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Romero siempre escuchó a los pobres


Por Beatriz Castillo.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

El sacerdote jesuita Javier Alegre, de nacionalidad española, no escondió su admiración por Monseñor Oscar Arnulfo Romero, durante la misa oficiada ayer en la Cripta de Catedral Metropolitana.

Alegre ofició la misa, y se encargó de recordar a todos los fieles que asistieron, aquella devoción de Romero por los “más necesitados, por los más pobres”.

“Romero fue una persona de gran corazón, que escuchó a los marginados, a los pobres,  por eso él era la voz de los sin voz”, dijo el sacerdote a los fieles, quienes respondieron con una lluvia de aplausos.

Su devoción fue una transformación que vivió  aquel ex Arzobispo, asesinado la mañana del 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del hospitalito de La Divina Providencia, ubicado en la Colonia Miramonte.

“Él, al igual que San Pablo, vivieron esa transformación, Romero era un hombre bueno y de gran corazón, y es una persona a seguir”, advirtió el sacerdote jesuita. También recordó que Romero amó a su pueblo, y buscó por todos los medios defenderlo de las injusticias, y si lo mataban, reiteró, resucitaría en su pueblo. “Romero resucitará en nosotros, si nosotros vivimos como él”, agregó.

Cada domingo la comunidad Monseñor Romero, de la Cripta de Catedral, organiza una misa a las 10 de la mañana, con la que buscan mantener viva la palabra de las homilías ofrecidas por el Obispo mártir, San Romero de América.

Se incluye antes de cada lectura, del salmo y del evangelio, un pequeño trozo de las homilías. Este domingo se recordó aquella ofrecida el 8 de mayo de 1977, en la que se cuestionó “¡cómo se trasformaría la faz de El Salvador, en esta hora de violencia, de sangre, de sospecha, de incomprensión… si las madres que tienen por misión amar y unir a sus hijos, nos unieran a todos los salvadoreños! ¡Madres, este es el papel de ustedes en esta hora, sean parte del amor que nos predicó Cristo!”.

Sobre esta homilía de Romero, el sacerdote jesuita Alegre, reflexionó que en esta época de violencia, que es infundida por el egoísmo, las madres juegan un papel determinante, porque son las que “ayudan a aquellos hijos que están más amenazados”.

Por eso fue el llamado en aquel momento, hecho por Romero, quién abogó siempre, por un país más justo y sin violencia.


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