socialdemocracia y todos los demás herederos del liberalismo revolucionario pos-1789 colapsaron ideológicamente, es decir como estrategias para la transformación eficaz del mundo”

Arrighi, Hokins y Wallerstein, “Movimientos Antisistémicos”

La globalización ha conseguido, más que cualquier cosa, romper un siglo de poder obrero”

Berverly Silver, “Fuerzas de Trabajo. Los Movimientos Obreros y la Globalización desde 1870”

La Rebelión de Seattle. Nunca ha habido en la historia americana un acontecimiento que aglutinara tantos y tan diferentes grupos”

Michael Elliot, “The Siege of Seattle”

Ya hemos visto como en el siglo XX el capitalismo urbano-agro-industrial se expandió por el mundo entero, pero con él también se propagaron las resistencias a su dominio. El capitalismo es como un cometa que lleva tras de sí el antagonismo (Silver, 2003), y el desorden social añadiríamos. Pero el capitalismo también se hermana con las estructuras de poder estatal y patriarcal para ampliar su proyección y asentar su gobernabilidad y hegemonía planetaria. Es más no se puede entender sin ellas. En los procesos de resistencia al poder del capital, estatal y patriarcal se hacen visibles los sujetos sociales dominados, logrando en ocasiones modificar en mayor o menor medida las relaciones de poder. Los sujetos solo son visibles, y tenidos en cuenta por el poder, en su lucha (y éxodo) contra el dominio. Pero el dominio se da no sólo en el campo de lo económico, como normalmente se ha considerado a lo largo del siglo XX, al menos hasta el último tercio del mismo, sino que se manifiesta en una multiplicidad de ámbitos de la sociedad. Es por eso por lo que no podemos hablar sólo de un sujeto dominado (el proletariado, la clase trabajadora), sino de una multiplicidad de sujetos oprimidos, entre los que destaca por supuesto la mitad de la Humanidad: las mujeres. Y, como decimos, es en el conflicto y la resistencia social cuando se manifiesta el poder de los desposeídos, y es a través de ellos como principalmente se pueden alterar y erosionar las condiciones y la fortaleza del dominio.

De formas diversas la consideración de los conflictos y resistencias sociales ha intentado estar presente en todo el análisis sobre el siglo XX que llevamos realizado, pero es hora de resaltar y estructurar su papel a lo largo del mismo, destacando sus principales rasgos y puntos de inflexión, para poder entender mejor, más tarde, el contexto y las formas en que se manifiesta la Crisis Global actual. Lo cual nos ayudará a vislumbrar más adecuadamente cuáles pueden ser sus posibles escenarios en el corto y medio plazo, y de qué formas podemos influir en ellos, teniendo en cuenta también las posibles aportaciones de las pasadas luchas de resistencia y transformación, y aprendiendo asimismo de sus múltiples errores. Igualmente, este conocimiento nos puede dar ciertas pistas para mejor comprender también cómo pueden reaccionar las distintas sociedades ante el más que previsible colapso civilizatorio que se vislumbra en el horizonte, aunque para ello será necesario recurrir asimismo a análisis históricos de más Longue Durée. Entender el pasado es siempre clave para poder aventurar, y sobre todo influir, en el futuro. Eso es lo que venimos haciendo a lo largo de todo el libro.

El análisis del conflicto político-social en el siglo XX podemos estructurarlo en dos grandes periodos, que coinciden grosso modo con su primera y segunda mitad, aunque nos detendremos más en la segunda mitad por su mayor cercanía histórica para comprender la realidad actual. La mayor conflictividad a escala global se da en la primera mitad del siglo, y se manifiesta muy especialmente en los países centrales, allí donde se estaban desarrollando más entonces los procesos de industrialización y mercantilización de sus sociedades, pero también se expresa con intensidad en los territorios colonizados o bajo dominio neocolonial (ver figura 1, donde se refleja la evolución de la conflictividad laboral a escala mundial, y en ambos macro-espacios). Es una primera mitad de siglo con fuerte rivalidades interestatales capitalistas que se plasman en dos guerras mundiales, lo cual iba a tener, asimismo, como veremos, un efecto determinante en la evolución de la conflictividad político-social. Una conflictividad que iba a ser creciente y de carácter explosivo en esos años, dando lugar a importantes procesos revolucionarios, pero igualmente contra-revolucionarios, para enfrentar y revertir la lucha de clases en favor de las estructuras de poder.

En la segunda mitad del siglo la conflictividad antagonista va a ir declinando lentamente en general en Occidente durante los “Treinta Gloriosos”, pero no así en el Sur Global donde se manifiesta como ya vimos la Rebelión contra Occidente, en el marco de la Guerra Fría, al menos hasta la ruptura del yugo colonial. Sin embargo, este paulatino declive general manifiesta un importante repunte de alcance mundial en torno al 68. Tras este terremoto social global, algunos de cuyos rasgos han sido ya analizados, asistimos a la paulatina erosión de la llamada Vieja Izquierda, que había terminado de fraguarse en la primera mitad del siglo (socialismo, comunismo y movimientos de liberación nacional), y que detentaba en ese momento el gobierno o el poder del Estado en muchos territorios del planeta (Arrighi et al, 1999). En la posterior profundización de esa crisis de la Vieja Izquierda cumple un importante papel la aparición con fuerza de nuevos movimientos sociales: feminismo, ecologismo, pacifismo, etc., en especial en los territorios centrales, así como la progresiva irrupción de movimientos campesinos e indígenas en diversos territorios periféricos. En cualquier caso, los rasgos de la conflic-

vidad social antagonista van a ser bastante menos explosivos que en la primera mitad de siglo (Silver, 2003). Y ello se va a ver propiciado asimismo, más tarde, por la Contrareforma Neoliberal, a pesar de las reacciones puntuales que provoca su traumática imposición, y sobre todo por la inestimable ayuda desactivadora de la Aldea Global y la Sociedad de Consumo, al menos allí donde ésta se manifiesta.

Sin embargo, en torno a la última década del siglo, y a pesar de la crisis y colapso del Socialismo Real, asistimos a un nuevo renacer de la conflictividad antagonista, más intenso en el Sur Global, aunque también con importantes diferencias según las regiones mundiales de las que hablemos, siendo su epicentro indudable América Latina. Este renacer eclosionaría finalmente en el llamado Movimiento Antiglobalización, o Movimiento por la Justicia Global, cuya cristalización se produciría en muchos de los territorios del mundo, con un relieve muy considerable asimismo en los países centrales, y cuyo alcance sería claramente global. Pero en las últimas décadas del siglo presenciamos asimismo una proliferación de la conflictividad social no antagonista (delincuencia, violencia desordenada, narcotráfico, bandas juveniles, etc.), especialmente en las metrópolis, como resultado de la desarticulación de los tejidos sociales urbanos. E, igualmente, observamos una multiplicación de los movimientos fundamentalistas (religiosos, nacionalistas, étnicos), como reacción local a la pérdida de seguridad e identidad provocada por los procesos de globalización del capital, y asimismo un reverdecer de lo que podríamos llamar antimovimientos sociales (fascistas, racistas, misóginos, homófobos, etc.), muchos de ellos manejados desde ciertas esferas de poder. Y entre los fundamentalismos cabría resaltar a determinados sectores ligados al Islam Político, en especial aquellos vinculados a la Yihad. Aunque al mismo tiempo proliferan también dinámicas sociales de transformación y desarrollo personal: nuevas espiritualidades serenas y en paz con el planeta.

En definitiva, el siglo XX ha sido un periodo enormemente convulso en el cual el conflicto ideológico ha cumplido un papel determinante (Del Águila, 2008). Como nunca quizás se había producido antes en la Historia de la Humanidad, sobre todo en lo que a su escala global se refiere. El poder catártico de las ideas ha sido brutal. Ha logrado traspasar las barreras de clase, nacionales y de género, provocando verdaderos tsunamis sociales, que en ocasiones han sido la causa de guerras, incluso fratricidas, y de auténticas políticas de exterminio. Su raíz hay que buscarla principalmente en los intereses económicos y de poder, o contrapoder, pero en muchas ocasiones las ideologías cobraron también una vida propia difícil de domesticar. Y todas ellas fueron causadas o activadas como resultado de la feroz irrupción de la Modernidad en el mundo entero. Unas, miraban principalmente hacia el futuro (comunismo, socialismo revolucionario, movimientos de liberación nacional), intentando acelerar aún más el paso de la modernización, pues en él depositaban la fe en la emancipación y realización humana, pensando que esa sería la vía para superar las injusticias y la dominación. La utopía se situaba al final del trayecto, con la convicción, “científica” para algunos, de que se alcanzaría la sociedad perfecta después de la revolución. Lo que permitió justificar muchas veces barbaridades en la plasmación de esa utopía, que fue secuestrada a conveniencia por las nuevas estructuras de poder. El fin justificaba los medios. Las otras, miraban hacia el pasado (fascismo, nazismo, nacionalismos diversos, fundamentalismos religiosos), pues veían como éste se desvanecía en el aire, y utilizaban la potencia de las emociones que este hecho suscitaba para aplastar movimientos emancipatorios y promover igualmente nuevos y descarnados proyectos de poder, fuertemente patriarcales, que impulsaban también en muchos casos una feroz modernización (Hitler, Mussolini, Franco…). Finalmente, otras más fueron quedando en el camino de la historia, reverdeciendo ocasionalmente, pues aunque llegaron a cumplir en ocasiones un papel importante de transformación social (anarquismo, consejismo, no violencia, desobediencia civil, autonomía, etc.), la dinámica de los tiempos modernos presionaba para que primaran las ideologías más estatalistas, autoritarias, androcéntricas y militaristas, al calor de la expansión del poder del mundial del capital y del flujo energético mundial en continuo ascenso que la posibilitaba. Sin embargo, su poso permaneció bajo la superficie de lo social. Es preciso pues desmenuzar algo más estos procesos que atraviesan el siglo XX, pues muchas de estas dinámicas se acentúan con el advenimiento del 11-S y la actual Crisis Global.

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