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Cristianos por el socialismo: los precursores


Thomas Münzer

Por Pepe Gutiérrez Álvarez.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Entre las numerosas escuelas relacionadas con el ideal socialista, la cristiana, con todas sus limitaciones y contradicciones, es sin duda la más antigua y persistente.

Se trata de algo fundamental para la izquierda que aspira a cambiar las cosas, por lo que significa en sí mismo, y también por cuanto desmonta el perverso discurso del cristianismo invertido, el de las jerarquía y el de los que utilizan el nombre de Dios para legitimar sus graves pecadas sociales… Cristianos por el Socialismo nace en 1.972 en el Chile de Allende con el inmediato motivo de aportar la savia de los cristianos en aquella situación de peligro. Pero sus objetivos iban más allá que los de aquella coyuntura, en cuanto a su historia, lo dicho: venía de lejos.

Es un discurso que se remite a los profetas del Viejo Testamento, y atraviesa toda la convulsa historia del cristianismo con todas sus historias de herejías y de guerras sociales, especialmente guante la convulsiva fase de la Reforma. Se trata de una tradición que se remite tanto a los profetas del antiguo Testamento como al propio Jesús de Nazareth que creador llamó a amar los pobres, a luchar contra las injusticias, y a certificar que los ricos no podrán entrar en la suprema utopía de los cielos.

Algunos de los más significativos como Savonarola o Thomas Münzer, han sido perseguidos por algunos fanáticos neoliberales (todo es mercancía, hasta sus plumas), en su afán de aniquilar los ideales igualitarios hasta la raíz, atribuyéndoles excesos de violencia al margen de las condiciones concretas en los que desarrollaron sus aspiraciones frente al expolio y la corrupción de las clases gobernantes y de las Iglesia …

Pero, los ideales igualitarios tienen su origen en tradiciones que se pierden en la noche de los tiempos, y crecerán nuevamente en la medida en que las injusticias sociales se hagan más intolerables.

Sus antecedentes judaicos son obvios, tanto es así que no se puede comprender las grandes revueltas campesinas en Europa sin los instrumentos de críticas “heréticas” a la “Iglesia realmente existente” que suministra la “Vulgata” de la Biblia, facilitada por la invención de la imprenta. Hasta los líderes más revolucionarios como el anarquizante Wistanley, creen en la Biblia. Ulteriormente, los movimientos y personajes relacionados con los ideales igualitarios seguirán presentes de una manera u otra.

En otras ocasiones trataré de hacerlo de otros como León Tolstoy, y otros herejes modernos. En este listado se   ofrece un cierto cuadro biográfico de algunos de sus personajes más reconocidos como tales hasta mitad del siglo XIX, y que están extraídos de mi libro Diccionario biográfico del socialismo (Desde sus orígenes hasta Marx y Engels, editado en su día por Hacer (Barcelona, 1982), y reeditado con modificaciones en la editorial virtual Els Arbres de Farenheit como Precursores del socialismo …

Entre otros muchos, habría que anotar a…

Amarico de Bene, milenarista social cristiano. Nació en Bene, diócesis de Chartres y durante varios años enseñó lógica y exégesis en la Universidad de París. No dejó ningún escrito y sus ideas son conocidas por la divulgación hecha por sus discípulos y por las actas acusatorias de la Iglesia oficial que lo condenó. Este hecho hizo que Almarico muriera de pena. Místico y panteísta, creía que Dios estaba en todo: «Está en Jesús, decía, como en los pensadores y poetas paganos. Habla por boca de Ovidio como por boca de San Agustín». Se oponía a los ritos, ceremonias y dogmas religiosos, a la adoración de los santos y las reliquias. Afirmaba que quien está con el Espíritu Santo está por encima de las leyes y esperaba el nuevo Milenio. Luchó abiertamente contra la Iglesia, tenia al Papa por el Anticristo y a Roma por Babilonia.

Arnaldo de Brescia, cura albigense igualitarista, dirigió a partir de 1145 la Comuna romana que se había rebelado contra el papa Eugenio III. (?-1155). Anteriormente había tenido que huir de Brescia donde había animado una revuelta contra el obispo. Fue discípulo de Abelardo y condenado con éste en el Concilio de Sens, en 1140. Revolucionario y asceta ( «un hombre que no come ni bebe», según San Bernardo, su principal enemigo), Arnaldo, una vez en el poder en Roma, intensificó la lucha contra la curia, «casa de comercio y cueva de ladrones», y contra el clero, al que pretende despojar de sus riquezas ( «los clérigos que tienen señoríos, los obispos que tienen feudos, los monjes que tienen propiedades serán condenados»). La Comuna vive bajo el signo del igualitarismo y la piedad hasta que es derrotada. Arnaldo huye a Campania, pero será luego detenido, condenado a muerte, colgado, su cuerpo quemado y sus cenizas arrojadas al Tíber.

Joaquín de Fiore, milenarista italiano (Calabria, 1130-1202). Coetáneo del movimiento herético de los Cataros, predicador milenarista e inconformista, teórico de las tres edades que, entre otras cosas, influyó sobre San Francisco de Asís. Constituyó una orden religiosa en Fiore sin éxito, viajó a Palestina durante las Cruzadas practicó una vida de caridad y austeridad, dedicándose trabajos humildes al servicio de la comunidad. Escribió varios libros, Concordia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y Comentario al Apocalipsis, y tras su muerte, sus discípulos  recogieron sus trabajos literarios y lo publicaron con el título de Evangelio eterno, donde también se encuentran capítulos escritos por sus seguidores. Según se desprende de esta obra, Fiore concibe la evolución de la humanidad sobre la base de tres edades: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. «La del Padre fue la primera edad en que Dios gobernó al mundo por el terror; la segunda edad fue la del Hijo que, según supuestos de la: época debía cerrarse por el año 1200; y la tercera, edad de Espíritu Santo, sería la de armonía, libertad y comunidad de bienes, que sobrevendría alrededor de la fecha ante indicada, y para cuyo advenimiento consideraba Fiore que la Iglesia la Iglesia y la humanidad debían ordenar su conducta y sus hábitos de vida» (Gustavo Fabal).

Guillermo de Ockam o Occam, filósofo medieval inglés de concepciones igualitarias  (Ockham, condado de Surrey, 1295 o 1300-Munich, 1349). Fue compañero y discípulo de Duns Scotto. Estudió con éste en la Universidad de Oxford y participó con él en el desarrollo de la doctrina de las «dos verdades», la que correspondía a la fe y que era inaccesible a la razón, y la de la filosofía. Esta doctrina significa la separación entre filosofía y teología, dos verdades que desde entonces marcharían separadas. También fue franciscano como Scotto, pero mucho más radical. Defendió la idea de una Iglesia basada en la pobreza y el amor al prójimo y en la Universidad de París teorizó uno de los planteamientos originales de la Reforma: el Papa no tiene porqué tener jurisdicción en el gobierno de los Estados.

Distinguió tres etapas en la historia de la humanidad, la del pecado original, después la de su tiempo, y la era de la maldad. En la primera los hombres vivían con arreglo al derecho natural, sin Estado, sin reglamentación exterior, todo era en común y los hombres eran libres e iguales. En la segunda fase Dios guió al hombre por leyes y le ordenó ser sincero, domesticar sus apetitos y vivir de acuerdo con el interés de la humanidad. En la última fue necesario apelar a la fuerza exterior, al Estado ya la opresión. Para Occan ni el Estado ni la propiedad tenían más razón de ser que la que le otorgaba la soberanía popular y el interés común. Perseguido por el Papa de Avignon tuvo que refugiarse en la corte de Luis de Baviera. Allí compuso numerosos escritos políticos en los que defendía sus innovadoras teorías sobre la Iglesia y la sociedad, y no consta que se reconciliara con la Ia Iglesia. Existen numerosas ediciones eruditas de sus obras. En algún lugar he leído que Umberto Eco se basó en Occam para componer el perfil del protagonista de En nombre de la rosa.

John Wyclef, teólogo herético y comunista inglés. Estudió Teología en Oxford, y asimiló toda la ciencia eclesiástica y teológica de su época (Hipswell, 1324-Lutterworth cerca de Rugsby, 1384).. Recibió la influencia de la obra de Occam. Se le considera como el verdadero promotor de la Reforma y de la resistencia nacional a la Iglesia. Para Alfred Web (Historia de la cultura), sin la prédica de Wyclef no hubiera tenido lugar la insurrección aldeana de Wat Tyler y John Ball. Su objetivo era doble: «1º, libertar al Estado inglés de la dominación papal y trabajar por la independencia del poder central de Inglaterra; 2º. defender las comunidades aldeanas contra la avidez de la nobleza y de la Iglesia»  (Beer, I tomo, p. 263). Abogó por la pobreza de la Iglesia, atacó los sacramentos, la confesión, la indulgencia y el culto a los santos. Algunas de sus tesis fueron excomulgadas por el papa Gregorio XXI (1377) y por el Sínodo de Lyon (1382).

Wyclef quiso conciliar el comunismo cristiano con la monarquía, que sólo se justifica a sus ojos como instrumento al servicio del pueblo. Predicó que los pecadores no tenían derecho a la propiedad y una vía pacífica y cultural para conseguir los fines que propugnaba. Sus ideas comunistas las resume así en un trabajo en el que defiende a Platón contra Aristóteles: «El comunismo no se opone al cristianismo. Los apóstoles lo tenían todo en común. Tan superior es a la economía privada como las ideas generales a las verdades particulares. Cierto que Aristóteles se muestra adversario de Platón sobre la comunidad de bienes; pero carecen de valor sus objeciones mientras no afectan a la comunidad de mujeres. Lejos de debilitar al Estado, el comunismo lo refuerza, por el contrario, pues cuantos más ciudadanos haya interesados en la propiedad, más le interesará el bien de la colectividad. La comunidad de intereses crea la unión y la unión crea la fuerza». Influyó poderosamente en Münzer y Jean Hus y el movimiento husita y en la doctrina de los reformadores del siglo XVI. John Ford lo describe debatiendo abiertamente con la reina en el filme, Maria Estuardo (USA, 1936) en medio de una imponente muchedumbre, algo que muy pocos reformadores tuvieron ocasión.

John Ball, dirigente de la rebelión social de los campesinos ingleses de 1381, del que se ignoran muchos datos todavía. Fue discípulo de Wyclef y adoptó una actitud mucho más militante y combativa que éste. Desde el púlpito llamó a los campesinos a alzarse contra los privilegios señoriales y a restablecer la igualdad entre los hombres. Echando la mirada para atrás se preguntaba: «Cuando Adán cultivaba la tierra y Eva hilaba. ¿Quién era el gentilhombre?». En 1381 fue uno de los que encabezaron la marcha de los insurrectos campesinos a Londres, de camino ayudaron a los pobres y en la capital reprimieron duramente a los señores y los banqueros. Pero la rebelión fracasó y John Ball fue decapitado o linchado. No obstante el rey Ricardo tuvo que hacer importantes concesiones a los campesinos.

Jan Hus, reformador social y religioso que movilizó a los campesinos (Husinec, cerca de Bohemia, alrededor de 1369-Constanza, 1415). Hijo de campesinos, estudió teología en Praga, después de ser profesor se le designó decano de filosofía y más tarde fue electo de la universidad en 1402. Después de una esplendorosa carrera universitaria, fue escogido como predicador en la capilla de Belén, y es cuando inicia su disidencia con la Iglesia oficial. Partiendo de Wyclef, Hus comenzó a pregonar que la iglesia no debía de poseer bienes materiales, que su fastuoso patrimonio y la vida de lujo de sus más altos representantes estaba en contradicción con el espíritu igualitario y humilde del cristianismo primitivo, mezclando estas exigencias con la idea de una Bohemia libre. Manifestó críticas muy duras contra la forma de vida corrupta de las autoridades eclesiásticas y planteó la urgencia de cambiar esta conducta que no se podía justificar desde un punto de vista religioso. Sus prédicas, dichas con sencillez y vehemencia fueron ganando a una multitud cada vez mayor de gente que veían reflejados sus pensamientos en las palabras encendidas de Hus a favor del retorno a la Iglesia primitiva.

Así se convirtió Jan en reformador y crítico de la Iglesia católica de Bohemia. El arzobispo de Praga consiguió del papa una excomunión contra Hus. Con ocasión del concilio de Constanza que se celebró en 1415, Hus fue citado ante el mismo para que explicara sus doctrinas, especialmente las contenidas en su última obra De ecclesia. Confiado en las promesas que le hicieron y con un salvoconducto del emperador alemán Segismundo, que garantizaba su vida y su libertad; fue arrestado e instado a que se retractara de sus convicciones que se consideraban heréticas. Con gran valentía, afirmó que lo haría si se demostraba que sus criterios estaban en contradicción con lo que decían las Sagradas Escrituras. Se negó a retractarse y fue quemado vivo el 16 de julio de 1415.

Sin embargo, tres años más tarde se comenzó a vertebrar el movimiento husita, de carácter comunista cristiano, que constituyó uno de los movimientos revolucionarios más vasto y profundo de la Edad Media. La oposición de sus partidarios a la Iglesia romana y al emperador germánico tomó el cariz de una guerra nacional y social checa. Hus fue considerado en Bohemia como un patriota y como un mártir de la fe. Como escritor fijó la ortografía y reformó la lengua literaria. Sobre Hus y el movimiento que lleva su nombre se han editado varios libros, los más importantes son los de Josef Macek, ¿Herejía y revolución? El movimiento husita (Ciencia Nueva, Madrid) y El movimiento husita (Siglo XXI, México-Madrid).

Thomas Münzer, Muntzer o Muncer, principal líder de las movilizaciones campesinas en la época de la Reforma (Stolberg, Herz, ¿1489?-Mühlhausen, Turingia, 1525), reformador alemán y uno de los fundadores del anabaptismo, llamado el «Espartaco» de su época.  Ingresó en los agustinos, y recibió una formación humanista en Leipzig y en Francfort del Oder. Maestro en teología, estuvo influido por los padres de la Iglesia y por la mística medieval; conoció a Lutero en Leipzig (1519), y predicó en Zwickau, centro textil, donde conoció a N. Storch. Expulsado en 1521, Münzer marchó a Praga, donde lanzó su manifiesto a los Hermanos bohemios. El impacto político que obligó a Münzer a salir del país, y en 1523 se instaló en AlIstedt, donde se consumó su ruptura con los luteranos y comenzó a aplicar sus ideas de reforma eclesiástica, social y religiosa. Con su Misa evangélica alemana, creó la primera liturgia en lengua vernácula, y con la organización de su Liga secreta (de carácter comunista, revolucionario y milenarista) intentaba desencadenar desde AlIstedt la gran sublevación alemana.

Max Beer lo describe así: «Se trataba de un hombre de acción, de un revolucionario nato. Siempre con las masas oprimidas, contra los señores y los poseedores, contra los reformistas moderados. Era bajo de estatura, de tez morena y cabellos negros, con mirada de fuego, amén de una elocuencia vigorosa y popular. No constituía un hombre de partido, sino un temperamento más bien anarquista, un carácter independiente, absoluto, que obedecía sólo a sus propias inspiraciones, y atrevido hasta la temeridad». Los choques con el príncipe elector y el papel instigador atribuido a Münzer en los crecientes desórdenes del país, le obligaron a marchar a Mühlhausen (agosto, 1524), donde los artesanos, con su caudillo H. Pfeiffer, se habían alzado contra el consejo. Estudió las obras de Tauler y Joaquín de Fiore, y se pronunció por el espíritu divino que llena la Naturaleza y lo da todo en común para todos. En contra de Lutero formó su propio ideario, en el que critica el abuso de poder y de las autoridades eclesiásticas, apelando a la razón y a la lucha de clases con la consigna, «Omnia sint communia» (todo sea en común), que significaba en lo inmediato la expropiación de los conventos y de los príncipes.

Sus ideas prendieron en la ciudad libre de Mühlhausen, donde en 1524 anunció a sus seguidores que era inminente una transformación del mundo, el reino de Cristo volvería a la tierra y por esta virtud el Poder caería en manos del pueblo que se organizaría de una forma comunista. Desde esta ciudad atraviesa Alemania del Sur levantando el entusiasmo y el ardor revolucionario entre los campesinos y los ciudadanos pobres. En Mühlhausen derroca el Consejo y crea otro con sus seguidores al frente. Orienta la revolución hacia su extensión geográfica y profundización social. En Nuremberg escribió un folleto contra Lutero.

Sus últimos años fueron de lucha incesante. Tras perder su puesto de predicador en Zwickan, su voz se confundió con la sublevación general de los aldeanos de todo el sudoeste de Alemania, organizando una asociación secreta «contra los enemigos del Evangelio».  Sin embargo, ambos fueron expulsados momentáneamente, y Münzer pasó un tiempo entre los campesinos de Alemania meridional para organizar y acelerar el movimiento (parece cierta su influencia en la concepción de los Doce artículos, base programática de la guerra de los campesinos). Ya en plena revuelta (1525) volvió al norte y se puso en contacto con Pfeiffer, logrando el establecimiento de un nuevo consejo democrático en Mühlhausen, donde fue pastor de la comunidad anabaptista.

En 1525, Hus lanzó un manifiesto en el que explicaba los puntos básicos de su doctrina y establecía como testimonio de la verdad el Antiguo Testamento y el Apocalipsis. Intentó organizar desde allí una liga campesina y de ciudades que asegurase la implantación de un imperio teocrático comunista. No obstante, surgieron desavenencias con Pfeiffer y Münzer marchó con un reducido grupo a Frankenausen, punto de concentración militar de la guerra de los campesinos. Sus ejércitos fueron derrotados por las tropas mercenarias en 1525 en las puertas de Frankenhausen. Fue torturado y asesinado el mismo año. Münzer y el movimiento anabaptista fueron enemigos declarados de Lutero, contra el que sostuvieron el nuevo principio de la Reforma, radical y enemigo de todo compromiso frente a los príncipes feudales y la incipiente gran burguesía, por lo cual los anabaptistas se convirtieron en bestias negras tanto para los papistas como para los luteranos. Münzer fue un exegeta del espíritu milenarista, que entronca con la idea de la creación del «reino de Dios en la tierra” como preparación para el reino eterno, lo que le convirtió en un auténtico «teología de la revolución”. Su historia motivó uno de las obras cumbres de la historiografía marxista escrita por Ernest Bloch (Ciencia Nueva, Madrid, 1967, carias veces reeditada), y es estudiada a través de dicho autor.  El neoliberalismo trató de manchar su nombre atribuyéndole  numerosas crueldades, pero sin éxito.

Girolamo Savonarola, legendario místico y revolucionario (Ferrara 1452-Florencia 1498). Predicador y político igualitarista italiano Ingresó en los dominicos de Bolonia (1475)  donde se destacó por su fogosidad, austeridad y pesimismo. Aunque ya deseaba reformar la Iglesia, su acción implacable no tuvo resonancia, al principio ni en Siena, ni en Florencia (1482- 1487), ni tampoco en Ferrara, Brescia o Génova.  Vuelto a Florencia (1490), fue prior del convento de San Marcos (1491), y se ganó enseguida el favor del público. Sus audacias crecieron con su celebridad: combatió el gusto por el arte y las vanidades. Lorenzo de Médicis no creyó conveniente castigar sus osadías y sus ataques directos. Savonarola anunciaba, en efecto, la venida de un nuevo Ciro, que atravesaría Italia para restablecer el orden. La invasión francesa y la espectacular entrada de Carlos VIII en Florencia parecieron confirmar sus profecías. En su desconcierto, la señoría transigió con las intromisiones de Savonarola en política, después le consultó y, por último, se sometió dócilmente a sus órdenes; durante algunos años, se impuso una verdadera “dictadura» del monje (1494-1498).

Las ideas políticas de Savonarola eran el resultado de sus proyectos de reforma moral, social y religiosa. En algunos meses, reajustó la Constitución, la administración de justicia y el fisco y proclamó una amnistía. Sus proyectos fueron bien recibidos por el pueblo, como sus medidas contra la usura, contra la prepotencia de los patricios, y a favor de los pobres, pero su fanático temperamento comenzó a resultar excesivo. Esto fue notorio en su reforma puritana de las costumbres, en su vehemencia hizo quemar cuadros, manuscritos, etc. Gracias a sus prédicas por una igualdad evangélica, las iglesias se llenaron de gente, pero por poco tiempo. Llegó hasta el extremo de utilizar a los niños para descubrir abusos y para espiar a sus familias. La opinión comenzó entonces a dividirse. Los arrabbiati (“airados») combatieron a sus partidarios, los piagnoni (“plañideros»).

Convertido en un tirano sectario e intransigente, blandía las sanciones más draconianas, y arreciaba en sus ataques contra la propia Iglesia. Alejandro VI le prohibió predicar. Savonarola, en lugar de someterse y obedecer, se negó a trasladarse a Roma y continuó sus agitadas predicaciones, lo que provocó su excomunión (1497). En una Epístola a todos los cristianos, se manifestó abiertamente en contra del papado y trató de celebrar un concilio general para juzgar a la curia romana. Su popularidad en Florencia comenzó a decrecer. Sus adversarios se apoyaron en los franciscanos. Savonarola sólo supo oponer el carácter sobrenatural de su misión, pero esto quedó en evidencia, lo que provocó el enfurecimiento de las masas. Entonces fue apresado, condenado a muerte, colgado y quemado; sus cenizas fueron arrojadas al Amo (1498).

Savonarola fue diversamente juzgado a lo largo de la historia, pero la última restauración conservadora ha acabado homologándolo con Stalin, como paradigma de los excesos “totalitarios”, dejando de lado la otra parte, la iniquidad y el abuso de los poderosos, y su veta igualitaria, nunca cuestionada en los hechos. De moral irreprochable, le faltó el equilibrio necesario para aplicar lo que el pueblo hubiera realmente apoyado.

Johann Valentin Andreae, humanista reformador social cristiano alemán, (Herrenberg, 1587-Stuttgart, 1654). Nieto del teólogo luterano Jakob Andreae, famoso por su intervención en el establecimiento de la Fórmula de concordia. Johann Valentin fue autor de una importante obra de imaginación utópica, Cristianápolis, «una república de trabajadores, que viven en igualdad, desean la paz y renuncian a las riquezas. La ciudad está dividida en zonas para la industria ligera y pesada. Los trabajadores aspiran conscientemente a aplicar la ciencia a la producción, con la que establecen una clase de sistema eficiente. Los hombres no están obligados, como sí fuera un animal de carga, a trabajos que no les son familiares, sino que antes se les da una instrucción sólida de materias científicas».

Se trata de una isla limpia y tranquila, de 400 habitantes, muy semejante a Ia Ginebra de Calvino, aunque sin sus desigualdades e intolerancias. Andreae está preocupado fundamentalmente por la aplicación del cristianismo y por la educación –fue profesor de Universidad y especialista en problemas de pedagogía-, y su ciudad es un modelo industrial moderno regido por los principios del comunismo cristiano primitivo. Todas las cosas producidas son llevadas por los trabajadores a un mercado público, y cada uno de ellos recibe lo que necesita para su vida y su trabajo hasta la semana siguiente. La producción está organizada y los responsables «saben por anticipado el tiempo en que debe de hacerse y qué cantidad y en qué forma, e informan a los mecánicos de todo ello. Si el surtido de material en el almacén de trabajo es suficiente, se permite a los trabajadores dedicarse a sí mismos y dar rienda suelta a su respectivo genio creador. Ninguno tiene dinero… y ninguno puede ser superior a los otros en la suma de riqueza apropiada, puesto que las ventajas son más bien de poder y genio». Esta utopía pasó desapercibida en su tiempo. Mª Luisa Berneri vio Cristianápolis un anticipo de las comunidades de Owen. Escritor fecundo, fue uno de los precursores del pietismo. En la obra Nupcias químicas, aparece por primera vez el nombre de “Rosa-cruz”.

Gérard Winstanley,
igualitarista británico, fue la principal figura (1609-después de 1660). en la revolución inglesa de los diggers o cavadores, que formaron la extrema izquierda del movimiento. Su ideario, apoyado sobre todo en la Biblia, se fundamentaba en la idea de que a partir de Guillermo el Conquistador las tierras de los cultivadores fueron usurpadas por la nobleza y la Corona. En abril de 1649 llegó a Londres y comenzó a trabajar en el Surney en tierras sin cultivar y con el grupo que formó anunció su intención de ocupar los jardines y destruir los vallados. Su propósito era crear una sociedad en la que nadie, «poseyera más tierras que las que puede cultivar por sí mismo o en fraternal asociación con otros. Juntos trabajarán los hombres y juntos comerán el pan, como las antiguas tribus de Israel, sin recibir ni pagar salario».

En un folleto, El paraíso de los fieles (1648) denuncia la desigualdad en un tono que anuncia a Rousseau: «Mientras que los gobiernos sostengan que la tierra les pertenece, manteniendo el principio de la propiedad privada, del “mío” y el “tuyo”, jamás las gentes sencillas tendrán libertad… Así, algunos se elevan hasta el trono de la tiranía, mientras que otros son aplastados por el taburete de la miseria. Basta ya de encerrar y vallar todo lo que está sobre la tierra, diciendo; “esto es mío”». Responde a los niveladores que intentan defenderse ante Cromwell de la acusación de comunismo, con La bandera levantada por los verdaderos niveladores, donde afirma que la guerra que asola el país tiene su raíz en la propiedad, en el privilegio: «¿Por qué los hombres son tan locos que se destruyen entre ellos? Sólo por mantener la propiedad civil, cargada de honores, de poder y de riquezas. Esta es la maldición bajo la cual gime toda la creación, en espera de la redención». Su obra principal es La ley de la libertad, del que se ha dicho que es «el más característico de sus libros… un Manifiesto Comunista escrito en el dialecto de la época» (R. N. Brailsford), y que «reveló una comprensión de los problemas sociales como no la tuvo ningún otro pensador inglés antes de Godwin» (George Woodcock). Su vida ha inspirado además una notable película británica que lleva su nombre  (Gran Bretaña, 1975), dirigida por Kevin Browlow y Andrew Mollo, y asesorada por Christopher Hill.

Cura Jean Meslier (Mazerny, cerca de Rethel, 1678-Entrépigny, Champagne, 1733). El más importante entre los comunistas franceses del siglo XVIII. Era párroco de Etrépigny, un pueblo situado en Champaña, en los confines de las Ardenas, y era hijo de un pobre tejedor de algodón. Su vida y su obra pasó desapercibida, hasta que en 1761, Voltaire editara un Extracto de los sentimientos de Jean Meslier, que escamotea sus convicciones comunistas. Hasta 1969 no se publicará una edición completa de su Memorial que influyó en Holbach y a través de él, en otros autores de fines del siglo XVIII. Sus ideas se inscriben en el cuadro de las diferentes jacque­ries campesinas francesas y en las dramáticas necesidades de los campesinos de su tiempo y su lugar, de los cuales fue testigo y heraldo contra los ricos y los poderosos, contra el Estado, sus contribuciones y sus guerras montadas bajo «tan vanos pretextos» y que se hacen «siempre a expensas de los bienes y la vida de los pobres pueblos». Su obra es más una denuncia revolucionaria que un análisis crítico, lo contrario que otros grandes igualitarios del siglo. Meslier ve que los «que gozan siempre de prosperidad, abundancia de bienes, placeres y dicha, viven como en una especie de paraíso, mientras que los otros, por el contrario, sufren penas, aflicciones y todas las miserias de la pobreza, viviendo en un infierno».

Aunque no penetra en los mecanis­mos sociales de este antagonismo subraya la responsabilidad de la desigualdad en la propiedad: «Se observa en todas partes una enorme desproporción entre los diferentes esta­dos y condiciones humanas; unos parecen nacidos para do minar tiránicamente sobre los otros, gozando de los placeres y satisfacciones en la vida; y los otros, al contrario nacen para ser viles, miserables y desdichados esclavos, para gemir toda su vida en medio de la pena y la miseria». y esto se debe a una desigualdad injustificada «porque no está en ningún modo fundada en el mérito o desmérito de unos u otros»; es una propiedad contraria a la ley natural porque to­dos «los hombres son iguales por naturaleza, tienen el mis­mo derecho de vivir y caminar sobre la tierra, de gozar de su libertad natural, y de tener parte de los bienes terrestres». Esto es tanto más injusto cuando los pobres son los productores y los ricos son improductivos, viven del robo de «lo más cuidado de los frutos, de sus penosos trabajos y no les dejan más que la paja del buen grano y la hez del buen vino».

Los pobres soportan el edificio social, mientras que los ricos («todos estos grandes señores, grandes y nobles, todas esas bellas señoras y señoritas, tan bien arregladas y empolvadas, tan bien adornadas y ensortijadas, tan perfumadas y resplandecientes, brillando de oro, plata y pie­dras preciosas»), el clero «<Un solo golpe de azada que un pobre jornalero da en el suelo para cultivarlo es útil; en cambio, todos los sacerdotes juntos no contribuyen con todas sus plegarias a la producción de un solo grano»), los letrados ( «que no sirven más que para atropellar, saquear y atormentar a los demás y lograr de ellos todo lo que se proponen obtener» ) y los agentes del fisco que sirven a reyes y príncipes ( «son como lobos hambrientos y como leones rugientes en busca de su presa; siempre están prestos a cargar y sobrecargar al pueblo con sus tributos, a crear nuevos impuestos ya aumentar los antiguos» ), son todos ellos unos parásitos. Plantea «Vivir comunitaria y tranquilamente juntos», y reivindica el goce en común «de todos los bienes, de los frutos del trabajo y de todas las comodidades de la vida», defiende un comunismo basado en la abundancia, en la dis­tribución y el consumo, en la comunidad agraria y en la organización de «granjas colectivas». Por su rechazo a la autoridad y la energía de su lenguaje se le ha considerado como un precursor del anarquismo, pero esta es una interpreta­ción abusiva. La originalidad de Meslier radica en su recha­zo de la sociedad de su tiempo más que en sus alternativas. Otro aspecto muy singular de sus posiciones es su denuncia a la Iglesia y al clero, su ateísmo militante y consecuente. En este terreno fue influenciado por Montaigne y Bayle. También fue un antimonárquico radical. Su divisa era: «iPueblos, unías!». Dommaguet (Maurice), le dedicó su Le curé Meslier. Athée, com­muniste et revolutionnaire sous Louis XIV, París, 1965, y  De­brun (G), Desné (R), Soboul (A), Memoires et pensées de jean Meslier, 3 vols., París, 1971-72. Menene Gras Balaguer efectuó una edición de una antología suya con el nombre  de Crítica de la religión y del Estado (Península, BCN, 1978)

John Bellers, cuáquero británico, autor de una obra utópica,  (1655-1725). Las colonias del trabajo (1696), en la que muestra cómo los ricos deben su subsistencia gracias únicamente al trabajo de los pobres: «El trabajo de los pobres, dice, es la fortuna de los ricos». Les propone fundar colonias cooperativas de 300 personas cada una para que, debidamente escogidas, puedan llevar a cabo todas las tareas agrícolas. Funcionarían gracias a un fondo inicial ya acciones y en ella «formarían los pobres una comunidad con arreglo al modelo de los primeros cristianos». La medida de valor no sería el dinero sino cierta suma de trabajo. También escribió una Propuesta para la creación de un Colegio industrial, donde plantea la cuestión del pleno empleo. «Genio de la economía política», según Marx.

Lange o L’Ange. Considerado por Michelet como un precursor de Fourier fue estudiado por primera vez por Jaurés. Existen varias hipótesis sobre quién se trataba. Al parecer era un alemán llamado Lange, que nació en Munster y marchó después a Francia, cuando tenía 16 años. En 1793 trabajaba en Lyon como empleado municipal, se sintió conmovido por la contradicción que encontró entre la Constitución y la realidad social que conocía. En 1790 había escrito un folleto titulado Remedio para todo o Constitución invulnerable para la felicidad pública, donde reprochaba a los derechos generales no reconocer la existencia de ciudadanos pasivos y activos. Durante el proceso revolucionario comenzó a cuestionar el derecho de la propiedad ya plantearse la necesidad de una reorganización social.

Según Max Beer las ideas básicas de L’Ange son: «El valor total de los cereales producidos en un país determinado no debe resultar mayor que el ingreso total de los trabajadores. Por tanto, cada obrero debe poder vivir de su salario. Como no hay tal caso, incumbe la culpa de ello a los intermediarios. Por la violencia nada se puede obtener. El único remedio consiste en abrir el país con una red de cooperativas agrícolas. Cada grupo de cien familias formará una cooperativa. Habrá de fundarse estas cooperativas con ayuda de acciones que emitirá el Estado por medio de un empréstito. Tales serán las ventajas de la producción cooperativa y de las cooperativas de consumo, que hasta los ricos podrán participar en ella» (II tomo, p. 54). Las Éditions Sociales, París publicó: F. I. L’Ange, Ouvres, en edición de P. Leutrat.
WilIiam Olgivie, socialista agrario británico, (1736-1813). autor de una obra notable, Ensayo sobre el derecho de propiedad, que publicó anónimamente. Trabajaba como profesor de literatura clásica en la Universidad de Aberdeen, pero su pasión era la agricultura. La observación empírica le Ilevó al convencimiento de que la gran propiedad era la fuente de la miseria y la opresión de los campesinos, afirma que ésta «atacó y sirvió de obstáculo durante siglos a la dicha de la humanidad, tanto o más que la tiranía de los reyes, la impostura de los sacerdotes y los enredos de todos los hombres de leyes unidos». Cree con Locke que «Dios dio en común la tierra a todos los hombres», y que la agricultura es la primera base de la riqueza a la que antepone a la manufactura. En su intento de imponer la igualdad en el trabajo y en la propiedad, Olgivie no llega muy lejos, pero al plantear una crítica a la propiedad –a la que ve como sinónimo de robo y expoliación–, y al defender una nueva distribución del suelo y de los productos de la tierra sugiere un nuevo orden social. Tuvo influencia en el movimiento cartista.

Felicité-Robert Lamennais, máximo exponente del anticapitalismo de inspiración cristiana del siglo XIX francés (Saint-Malo, 1782-París, 1854). había sido anteriormente un ultramontano. Educado bajo la influencia religiosa de su hermano mayor, se retiró varios años (1805-1807), en la propiedad de Le Chesnaye, donde decidió su vocación religiosa y acentuó todavía más el carácter intolerante de sus convicciones. Producto de esta época es sus Reflexiones sobre el Estado de la Iglesia en Francia durante el siglo XVIII y sobre la situación actual, que se afirma en la línea contrarrevolucionaria de Maistre. Profesor de matemáticas en el seminario, toma partido por la Restauración. Con su Ensayo sobre la indiferencia en materia de religión (1817-1823), le convirtieron en una de las “espadas” de la reacción, hasta que apoyándose en la Biblia, inicia una crítica severa a las jerarquías eclesiásticas.

Lamennais se identificó plenamente con el “principio libertad”, con ocasión de la revolución de julio de 1830. Entendía que la religión, sí volvía a su contenido originario, podría ser un instrumento de apoyo de las libertades político-sociales. Evolucionó de manera que acabó rompiendo con toda su fase anterior en una conversión al socialismo. Aunque no formuló ningún sistema político o social concreto –de ahí que su socialismo sea muy discutido–, expresó sus concepciones sociales en su obra más conocida, escrita en 1834, después de haber tratado vanamente de ser recibido por el Papa, Palabras de un creyente (que fueron traducidas por nuestro Mariano José Larra, y publicadas en ZYX, Madrid, junto con El dogma de los hombres libres) fue considerada como el «Evangelio de la insurrección» (Lamartine), «Corán de las fábricas en rebelión» (Ranke) y según Bravo «…partían del supuesto de la hermandad universal entre los hombres; la humanidad, exteriorizada en el pueblo, constituía el centro de los intereses de Lamennais, y éste afrontaba, por primera vez en la historia del catolicismo contemporáneo, los problemas sociales “desde abajo”. Por la violencia de su lenguaje, implícita aunque no explícitamente revolucionario, y por la crítica social contenida en la obra por proclamación del reino de Dios en la tierra, las Paroles representaron una ruptura con la Iglesia romana y se convirtieron a la par en uno de los textos fundamentales del pensamiento demócrata-socialista.

Junto a otro texto, procedente de pluma muy distinta pero al que son comparables las Paroles, el Nuevo Cristianismo de Saint-Simon». Condenada en la Encíclica Singulari nos (1834), Lamennais pasó de la crítica a la Iglesia romana pasó a la crítica de la sociedad en su siguiente obra, La esclavitud moderna, en la que analiza la situación del pueblo, o sea de «quienes, no poseyendo nada, viven únicamente de su trabajo». El trabajador se había convertido en un «instrumento de trabajo. Liberado con el derecho vigente, libre legalmente de su persona, ya no es, ciertamente una propiedad que pueda venderse o comprarse por quien la usa. Pero esta libertad es solamente imaginaria. Los cuerpos no son esclavos; lo es la voluntad. ¿Acaso puede decirse que es una voluntad real la que sólo puede elegir entre una muerte espantosa e inevitable y la aceptación de una ley impuesta? Las cadenas y los azotes del esclavo moderno son el hambre». Su denuncia y su descripción de las relaciones sociales están llenas de vigor. y aunque critica –no sin razón–: a las doctrinas socialistas por su dogmatismo y por otros motivos menos nobles -por su materialismo y su negación de la propiedad privada-, Lamennais se aproximaba al movimiento cartista por su defensa de la organización autónoma de los trabajadores, de las libertades democráticas más amplias y de un igualitarismo que no explicó en términos políticos.

Fue uno de los grandes precursores del socialismo cristiano moderno, pues como ha escrito G. Verucci: «El pensamiento democrático y social de Lamennais, pese a su formulación incierta y ligada a experiencias históricas pasadas, contribuyó notablemente a la toma de conciencia por los católicos de los problemas sociales y obreros; trazó en esto un camino que después se recorrería ampliamente, con perspectivas y métodos del todo nuevos».(Felicité Lamennais. Del catolicismo autoritario al radicalismo democrático, Nápoles,1963). La revolución de 1848 lo convirtió en un representante del pueblo en la Asamblea Constituyente, pero abandonó pronto la acción política. Sus Palabras…Sus escritas resultan uno de los  mayores antecedente de los Cristianos para el Socialismo, y de la Teología de la Liberación.


Ludwig
Feuerbach conocido sobre todo por su papel en la formación de los padres del marxismo, Feuerbach fue también y sobre todo un importante filósofo materialista, ateo y semisocialista. (Landshut, 1802-Rechenberg, 1872). Empezó a ser popular en 1838 por sus teorías que trastocaban la relación establecida por su maestro Hegel entre el concepto y el ser, afirmando en sus escritos la existencia de la realidad objetiva del mundo exterior, concreto, sensible e independiente del pensamiento. Se rebelaba contra el hombre que, creando la imagen de un Dios que no tiene existencia propia, declina sobre éste las cualidades más importantes de su ser, con lo que logra empobrecerse progresivamente y tornarse un individuo egoísta, un hombre lobo en expresión de Hobbes, y propugnaba su liberación que pasaba por la disipación de la alineación religiosa, porque la religión se había convertido “en un vampiro que se alimentaba de su sustancia, de su carne y de su sangre”. El hombre recobraba sus esencias negando a Dios, proclamando su voluntad y su ateísmo.

Con esta crítica, y sobre todo su segunda obra, Los principios de la filosofía (1843), Feuerbach desprende una ética que tiende a “presentar el amor colectivo de la humanidad como un imperativo sociológico, y que suprime, mediante una transformación radical de las relaciones sociales, la oposición existente entre la realidad inhumana del hombre y su verdadera esencia» (Jacques Droz). Entre los Jóvenes Hegelianos que, en expresión de Engels, fueron durante un tiempo feuerbachianos, sólo los socialistas “verdaderos”, son quienes valoraron y asumieron más completamente las concepciones altruistas y sentimentales que se desprendían de su filosofía. Escribió también: Crítica de la filosofía hegeliana (1839), La esencia del cristianismo (1841; tr.  Labor, col. Maldoror, BCN, y Sígueme, Salamanca), Tesis preliminares para la reforma de la filosofía (1842), Principios de la filosofía del futuro (1843), Teogonía (1857). Las ideas de Feuerbach han sido estudiadas sobre todo por su relación y su influencia en el marxismo, así está presente en Marx (Tesis sobre Feuerbach), en Engels (Feuerbach y el final de la filosofía clásica), y en Lenin (Materialismo y empirocriticismo). Para un estudio de su obra: (A) Schmidt, La antropología materialista de Ludwig Feuerbach (Taurus, Madrid).

Constantin Louis Pecqueur, uno de los teóricos socialistas franceses más originales del siglo XIX (Arleus, 1801-Saint-Leu-Taverny, 1887). Su carrera política fue muy breve. Secretario de Blanc en la Comisión de Luxemburgo aunque nunca llegó a identificarse con los presupuestos de éste, tuvo un origen sansimoniano pero rompió con esta corriente por el problema de las élites, desapareció de la vida política y sólo en los últimos seis años de su vida destacó como periodista. Demócrata constitucionalista, cristiano y pacifista a la manera de Tolstoy, internacionalista convencido, Pecqueur sobresalió sobre todo por sus escritos económicos. Influido por el cartismo confió en que el movimiento obrero supiera emplear sin violencias un medio determinante: el sufragio universal. Calificado por Hess de «pío demócrata», influido por Saint-Simon y Lamennais considera la religión como indispensable para la sociedad, piensa en una «república social cristiana», porque: «La religión, considerada universalmente, es el conjunto de relaciones preestablecidas entre todos los seres, entre todas las criaturas y el Creador (…). Las relaciones preestablecidas entre los seres constituyen naturalmente un lazo entre ellos; se enlazan; de ahí el nombre de religión atribuido al conjunto de esas relaciones. Religión, para nosotros y para la ciencia social, es, pues, sinónimo de ión, de asociación, de solidaridad y de orden».

El estado de perfección que busca se apoya en el principio de fraternidad, trató de superar en su obra De la paz, sus principios y de su realización  (1842) los conceptos de patria y de nacionalismo, a los que oponía la «asociación internacional», o sea, la «patria común» de la humanidad. Prefiguró una unión europea, en la que la asociación económica debería de estar subordinada a un poder político superior organizado como una federación internacional. Predicó la no-violencia, porque: «La unión es amor, el único principio de unión. No podemos unirnos sino amándonos, no podemos amarnos sin unirnos». Su principal obra es, La teoría de la economía social (1838), donde defiende un nuevo cooperativismo y destaca la importancia que el maquinismo y la industrialización puede tener una nueva civilización. Fundándose en Sismondi, deduce que el trabajo es la única fuente de riquezas, puesto que crea o hace productivos los instrumentos de trabajo, sin embargo, el propietario al dominar estos instrumentos obliga al obrero a producir «beneficios para los demás». Diferencia entre las reivindicaciones sociales inmediatas ya largo plazo. Después de las mejoras en las condiciones económicas y de trabajo para los obreros, Pecqueur llama al gobierno a emprender grandes trabajos públicos y dar a todos una instrucción profesional. Debe de conceder créditos que permitirán a obreros y capitalistas crear una nueva industria. La concentración industrial facilitará el nacimiento de una nueva oportunidad derivada de la centralización industrial que permitirá pasar de la propiedad privada a la propiedad societaria. La concentración monopolista conllevará una racionalización social, el establecimiento de una nueva sociedad en la que la rebelión obrera no será necesaria. Autor bastante olvidado en la actualidad, fue en su momento apreciado por Marx sobre todo por sus análisis sobre la tendencia histórica de la acumulación primitiva. Fue autor también de La república de Dios (1844)

Bruno Bauer, crítico y filósofo, fue uno de los principales representantes del «verdadero socialismo». (Eisenberg, 1809-Rixdorf, cerca de Berlín,1882). Al principio pareció querer conciliar la filosofía con la teología: Critíca de la “Vida de Jesús” por Strauss (1835-1836), en Exposición crítica de la religión en el Antiguo Testamento (1838). Después fue nombrado profesor de teología en la Universidad de Bonn, de la que fue expulsado por efectuar unas declaraciones de crítica al cristianismo que provocaron el escándalo. Bauer afirmaba que los Evangelios no eran más que un momento en la historia de la humanidad, pasando a ser «el gran sacerdote de la destrucción, el iconoclasta por excelencia, el que repudia el fenómeno religioso, avatar ya muerto del desarrollo de la conciencia» (Jacqueline Russ). Primero

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Entre las numerosas escuelas relacionadas con el ideal socialista, la cristiana, con todas sus limitaciones y contradicciones, es sin duda la más antigua y persistente.

Se trata de algo fundamental para la izquierda que aspira a cambiar las cosas, por lo que significa en sí mismo, y también por cuanto desmonta el perverso discurso del cristianismo invertido, el de las jerarquía y el de los que utilizan el nombre de Dios para legitimar sus graves pecadas sociales… Cristianos por el Socialismo nace en 1.972 en el Chile de Allende con el inmediato motivo de aportar la savia de los cristianos en aquella situación de peligro. Pero sus objetivos iban más allá que los de aquella coyuntura, en cuanto a su historia, lo dicho: venía de lejos.

Es un discurso que se remite a los profetas del Viejo Testamento, y atraviesa toda la convulsa historia del cristianismo con todas sus historias de herejías y de guerras sociales, especialmente guante la convulsiva fase de la Reforma. Se trata de una tradición que se remite tanto a los profetas del antiguo Testamento como al propio Jesús de Nazareth que creador llamó a amar los pobres, a luchar contra las injusticias, y a certificar que los ricos no podrán entrar en la suprema utopía de los cielos.

Algunos de los más significativos como Savonarola o Thomas Münzer, han sido perseguidos por algunos fanáticos neoliberales (todo es mercancía, hasta sus plumas), en su afán de aniquilar los ideales igualitarios hasta la raíz, atribuyéndoles excesos de violencia al margen de las condiciones concretas en los que desarrollaron sus aspiraciones frente al expolio y la corrupción de las clases gobernantes y de las Iglesia …

Pero, los ideales igualitarios tienen su origen en tradiciones que se pierden en la noche de los tiempos, y crecerán nuevamente en la medida en que las injusticias sociales se hagan más intolerables.

Sus antecedentes judaicos son obvios, tanto es así que no se puede comprender las grandes revueltas campesinas en Europa sin los instrumentos de críticas “heréticas” a la “Iglesia realmente existente” que suministra la “Vulgata” de la Biblia, facilitada por la invención de la imprenta. Hasta los líderes más revolucionarios como el anarquizante Wistanley, creen en la Biblia. Ulteriormente, los movimientos y personajes relacionados con los ideales igualitarios seguirán presentes de una manera u otra.

En otras ocasiones trataré de hacerlo de otros como León Tolstoy, y otros herejes modernos. En este listado se   ofrece un cierto cuadro biográfico de algunos de sus personajes más reconocidos como tales hasta mitad del siglo XIX, y que están extraídos de mi libro Diccionario biográfico del socialismo (Desde sus orígenes hasta Marx y Engels, editado en su día por Hacer (Barcelona, 1982), y reeditado con modificaciones en la editorial virtual Els Arbres de Farenheit como Precursores del socialismo …

Entre otros muchos, habría que anotar a…

Amarico de Bene, milenarista social cristiano. Nació en Bene, diócesis de Chartres y durante varios años enseñó lógica y exégesis en la Universidad de París. No dejó ningún escrito y sus ideas son conocidas por la divulgación hecha por sus discípulos y por las actas acusatorias de la Iglesia oficial que lo condenó. Este hecho hizo que Almarico muriera de pena. Místico y panteísta, creía que Dios estaba en todo: «Está en Jesús, decía, como en los pensadores y poetas paganos. Habla por boca de Ovidio como por boca de San Agustín». Se oponía a los ritos, ceremonias y dogmas religiosos, a la adoración de los santos y las reliquias. Afirmaba que quien está con el Espíritu Santo está por encima de las leyes y esperaba el nuevo Milenio. Luchó abiertamente contra la Iglesia, tenia al Papa por el Anticristo y a Roma por Babilonia.

Arnaldo de Brescia, cura albigense igualitarista, dirigió a partir de 1145 la Comuna romana que se había rebelado contra el papa Eugenio III. (?-1155). Anteriormente había tenido que huir de Brescia donde había animado una revuelta contra el obispo. Fue discípulo de Abelardo y condenado con éste en el Concilio de Sens, en 1140. Revolucionario y asceta ( «un hombre que no come ni bebe», según San Bernardo, su principal enemigo), Arnaldo, una vez en el poder en Roma, intensificó la lucha contra la curia, «casa de comercio y cueva de ladrones», y contra el clero, al que pretende despojar de sus riquezas ( «los clérigos que tienen señoríos, los obispos que tienen feudos, los monjes que tienen propiedades serán condenados»). La Comuna vive bajo el signo del igualitarismo y la piedad hasta que es derrotada. Arnaldo huye a Campania, pero será luego detenido, condenado a muerte, colgado, su cuerpo quemado y sus cenizas arrojadas al Tíber.

Joaquín de Fiore, milenarista italiano (Calabria, 1130-1202). Coetáneo del movimiento herético de los Cataros, predicador milenarista e inconformista, teórico de las tres edades que, entre otras cosas, influyó sobre San Francisco de Asís. Constituyó una orden religiosa en Fiore sin éxito, viajó a Palestina durante las Cruzadas practicó una vida de caridad y austeridad, dedicándose trabajos humildes al servicio de la comunidad. Escribió varios libros, Concordia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y Comentario al Apocalipsis, y tras su muerte, sus discípulos  recogieron sus trabajos literarios y lo publicaron con el título de Evangelio eterno, donde también se encuentran capítulos escritos por sus seguidores. Según se desprende de esta obra, Fiore concibe la evolución de la humanidad sobre la base de tres edades: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. «La del Padre fue la primera edad en que Dios gobernó al mundo por el terror; la segunda edad fue la del Hijo que, según supuestos de la: época debía cerrarse por el año 1200; y la tercera, edad de Espíritu Santo, sería la de armonía, libertad y comunidad de bienes, que sobrevendría alrededor de la fecha ante indicada, y para cuyo advenimiento consideraba Fiore que la Iglesia la Iglesia y la humanidad debían ordenar su conducta y sus hábitos de vida» (Gustavo Fabal).

Guillermo de Ockam o Occam, filósofo medieval inglés de concepciones igualitarias  (Ockham, condado de Surrey, 1295 o 1300-Munich, 1349). Fue compañero y discípulo de Duns Scotto. Estudió con éste en la Universidad de Oxford y participó con él en el desarrollo de la doctrina de las «dos verdades», la que correspondía a la fe y que era inaccesible a la razón, y la de la filosofía. Esta doctrina significa la separación entre filosofía y teología, dos verdades que desde entonces marcharían separadas. También fue franciscano como Scotto, pero mucho más radical. Defendió la idea de una Iglesia basada en la pobreza y el amor al prójimo y en la Universidad de París teorizó uno de los planteamientos originales de la Reforma: el Papa no tiene porqué tener jurisdicción en el gobierno de los Estados.

Distinguió tres etapas en la historia de la humanidad, la del pecado original, después la de su tiempo, y la era de la maldad. En la primera los hombres vivían con arreglo al derecho natural, sin Estado, sin reglamentación exterior, todo era en común y los hombres eran libres e iguales. En la segunda fase Dios guió al hombre por leyes y le ordenó ser sincero, domesticar sus apetitos y vivir de acuerdo con el interés de la humanidad. En la última fue necesario apelar a la fuerza exterior, al Estado ya la opresión. Para Occan ni el Estado ni la propiedad tenían más razón de ser que la que le otorgaba la soberanía popular y el interés común. Perseguido por el Papa de Avignon tuvo que refugiarse en la corte de Luis de Baviera. Allí compuso numerosos escritos políticos en los que defendía sus innovadoras teorías sobre la Iglesia y la sociedad, y no consta que se reconciliara con la Ia Iglesia. Existen numerosas ediciones eruditas de sus obras. En algún lugar he leído que Umberto Eco se basó en Occam para componer el perfil del protagonista de En nombre de la rosa.

John Wyclef, teólogo herético y comunista inglés. Estudió Teología en Oxford, y asimiló toda la ciencia eclesiástica y teológica de su época (Hipswell, 1324-Lutterworth cerca de Rugsby, 1384).. Recibió la influencia de la obra de Occam. Se le considera como el verdadero promotor de la Reforma y de la resistencia nacional a la Iglesia. Para Alfred Web (Historia de la cultura), sin la prédica de Wyclef no hubiera tenido lugar la insurrección aldeana de Wat Tyler y John Ball. Su objetivo era doble: «1º, libertar al Estado inglés de la dominación papal y trabajar por la independencia del poder central de Inglaterra; 2º. defender las comunidades aldeanas contra la avidez de la nobleza y de la Iglesia»  (Beer, I tomo, p. 263). Abogó por la pobreza de la Iglesia, atacó los sacramentos, la confesión, la indulgencia y el culto a los santos. Algunas de sus tesis fueron excomulgadas por el papa Gregorio XXI (1377) y por el Sínodo de Lyon (1382).

Wyclef quiso conciliar el comunismo cristiano con la monarquía, que sólo se justifica a sus ojos como instrumento al servicio del pueblo. Predicó que los pecadores no tenían derecho a la propiedad y una vía pacífica y cultural para conseguir los fines que propugnaba. Sus ideas comunistas las resume así en un trabajo en el que defiende a Platón contra Aristóteles: «El comunismo no se opone al cristianismo. Los apóstoles lo tenían todo en común. Tan superior es a la economía privada como las ideas generales a las verdades particulares. Cierto que Aristóteles se muestra adversario de Platón sobre la comunidad de bienes; pero carecen de valor sus objeciones mientras no afectan a la comunidad de mujeres. Lejos de debilitar al Estado, el comunismo lo refuerza, por el contrario, pues cuantos más ciudadanos haya interesados en la propiedad, más le interesará el bien de la colectividad. La comunidad de intereses crea la unión y la unión crea la fuerza». Influyó poderosamente en Münzer y Jean Hus y el movimiento husita y en la doctrina de los reformadores del siglo XVI. John Ford lo describe debatiendo abiertamente con la reina en el filme, Maria Estuardo (USA, 1936) en medio de una imponente muchedumbre, algo que muy pocos reformadores tuvieron ocasión.

John Ball, dirigente de la rebelión social de los campesinos ingleses de 1381, del que se ignoran muchos datos todavía. Fue discípulo de Wyclef y adoptó una actitud mucho más militante y combativa que éste. Desde el púlpito llamó a los campesinos a alzarse contra los privilegios señoriales y a restablecer la igualdad entre los hombres. Echando la mirada para atrás se preguntaba: «Cuando Adán cultivaba la tierra y Eva hilaba. ¿Quién era el gentilhombre?». En 1381 fue uno de los que encabezaron la marcha de los insurrectos campesinos a Londres, de camino ayudaron a los pobres y en la capital reprimieron duramente a los señores y los banqueros. Pero la rebelión fracasó y John Ball fue decapitado o linchado. No obstante el rey Ricardo tuvo que hacer importantes concesiones a los campesinos.

Jan Hus, reformador social y religioso que movilizó a los campesinos (Husinec, cerca de Bohemia, alrededor de 1369-Constanza, 1415). Hijo de campesinos, estudió teología en Praga, después de ser profesor se le designó decano de filosofía y más tarde fue electo de la universidad en 1402. Después de una esplendorosa carrera universitaria, fue escogido como predicador en la capilla de Belén, y es cuando inicia su disidencia con la Iglesia oficial. Partiendo de Wyclef, Hus comenzó a pregonar que la iglesia no debía de poseer bienes materiales, que su fastuoso patrimonio y la vida de lujo de sus más altos representantes estaba en contradicción con el espíritu igualitario y humilde del cristianismo primitivo, mezclando estas exigencias con la idea de una Bohemia libre. Manifestó críticas muy duras contra la forma de vida corrupta de las autoridades eclesiásticas y planteó la urgencia de cambiar esta conducta que no se podía justificar desde un punto de vista religioso. Sus prédicas, dichas con sencillez y vehemencia fueron ganando a una multitud cada vez mayor de gente que veían reflejados sus pensamientos en las palabras encendidas de Hus a favor del retorno a la Iglesia primitiva.

Así se convirtió Jan en reformador y crítico de la Iglesia católica de Bohemia. El arzobispo de Praga consiguió del papa una excomunión contra Hus. Con ocasión del concilio de Constanza que se celebró en 1415, Hus fue citado ante el mismo para que explicara sus doctrinas, especialmente las contenidas en su última obra De ecclesia. Confiado en las promesas que le hicieron y con un salvoconducto del emperador alemán Segismundo, que garantizaba su vida y su libertad; fue arrestado e instado a que se retractara de sus convicciones que se consideraban heréticas. Con gran valentía, afirmó que lo haría si se demostraba que sus criterios estaban en contradicción con lo que decían las Sagradas Escrituras. Se negó a retractarse y fue quemado vivo el 16 de julio de 1415.

Sin embargo, tres años más tarde se comenzó a vertebrar el movimiento husita, de carácter comunista cristiano, que constituyó uno de los movimientos revolucionarios más vasto y profundo de la Edad Media. La oposición de sus partidarios a la Iglesia romana y al emperador germánico tomó el cariz de una guerra nacional y social checa. Hus fue considerado en Bohemia como un patriota y como un mártir de la fe. Como escritor fijó la ortografía y reformó la lengua literaria. Sobre Hus y el movimiento que lleva su nombre se han editado varios libros, los más importantes son los de Josef Macek, ¿Herejía y revolución? El movimiento husita (Ciencia Nueva, Madrid) y El movimiento husita (Siglo XXI, México-Madrid).

Thomas Münzer, Muntzer o Muncer, principal líder de las movilizaciones campesinas en la época de la Reforma (Stolberg, Herz, ¿1489?-Mühlhausen, Turingia, 1525), reformador alemán y uno de los fundadores del anabaptismo, llamado el «Espartaco» de su época.  Ingresó en los agustinos, y recibió una formación humanista en Leipzig y en Francfort del Oder. Maestro en teología, estuvo influido por los padres de la Iglesia y por la mística medieval; conoció a Lutero en Leipzig (1519), y predicó en Zwickau, centro textil, donde conoció a N. Storch. Expulsado en 1521, Münzer marchó a Praga, donde lanzó su manifiesto a los Hermanos bohemios. El impacto político que obligó a Münzer a salir del país, y en 1523 se instaló en AlIstedt, donde se consumó su ruptura con los luteranos y comenzó a aplicar sus ideas de reforma eclesiástica, social y religiosa. Con su Misa evangélica alemana, creó la primera liturgia en lengua vernácula, y con la organización de su Liga secreta (de carácter comunista, revolucionario y milenarista) intentaba desencadenar desde AlIstedt la gran sublevación alemana.

Max Beer lo describe así: «Se trataba de un hombre de acción, de un revolucionario nato. Siempre con las masas oprimidas, contra los señores y los poseedores, contra los reformistas moderados. Era bajo de estatura, de tez morena y cabellos negros, con mirada de fuego, amén de una elocuencia vigorosa y popular. No constituía un hombre de partido, sino un temperamento más bien anarquista, un carácter independiente, absoluto, que obedecía sólo a sus propias inspiraciones, y atrevido hasta la temeridad». Los choques con el príncipe elector y el papel instigador atribuido a Münzer en los crecientes desórdenes del país, le obligaron a marchar a Mühlhausen (agosto, 1524), donde los artesanos, con su caudillo H. Pfeiffer, se habían alzado contra el consejo. Estudió las obras de Tauler y Joaquín de Fiore, y se pronunció por el espíritu divino que llena la Naturaleza y lo da todo en común para todos. En contra de Lutero formó su propio ideario, en el que critica el abuso de poder y de las autoridades eclesiásticas, apelando a la razón y a la lucha de clases con la consigna, «Omnia sint communia» (todo sea en común), que significaba en lo inmediato la expropiación de los conventos y de los príncipes.

Sus ideas prendieron en la ciudad libre de Mühlhausen, donde en 1524 anunció a sus seguidores que era inminente una transformación del mundo, el reino de Cristo volvería a la tierra y por esta virtud el Poder caería en manos del pueblo que se organizaría de una forma comunista. Desde esta ciudad atraviesa Alemania del Sur levantando el entusiasmo y el ardor revolucionario entre los campesinos y los ciudadanos pobres. En Mühlhausen derroca el Consejo y crea otro con sus seguidores al frente. Orienta la revolución hacia su extensión geográfica y profundización social. En Nuremberg escribió un folleto contra Lutero.

Sus últimos años fueron de lucha incesante. Tras perder su puesto de predicador en Zwickan, su voz se confundió con la sublevación general de los aldeanos de todo el sudoeste de Alemania, organizando una asociación secreta «contra los enemigos del Evangelio».  Sin embargo, ambos fueron expulsados momentáneamente, y Münzer pasó un tiempo entre los campesinos de Alemania meridional para organizar y acelerar el movimiento (parece cierta su influencia en la concepción de los Doce artículos, base programática de la guerra de los campesinos). Ya en plena revuelta (1525) volvió al norte y se puso en contacto con Pfeiffer, logrando el establecimiento de un nuevo consejo democrático en Mühlhausen, donde fue pastor de la comunidad anabaptista.

En 1525, Hus lanzó un manifiesto en el que explicaba los puntos básicos de su doctrina y establecía como testimonio de la verdad el Antiguo Testamento y el Apocalipsis. Intentó organizar desde allí una liga campesina y de ciudades que asegurase la implantación de un imperio teocrático comunista. No obstante, surgieron desavenencias con Pfeiffer y Münzer marchó con un reducido grupo a Frankenausen, punto de concentración militar de la guerra de los campesinos. Sus ejércitos fueron derrotados por las tropas mercenarias en 1525 en las puertas de Frankenhausen. Fue torturado y asesinado el mismo año. Münzer y el movimiento anabaptista fueron enemigos declarados de Lutero, contra el que sostuvieron el nuevo principio de la Reforma, radical y enemigo de todo compromiso frente a los príncipes feudales y la incipiente gran burguesía, por lo cual los anabaptistas se convirtieron en bestias negras tanto para los papistas como para los luteranos. Münzer fue un exegeta del espíritu milenarista, que entronca con la idea de la creación del «reino de Dios en la tierra” como preparación para el reino eterno, lo que le convirtió en un auténtico «teología de la revolución”. Su historia motivó uno de las obras cumbres de la historiografía marxista escrita por Ernest Bloch (Ciencia Nueva, Madrid, 1967, carias veces reeditada), y es estudiada a través de dicho autor.  El neoliberalismo trató de manchar su nombre atribuyéndole  numerosas crueldades, pero sin éxito.

Girolamo Savonarola, legendario místico y revolucionario (Ferrara 1452-Florencia 1498). Predicador y político igualitarista italiano Ingresó en los dominicos de Bolonia (1475)  donde se destacó por su fogosidad, austeridad y pesimismo. Aunque ya deseaba reformar la Iglesia, su acción implacable no tuvo resonancia, al principio ni en Siena, ni en Florencia (1482- 1487), ni tampoco en Ferrara, Brescia o Génova.  Vuelto a Florencia (1490), fue prior del convento de San Marcos (1491), y se ganó enseguida el favor del público. Sus audacias crecieron con su celebridad: combatió el gusto por el arte y las vanidades. Lorenzo de Médicis no creyó conveniente castigar sus osadías y sus ataques directos. Savonarola anunciaba, en efecto, la venida de un nuevo Ciro, que atravesaría Italia para restablecer el orden. La invasión francesa y la espectacular entrada de Carlos VIII en Florencia parecieron confirmar sus profecías. En su desconcierto, la señoría transigió con las intromisiones de Savonarola en política, después le consultó y, por último, se sometió dócilmente a sus órdenes; durante algunos años, se impuso una verdadera “dictadura» del monje (1494-1498).

Las ideas políticas de Savonarola eran el resultado de sus proyectos de reforma moral, social y religiosa. En algunos meses, reajustó la Constitución, la administración de justicia y el fisco y proclamó una amnistía. Sus proyectos fueron bien recibidos por el pueblo, como sus medidas contra la usura, contra la prepotencia de los patricios, y a favor de los pobres, pero su fanático temperamento comenzó a resultar excesivo. Esto fue notorio en su reforma puritana de las costumbres, en su vehemencia hizo quemar cuadros, manuscritos, etc. Gracias a sus prédicas por una igualdad evangélica, las iglesias se llenaron de gente, pero por poco tiempo. Llegó hasta el extremo de utilizar a los niños para descubrir abusos y para espiar a sus familias. La opinión comenzó entonces a dividirse. Los arrabbiati (“airados») combatieron a sus partidarios, los piagnoni (“plañideros»).

Convertido en un tirano sectario e intransigente, blandía las sanciones más draconianas, y arreciaba en sus ataques contra la propia Iglesia. Alejandro VI le prohibió predicar. Savonarola, en lugar de someterse y obedecer, se negó a trasladarse a Roma y continuó sus agitadas predicaciones, lo que provocó su excomunión (1497). En una Epístola a todos los cristianos, se manifestó abiertamente en contra del papado y trató de celebrar un concilio general para juzgar a la curia romana. Su popularidad en Florencia comenzó a decrecer. Sus adversarios se apoyaron en los franciscanos. Savonarola sólo supo oponer el carácter sobrenatural de su misión, pero esto quedó en evidencia, lo que provocó el enfurecimiento de las masas. Entonces fue apresado, condenado a muerte, colgado y quemado; sus cenizas fueron arrojadas al Amo (1498).

Savonarola fue diversamente juzgado a lo largo de la historia, pero la última restauración conservadora ha acabado homologándolo con Stalin, como paradigma de los excesos “totalitarios”, dejando de lado la otra parte, la iniquidad y el abuso de los poderosos, y su veta igualitaria, nunca cuestionada en los hechos. De moral irreprochable, le faltó el equilibrio necesario para aplicar lo que el pueblo hubiera realmente apoyado.

Johann Valentin Andreae, humanista reformador social cristiano alemán, (Herrenberg, 1587-Stuttgart, 1654). Nieto del teólogo luterano Jakob Andreae, famoso por su intervención en el establecimiento de la Fórmula de concordia. Johann Valentin fue autor de una importante obra de imaginación utópica, Cristianápolis, «una república de trabajadores, que viven en igualdad, desean la paz y renuncian a las riquezas. La ciudad está dividida en zonas para la industria ligera y pesada. Los trabajadores aspiran conscientemente a aplicar la ciencia a la producción, con la que establecen una clase de sistema eficiente. Los hombres no están obligados, como sí fuera un animal de carga, a trabajos que no les son familiares, sino que antes se les da una instrucción sólida de materias científicas».

Se trata de una isla limpia y tranquila, de 400 habitantes, muy semejante a Ia Ginebra de Calvino, aunque sin sus desigualdades e intolerancias. Andreae está preocupado fundamentalmente por la aplicación del cristianismo y por la educación –fue profesor de Universidad y especialista en problemas de pedagogía-, y su ciudad es un modelo industrial moderno regido por los principios del comunismo cristiano primitivo. Todas las cosas producidas son llevadas por los trabajadores a un mercado público, y cada uno de ellos recibe lo que necesita para su vida y su trabajo hasta la semana siguiente. La producción está organizada y los responsables «saben por anticipado el tiempo en que debe de hacerse y qué cantidad y en qué forma, e informan a los mecánicos de todo ello. Si el surtido de material en el almacén de trabajo es suficiente, se permite a los trabajadores dedicarse a sí mismos y dar rienda suelta a su respectivo genio creador. Ninguno tiene dinero… y ninguno puede ser superior a los otros en la suma de riqueza apropiada, puesto que las ventajas son más bien de poder y genio». Esta utopía pasó desapercibida en su tiempo. Mª Luisa Berneri vio Cristianápolis un anticipo de las comunidades de Owen. Escritor fecundo, fue uno de los precursores del pietismo. En la obra Nupcias químicas, aparece por primera vez el nombre de “Rosa-cruz”.

Gérard Winstanley,
igualitarista británico, fue la principal figura (1609-después de 1660). en la revolución inglesa de los diggers o cavadores, que formaron la extrema izquierda del movimiento. Su ideario, apoyado sobre todo en la Biblia, se fundamentaba en la idea de que a partir de Guillermo el Conquistador las tierras de los cultivadores fueron usurpadas por la nobleza y la Corona. En abril de 1649 llegó a Londres y comenzó a trabajar en el Surney en tierras sin cultivar y con el grupo que formó anunció su intención de ocupar los jardines y destruir los vallados. Su propósito era crear una sociedad en la que nadie, «poseyera más tierras que las que puede cultivar por sí mismo o en fraternal asociación con otros. Juntos trabajarán los hombres y juntos comerán el pan, como las antiguas tribus de Israel, sin recibir ni pagar salario».

En un folleto, El paraíso de los fieles (1648) denuncia la desigualdad en un tono que anuncia a Rousseau: «Mientras que los gobiernos sostengan que la tierra les pertenece, manteniendo el principio de la propiedad privada, del “mío” y el “tuyo”, jamás las gentes sencillas tendrán libertad… Así, algunos se elevan hasta el trono de la tiranía, mientras que otros son aplastados por el taburete de la miseria. Basta ya de encerrar y vallar todo lo que está sobre la tierra, diciendo; “esto es mío”». Responde a los niveladores que intentan defenderse ante Cromwell de la acusación de comunismo, con La bandera levantada por los verdaderos niveladores, donde afirma que la guerra que asola el país tiene su raíz en la propiedad, en el privilegio: «¿Por qué los hombres son tan locos que se destruyen entre ellos? Sólo por mantener la propiedad civil, cargada de honores, de poder y de riquezas. Esta es la maldición bajo la cual gime toda la creación, en espera de la redención». Su obra principal es La ley de la libertad, del que se ha dicho que es «el más característico de sus libros… un Manifiesto Comunista escrito en el dialecto de la época» (R. N. Brailsford), y que «reveló una comprensión de los problemas sociales como no la tuvo ningún otro pensador inglés antes de Godwin» (George Woodcock). Su vida ha inspirado además una notable película británica que lleva su nombre  (Gran Bretaña, 1975), dirigida por Kevin Browlow y Andrew Mollo, y asesorada por Christopher Hill.

Cura Jean Meslier (Mazerny, cerca de Rethel, 1678-Entrépigny, Champagne, 1733). El más importante entre los comunistas franceses del siglo XVIII. Era párroco de Etrépigny, un pueblo situado en Champaña, en los confines de las Ardenas, y era hijo de un pobre tejedor de algodón. Su vida y su obra pasó desapercibida, hasta que en 1761, Voltaire editara un Extracto de los sentimientos de Jean Meslier, que escamotea sus convicciones comunistas. Hasta 1969 no se publicará una edición completa de su Memorial que influyó en Holbach y a través de él, en otros autores de fines del siglo XVIII. Sus ideas se inscriben en el cuadro de las diferentes jacque­ries campesinas francesas y en las dramáticas necesidades de los campesinos de su tiempo y su lugar, de los cuales fue testigo y heraldo contra los ricos y los poderosos, contra el Estado, sus contribuciones y sus guerras montadas bajo «tan vanos pretextos» y que se hacen «siempre a expensas de los bienes y la vida de los pobres pueblos». Su obra es más una denuncia revolucionaria que un análisis crítico, lo contrario que otros grandes igualitarios del siglo. Meslier ve que los «que gozan siempre de prosperidad, abundancia de bienes, placeres y dicha, viven como en una especie de paraíso, mientras que los otros, por el contrario, sufren penas, aflicciones y todas las miserias de la pobreza, viviendo en un infierno».

Aunque no penetra en los mecanis­mos sociales de este antagonismo subraya la responsabilidad de la desigualdad en la propiedad: «Se observa en todas partes una enorme desproporción entre los diferentes esta­dos y condiciones humanas; unos parecen nacidos para do minar tiránicamente sobre los otros, gozando de los placeres y satisfacciones en la vida; y los otros, al contrario nacen para ser viles, miserables y desdichados esclavos, para gemir toda su vida en medio de la pena y la miseria». y esto se debe a una desigualdad injustificada «porque no está en ningún modo fundada en el mérito o desmérito de unos u otros»; es una propiedad contraria a la ley natural porque to­dos «los hombres son iguales por naturaleza, tienen el mis­mo derecho de vivir y caminar sobre la tierra, de gozar de su libertad natural, y de tener parte de los bienes terrestres». Esto es tanto más injusto cuando los pobres son los productores y los ricos son improductivos, viven del robo de «lo más cuidado de los frutos, de sus penosos trabajos y no les dejan más que la paja del buen grano y la hez del buen vino».

Los pobres soportan el edificio social, mientras que los ricos («todos estos grandes señores, grandes y nobles, todas esas bellas señoras y señoritas, tan bien arregladas y empolvadas, tan bien adornadas y ensortijadas, tan perfumadas y resplandecientes, brillando de oro, plata y pie­dras preciosas»), el clero «<Un solo golpe de azada que un pobre jornalero da en el suelo para cultivarlo es útil; en cambio, todos los sacerdotes juntos no contribuyen con todas sus plegarias a la producción de un solo grano»), los letrados ( «que no sirven más que para atropellar, saquear y atormentar a los demás y lograr de ellos todo lo que se proponen obtener» ) y los agentes del fisco que sirven a reyes y príncipes ( «son como lobos hambrientos y como leones rugientes en busca de su presa; siempre están prestos a cargar y sobrecargar al pueblo con sus tributos, a crear nuevos impuestos ya aumentar los antiguos» ), son todos ellos unos parásitos. Plantea «Vivir comunitaria y tranquilamente juntos», y reivindica el goce en común «de todos los bienes, de los frutos del trabajo y de todas las comodidades de la vida», defiende un comunismo basado en la abundancia, en la dis­tribución y el consumo, en la comunidad agraria y en la organización de «granjas colectivas». Por su rechazo a la autoridad y la energía de su lenguaje se le ha considerado como un precursor del anarquismo, pero esta es una interpreta­ción abusiva. La originalidad de Meslier radica en su recha­zo de la sociedad de su tiempo más que en sus alternativas. Otro aspecto muy singular de sus posiciones es su denuncia a la Iglesia y al clero, su ateísmo militante y consecuente. En este terreno fue influenciado por Montaigne y Bayle. También fue un antimonárquico radical. Su divisa era: «iPueblos, unías!». Dommaguet (Maurice), le dedicó su Le curé Meslier. Athée, com­muniste et revolutionnaire sous Louis XIV, París, 1965, y  De­brun (G), Desné (R), Soboul (A), Memoires et pensées de jean Meslier, 3 vols., París, 1971-72. Menene Gras Balaguer efectuó una edición de una antología suya con el nombre  de Crítica de la religión y del Estado (Península, BCN, 1978)

John Bellers, cuáquero británico, autor de una obra utópica,  (1655-1725). Las colonias del trabajo (1696), en la que muestra cómo los ricos deben su subsistencia gracias únicamente al trabajo de los pobres: «El trabajo de los pobres, dice, es la fortuna de los ricos». Les propone fundar colonias cooperativas de 300 personas cada una para que, debidamente escogidas, puedan llevar a cabo todas las tareas agrícolas. Funcionarían gracias a un fondo inicial ya acciones y en ella «formarían los pobres una comunidad con arreglo al modelo de los primeros cristianos». La medida de valor no sería el dinero sino cierta suma de trabajo. También escribió una Propuesta para la creación de un Colegio industrial, donde plantea la cuestión del pleno empleo. «Genio de la economía política», según Marx.

Lange o L’Ange. Considerado por Michelet como un precursor de Fourier fue estudiado por primera vez por Jaurés. Existen varias hipótesis sobre quién se trataba. Al parecer era un alemán llamado Lange, que nació en Munster y marchó después a Francia, cuando tenía 16 años. En 1793 trabajaba en Lyon como empleado municipal, se sintió conmovido por la contradicción que encontró entre la Constitución y la realidad social que conocía. En 1790 había escrito un folleto titulado Remedio para todo o Constitución invulnerable para la felicidad pública, donde reprochaba a los derechos generales no reconocer la existencia de ciudadanos pasivos y activos. Durante el proceso revolucionario comenzó a cuestionar el derecho de la propiedad ya plantearse la necesidad de una reorganización social.

Según Max Beer las ideas básicas de L’Ange son: «El valor total de los cereales producidos en un país determinado no debe resultar mayor que el ingreso total de los trabajadores. Por tanto, cada obrero debe poder vivir de su salario. Como no hay tal caso, incumbe la culpa de ello a los intermediarios. Por la violencia nada se puede obtener. El único remedio consiste en abrir el país con una red de cooperativas agrícolas. Cada grupo de cien familias formará una cooperativa. Habrá de fundarse estas cooperativas con ayuda de acciones que emitirá el Estado por medio de un empréstito. Tales serán las ventajas de la producción cooperativa y de las cooperativas de consumo, que hasta los ricos podrán participar en ella» (II tomo, p. 54). Las Éditions Sociales, París publicó: F. I. L’Ange, Ouvres, en edición de P. Leutrat.
WilIiam Olgivie, socialista agrario británico, (1736-1813). autor de una obra notable, Ensayo sobre el derecho de propiedad, que publicó anónimamente. Trabajaba como profesor de literatura clásica en la Universidad de Aberdeen, pero su pasión era la agricultura. La observación empírica le Ilevó al convencimiento de que la gran propiedad era la fuente de la miseria y la opresión de los campesinos, afirma que ésta «atacó y sirvió de obstáculo durante siglos a la dicha de la humanidad, tanto o más que la tiranía de los reyes, la impostura de los sacerdotes y los enredos de todos los hombres de leyes unidos». Cree con Locke que «Dios dio en común la tierra a todos los hombres», y que la agricultura es la primera base de la riqueza a la que antepone a la manufactura. En su intento de imponer la igualdad en el trabajo y en la propiedad, Olgivie no llega muy lejos, pero al plantear una crítica a la propiedad –a la que ve como sinónimo de robo y expoliación–, y al defender una nueva distribución del suelo y de los productos de la tierra sugiere un nuevo orden social. Tuvo influencia en el movimiento cartista.

Felicité-Robert Lamennais, máximo exponente del anticapitalismo de inspiración cristiana del siglo XIX francés (Saint-Malo, 1782-París, 1854). había sido anteriormente un ultramontano. Educado bajo la influencia religiosa de su hermano mayor, se retiró varios años (1805-1807), en la propiedad de Le Chesnaye, donde decidió su vocación religiosa y acentuó todavía más el carácter intolerante de sus convicciones. Producto de esta época es sus Reflexiones sobre el Estado de la Iglesia en Francia durante el siglo XVIII y sobre la situación actual, que se afirma en la línea contrarrevolucionaria de Maistre. Profesor de matemáticas en el seminario, toma partido por la Restauración. Con su Ensayo sobre la indiferencia en materia de religión (1817-1823), le convirtieron en una de las “espadas” de la reacción, hasta que apoyándose en la Biblia, inicia una crítica severa a las jerarquías eclesiásticas.

Lamennais se identificó plenamente con el “principio libertad”, con ocasión de la revolución de julio de 1830. Entendía que la religión, sí volvía a su contenido originario, podría ser un instrumento de apoyo de las libertades político-sociales. Evolucionó de manera que acabó rompiendo con toda su fase anterior en una conversión al socialismo. Aunque no formuló ningún sistema político o social concreto –de ahí que su socialismo sea muy discutido–, expresó sus concepciones sociales en su obra más conocida, escrita en 1834, después de haber tratado vanamente de ser recibido por el Papa, Palabras de un creyente (que fueron traducidas por nuestro Mariano José Larra, y publicadas en ZYX, Madrid, junto con El dogma de los hombres libres) fue considerada como el «Evangelio de la insurrección» (Lamartine), «Corán de las fábricas en rebelión» (Ranke) y según Bravo «…partían del supuesto de la hermandad universal entre los hombres; la humanidad, exteriorizada en el pueblo, constituía el centro de los intereses de Lamennais, y éste afrontaba, por primera vez en la historia del catolicismo contemporáneo, los problemas sociales “desde abajo”. Por la violencia de su lenguaje, implícita aunque no explícitamente revolucionario, y por la crítica social contenida en la obra por proclamación del reino de Dios en la tierra, las Paroles representaron una ruptura con la Iglesia romana y se convirtieron a la par en uno de los textos fundamentales del pensamiento demócrata-socialista.

Junto a otro texto, procedente de pluma muy distinta pero al que son comparables las Paroles, el Nuevo Cristianismo de Saint-Simon». Condenada en la Encíclica Singulari nos (1834), Lamennais pasó de la crítica a la Iglesia romana pasó a la crítica de la sociedad en su siguiente obra, La esclavitud moderna, en la que analiza la situación del pueblo, o sea de «quienes, no poseyendo nada, viven únicamente de su trabajo». El trabajador se había convertido en un «instrumento de trabajo. Liberado con el derecho vigente, libre legalmente de su persona, ya no es, ciertamente una propiedad que pueda venderse o comprarse por quien la usa. Pero esta libertad es solamente imaginaria. Los cuerpos no son esclavos; lo es la voluntad. ¿Acaso puede decirse que es una voluntad real la que sólo puede elegir entre una muerte espantosa e inevitable y la aceptación de una ley impuesta? Las cadenas y los azotes del esclavo moderno son el hambre». Su denuncia y su descripción de las relaciones sociales están llenas de vigor. y aunque critica –no sin razón–: a las doctrinas socialistas por su dogmatismo y por otros motivos menos nobles -por su materialismo y su negación de la propiedad privada-, Lamennais se aproximaba al movimiento cartista por su defensa de la organización autónoma de los trabajadores, de las libertades democráticas más amplias y de un igualitarismo que no explicó en términos políticos.

Fue uno de los grandes precursores del socialismo cristiano moderno, pues como ha escrito G. Verucci: «El pensamiento democrático y social de Lamennais, pese a su formulación incierta y ligada a experiencias históricas pasadas, contribuyó notablemente a la toma de conciencia por los católicos de los problemas sociales y obreros; trazó en esto un camino que después se recorrería ampliamente, con perspectivas y métodos del todo nuevos».(Felicité Lamennais. Del catolicismo autoritario al radicalismo democrático, Nápoles,1963). La revolución de 1848 lo convirtió en un representante del pueblo en la Asamblea Constituyente, pero abandonó pronto la acción política. Sus Palabras…Sus escritas resultan uno de los  mayores antecedente de los Cristianos para el Socialismo, y de la Teología de la Liberación.


Ludwig
Feuerbach conocido sobre todo por su papel en la formación de los padres del marxismo, Feuerbach fue también y sobre todo un importante filósofo materialista, ateo y semisocialista. (Landshut, 1802-Rechenberg, 1872). Empezó a ser popular en 1838 por sus teorías que trastocaban la relación establecida por su maestro Hegel entre el concepto y el ser, afirmando en sus escritos la existencia de la realidad objetiva del mundo exterior, concreto, sensible e independiente del pensamiento. Se rebelaba contra el hombre que, creando la imagen de un Dios que no tiene existencia propia, declina sobre éste las cualidades más importantes de su ser, con lo que logra empobrecerse progresivamente y tornarse un individuo egoísta, un hombre lobo en expresión de Hobbes, y propugnaba su liberación que pasaba por la disipación de la alineación religiosa, porque la religión se había convertido “en un vampiro que se alimentaba de su sustancia, de su carne y de su sangre”. El hombre recobraba sus esencias negando a Dios, proclamando su voluntad y su ateísmo.

Con esta crítica, y sobre todo su segunda obra, Los principios de la filosofía (1843), Feuerbach desprende una ética que tiende a “presentar el amor colectivo de la humanidad como un imperativo sociológico, y que suprime, mediante una transformación radical de las relaciones sociales, la oposición existente entre la realidad inhumana del hombre y su verdadera esencia» (Jacques Droz). Entre los Jóvenes Hegelianos que, en expresión de Engels, fueron durante un tiempo feuerbachianos, sólo los socialistas “verdaderos”, son quienes valoraron y asumieron más completamente las concepciones altruistas y sentimentales que se desprendían de su filosofía. Escribió también: Crítica de la filosofía hegeliana (1839), La esencia del cristianismo (1841; tr.  Labor, col. Maldoror, BCN, y Sígueme, Salamanca), Tesis preliminares para la reforma de la filosofía (1842), Principios de la filosofía del futuro (1843), Teogonía (1857). Las ideas de Feuerbach han sido estudiadas sobre todo por su relación y su influencia en el marxismo, así está presente en Marx (Tesis sobre Feuerbach), en Engels (Feuerbach y el final de la filosofía clásica), y en Lenin (Materialismo y empirocriticismo). Para un estudio de su obra: (A) Schmidt, La antropología materialista de Ludwig Feuerbach (Taurus, Madrid).

Constantin Louis Pecqueur, uno de los teóricos socialistas franceses más originales del siglo XIX (Arleus, 1801-Saint-Leu-Taverny, 1887). Su carrera política fue muy breve. Secretario de Blanc en la Comisión de Luxemburgo aunque nunca llegó a identificarse con los presupuestos de éste, tuvo un origen sansimoniano pero rompió con esta corriente por el problema de las élites, desapareció de la vida política y sólo en los últimos seis años de su vida destacó como periodista. Demócrata constitucionalista, cristiano y pacifista a la manera de Tolstoy, internacionalista convencido, Pecqueur sobresalió sobre todo por sus escritos económicos. Influido por el cartismo confió en que el movimiento obrero supiera emplear sin violencias un medio determinante: el sufragio universal. Calificado por Hess de «pío demócrata», influido por Saint-Simon y Lamennais considera la religión como indispensable para la sociedad, piensa en una «república social cristiana», porque: «La religión, considerada universalmente, es el conjunto de relaciones preestablecidas entre todos los seres, entre todas las criaturas y el Creador (…). Las relaciones preestablecidas entre los seres constituyen naturalmente un lazo entre ellos; se enlazan; de ahí el nombre de religión atribuido al conjunto de esas relaciones. Religión, para nosotros y para la ciencia social, es, pues, sinónimo de ión, de asociación, de solidaridad y de orden».

El estado de perfección que busca se apoya en el principio de fraternidad, trató de superar en su obra De la paz, sus principios y de su realización  (1842) los conceptos de patria y de nacionalismo, a los que oponía la «asociación internacional», o sea, la «patria común» de la humanidad. Prefiguró una unión europea, en la que la asociación económica debería de estar subordinada a un poder político superior organizado como una federación internacional. Predicó la no-violencia, porque: «La unión es amor, el único principio de unión. No podemos unirnos sino amándonos, no podemos amarnos sin unirnos». Su principal obra es, La teoría de la economía social (1838), donde defiende un nuevo cooperativismo y destaca la importancia que el maquinismo y la industrialización puede tener una nueva civilización. Fundándose en Sismondi, deduce que el trabajo es la única fuente de riquezas, puesto que crea o hace productivos los instrumentos de trabajo, sin embargo, el propietario al dominar estos instrumentos obliga al obrero a producir «beneficios para los demás». Diferencia entre las reivindicaciones sociales inmediatas ya largo plazo. Después de las mejoras en las condiciones económicas y de trabajo para los obreros, Pecqueur llama al gobierno a emprender grandes trabajos públicos y dar a todos una instrucción profesional. Debe de conceder créditos que permitirán a obreros y capitalistas crear una nueva industria. La concentración industrial facilitará el nacimiento de una nueva oportunidad derivada de la centralización industrial que permitirá pasar de la propiedad privada a la propiedad societaria. La concentración monopolista conllevará una racionalización social, el establecimiento de una nueva sociedad en la que la rebelión obrera no será necesaria. Autor bastante olvidado en la actualidad, fue en su momento apreciado por Marx sobre todo por sus análisis sobre la tendencia histórica de la acumulación primitiva. Fue autor también de La república de Dios (1844)

Bruno Bauer, crítico y filósofo, fue uno de los principales representantes del «verdadero socialismo». (Eisenberg, 1809-Rixdorf, cerca de Berlín,1882). Al principio pareció querer conciliar la filosofía con la teología: Critíca de la “Vida de Jesús” por Strauss (1835-1836), en Exposición crítica de la religión en el Antiguo Testamento (1838). Después fue nombrado profesor de teología en la Universidad de Bonn, de la que fue expulsado por efectuar unas declaraciones de crítica al cristianismo que provocaron el escándalo. Bauer afirmaba que los Evangelios no eran más que un momento en la historia de la humanidad, pasando a ser «el gran sacerdote de la destrucción, el iconoclasta por excelencia, el que repudia el fenómeno religioso, avatar ya muerto del desarrollo de la conciencia» (Jacqueline Russ). Primero

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