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Cuba. Diálogo sin sectarismos: necesario para la cohesión revolucionaria


Por Pedro Campos.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real
se encuentran siempre en  proporción inversa”
C. Marx.

El momento político es complicado: cuando la situación económicas es más crítica, el estancamiento social es crónico,  arrecia la campaña internacional para aislar al gobierno, la oposición cobra fuerza y las medidas del estado para aliviar algunas tensiones internas pueden ser interpretadas como debilidad ante la presión internacional, más que nunca es necesaria la cohesión entre las filas revolucionarias, sin que por ello cese la lucha  de ideas en su seno por hacer avanzar el socialismo.

Pero esa cohesión, -no la “unidad” aparente que esconde la subordinación a un pensamiento único y hegemonista-, no es posible lograrla desde el sectarismo, la democracia disminuida actual y la falta de diálogo. Hace tiempo se viene insistiendo en la necesidad de acabar de establecer el nuevo consenso sobre la sociedad en que el pueblo cubano desea vivir, la cual no puede ser impuesta, sino resultante  del intercambio entre todos los revolucionarios y con todos los cubanos honestamente interesados en el bienestar de la nación.

La mediación de la Iglesia Católica, facilitada por el gobierno, para aliviar y eventualmente resolver, la situación de los presos relacionados con causas políticas, es un evento positivo en el entrabe actual, que puede y debe servir a la apertura de otros espacios que aflojen las presiones en que vivimos los cubanos. Los enemigos del diálogo, del intercambio y el entendimiento; los partidarios de agudizar las contradicciones, siempre se opondrán a este tipo de movimientos y buscarán torpedearlos para más encono y agravamiento de las tensiones.

En este contexto, en primera instancia parece constructiva, no en sus segundas intenciones, la carta de la nueva oposición al Congreso de EE.UU., solicitando que apruebe un proyecto de ley que “levantaría las restricciones de viajes a Cuba para todos los estadounidenses, y facilitaría la venta de productos agrícolas a la Isla”, algo que siempre ha interesado al gobierno. La Unión Europea acaba de diferir hasta septiembre la reconsideración de su “posición común”. Nos visita el Canciller del Vaticano. Eminentes cubanólogos de la emigración están participando en un evento de la Iglesia Católica, junto a destacados intelectuales orgánicos. Próximamente vendrá a Cuba el Presidente de la Conferencia de Obispos católicos de EE.UU., el Cardenal-Arzobispo de Chicago, la ciudad que proyectó políticamente a Obama.

Se trata, en general, de una coyuntura propicia para que el gobierno pueda mostrar realismo político e intención de cambios sustanciales en su tradicional intransigencia, más allá de hacer simples gestos puntuales  de alcance limitado para quitarse presión internacional y aplacar coyunturalmente los ánimos internos. En tal sentido, sería de esperar el completamiento de las excarcelaciones y otros importantes pasos internos, como el inicio del  diálogo necesario entre las distintas visiones sobre el camino a seguir para avanzar en el socialismo y en el bienestar general de todos los cubanos.

Cuba debe cambiar en muchos aspectos y muchas modificaciones habrán de hacerse para perfeccionar el sistema político a fin de lograr una verdadera democracia participativa y decisoria, como demanda una sociedad que pretenda construir el paradigma socialista nunca alcanzado. Transformaciones todas que deberán ser el resultado de la propia maduración del proceso revolucionario y no de concesiones a presiones externas de ningún tipo.

Se dialoga en todas partes entre opuestos, entre coreanos del norte y del sur, entre árabes e israelíes, entre  partidos de izquierda y de derecha en Europa, entre la oposición y los gobiernos en cualquier parte del mundo. ¿Será posible que aquí no seamos capaces de conversas si quiera entre los propios revolucionarios?

Si las diferencias en el seno de la izquierda cubana fueran más agudas que las que puedan existir  entre el gobierno y sus presos acusados de “mercenarios al servicio del enemigo histórico”, para cuya excarcelación la Iglesia está mediando, entonces el futuro socialista en Cuba sería incierto.

El pueblo cubano vive  decenios de inseguridad, sometido a infinidad de indefiniciones y multitud de regulaciones de todo tipo impuestas por los distintos niveles de la burocracia, que obstaculizan la vida del cubano común, sin saber cuál va a ser el rumbo que seguirá el gobierno, sin poder hacer planes a mediano y largo plazo, dependiendo de cambiantes coyunturas y decisiones de las que no participa.

El General de Ejército inició su presidencia ofreciendo esperanzas que esperan por ser satisfechas. Recientemente, en la reunión del Consejo de Defensa Nacional  habló de un plan político-militar de cinco puntos, que enuncia propósitos. Días atrás del Ministro de Economía mencionó  un plan quinquenal hasta el 2015 aprobado por el Consejo de Ministros.

El pueblo no conoce los detalles, los medios y los métodos, los recursos, los criterios en los que se basan dichos planes. Tampoco han sido aprobados ni por un Congreso del Partido, ni, que se sepa, por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

No se trata simplemente de consultar al pueblo. Su soberanía reside en ser el que tome las decisiones, ejerza el poder real.

La vía de resolver, a como dé lugar, en poco tiempo, las carencias materiales acumuladas, nos podría llevar a terminar en los brazos del Tío Sam, a donde nos quiere conducir la “transición democrática” de la oposición anexionista. Necesitamos estructurar el nuevo consenso que permita cohesionar las fuerzas motrices  del socialismo, lograr entusiasmar al pueblo con un nuevo plan y avanzar en la socialización y democratización del poder económico y político a pesar de las dificultades y el bloqueo imperialista.

El problema no es, sencillamente, producir más, sino cómo producir. Con qué métodos. Con qué participación de los trabajadores y el pueblo en la dirección, la gestión, la repartición de los producido y en las inversiones. Ese es el “pollo del arroz con pollo”. Si lo que se hace es arroz con guanajo, -medidas neoliberales en vez de socialistas- puede que se mitiguen las necesidades, pero a costa de destruir lo que queda de Revolución.

Enfrenta el gobierno ahora un grave problema de empleo. No lo tendríamos si se hubiera abierto la posibilidad de crear todo tipo de cooperativas, liberado todo el trabajo por cuenta propia, y quitadas todas las absurdas regulaciones que impiden las relaciones de intercambio social.

El único plan socialista que se ha dado a conocer en Cuba en lo que va de siglo, son las Propuestas Programáticas, presentadas desde dentro de la revolución y el Partido Comunista, para un Socialismo Participativo y Democrático (SPD), incompleto, perfectible, discutible y hasta utópico, si así lo desean calificar los que nunca han querido, comprendido, compartido, imaginado ni intentado el socialismo.

Los partidarios del SPD tenemos nuestra visión que no pretendemos imponerla a nadie, sino divulgarla, debatirla y buscar la manera de que forme parte de las soluciones; pero sectariamente se rechazan su discusión  y  difusión en los medios masivos oficiales, -los únicos-, los cuales insisten, en defender el fracasado modelo del burocrático “socialismo de estado” que el gobierno-partido se empeña en “actualizar”, en lugar de cambiar,  a  contrapelo de la realidad y de sus propios resultados.

Si no se asume, con todas sus consecuencias que el sistema burocrático de propiedad estatal, trabajo asalariado y centralización de las decisiones y el excedente, heredado del estalinismo ya fracasó y por tanto debe ser cambiado, no simplemente actualizado, el único avance garantizado es… hacia el hundimiento. Lo demás, como postergar indefinidamente el VI Congreso, no informar públicamente los planteamientos del pueblo, no realizar una discusión en el seno revolucionario y otros movimientos, solo pueden ser interpretados como la intención de ganar “tiempo”, a la espera de que un milagro reviva el “modelo”…de desastre.

Se socializa y democratiza el sistema o se derrumba. Ya muchos revolucionarios cubanos han expuesto ideas al respecto. Y no culpen luego al imperialismo.

El burocratismo, y muy especialmente el sectarismo dogmático predominante en las esferas de la dirección del partido y el gobierno, están impidiendo el diálogo sincero y comprometido en el seno revolucionario; el mismo que pidió la dirección histórica y que pudiera ser la llave maestra que abra el camino promisorio de la República Martiana con todos y para el bien de todos.

Al inicio de los años 60´ cuando algunos dirigentes del viejo Partido Comunista -Socialista Popular-  maniobraban para tratar de poner a sus militantes en posiciones claves y procuraban controlar la organización (ORI) que buscaba integrar las corrientes revolucionarias de entonces, mucho que se criticó el sectarismo y el burocratismo que se ponían de manifiesto en aquellas maneras. Sabido es que aquella “ofensiva comunista” para copar las instituciones de la Revolución, fue causa de graves problemas, muchos de los cuales, la historia está por tratar.

Luego de desplazar de importantes posiciones a muchos viejos comunistas en el  partido “integrado”, la seguridad y la economía empezó a verse, como cosa normal, la exclusión de las posiciones de dirección y del aparato de gobierno, de los revolucionarios no militantes del PCC o de los que diferían de las políticas de la dirección.

Esta nociva práctica sectaria continúa hasta nuestros días. Las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático siguen sin ser publicadas en la única prensa del país. Grupos sectarios del poder trataron de evitar en el desfile del 1ro de Mayo pasado, la presencia de carteles revolucionarios del Observatorio Crítico, algunos de cuyos compañeros han sido represaliados en distintas formas.

Recientemente, después de publicar un artículo donde advertía de los peligros para la Revolución de la corrupción en el estado, el prestigioso intelectual revolucionario negro, comunista, acaso nuestro más completo especialista en asuntos norteamericanos, el Dr. Esteban Morales, desapareció de la Mesa Redonda, donde participaba  tradicionalmente cuando se abordaban temas relacionados con EE.UU. Se ha expulsado a militantes del PCC de sus trabajos o se les ha retirado sus direcciones y cuentas de correo electrónico por difundir ideas del Socialismo Participativo. Otros hostigamientos, preferimos no divulgarlos por muchas razones.

Aquellos viejos comunistas eran sectarios ¿y éstos?

Se trata de un asunto antiguo y conocido, que Marx abordó con toda crudeza en carta a Federico Bolte, el 23 de noviembre de 1871: “El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en  proporción inversa. Las sectas están justificadas (históricamente) mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias.”

En Cuba, hoy, se aprecia con total nitidez el carácter reaccionario del sectarismo en esas acciones que crean divisiones, resentimientos y obstaculizan el avance socialista.

El sectarismo es una forma de corrupción de la conciencia social, fenómeno que algunos circunscriben a  la economía; pero que en verdad se extiende a la conducta  humana en general, especialmente en el ámbito político, cuando se manifiesta como ánimo de ejercer la hegemonía en forma permanente y absoluta sobre los demás, lo cual  degenera en clientelismo, nepotismo, individualismo y manipulación de las leyes, las instituciones, los reglamentos  y los buenos hábitos democráticos para tratar de preservar el poder absoluto de uno o unos pocos.

El respeto a la diversidad en Cuba se ha ampliado del reconocimiento de géneros, aspectos de la cultura y  las religiones a los homosexuales; pero sería una impostura sino condujera al reconocimiento de la diversidad política de la sociedad cubana actual y a un tratamiento especial-diferenciado al problema racial.

Las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático, presentadas al pueblo de Cuba y a todos los revolucionarios cubanos con vistas al VI Congreso del PCC, cuentan evidentemente con la desaprobación de algunos en la dirección del gobierno y el PCC  y de los partidarios de la restauración capitalista fuera y dentro de Cuba. Unos tratan de evitar su conocimiento por parte del pueblo y los trabajadores y otros intentan sabotearla de distintas maneras.

Ambos se identifican y se ufanan en encontrar como desacreditarlas, pues las Propuestas ofrecen todo lo bueno que puedan brindar juntos la oposición y el gobierno: libertad, democracia, diversidad, respeto a todos los derechos humanos y educación, salud y seguridad social garantizados; y rechaza todo lo malo que arrastran ambos: explotación asalariada, diferencias sociales, privilegios, consumismo, depredación ambiental, centralismos sin democracia y ahogo de las libertades individuales y colectivas.

Uno de los representantes del sectarismo estatalista y burocrático manifestó que había que impedir la propagación de estas ideas porque, como la cocaína, eran “adictivas”.

Solo el sectarismo puede explicar que las Propuestas Programáticas, que no tienen una sola coma a favor del capitalismo, no hayan sido publicadas en Granma como parte del debate que allí se pretende. ¿A qué temen?  Si son utópicas, irrealizables, como dicen algunos, ya se encargarán los militantes y el pueblo de rechazarlas. No son hijas de nadie en particular, sino de la situación histórico-concreta de la revolución cubana en este nuevo siglo. Si tanto molesta la firma, pueden quitarla.

Algunos quieren que abandonemos la política de colaboración-crítica con el gobierno-partido y asumamos el enfrentamiento. No voy a calificar sus intenciones y métodos gastados, cada cual sabrá sus razones, pero no vamos a prestarnos a campañitas que puedan siquiera parecer fuera de la Revolución o contra ella. Todo cuanto hagamos será siempre desde el dentro-contradictorio. En lo personal, con ella y a partir de ella, moriré o viviré. Algunos aquí podrán confundirse, el enemigo imperialista lo sabe muy bien.

Publicar en la prensa nacional las Propuestas Programáticas sería una muestra sincera de la dirección actual de su disposición a abandonar los dogmas sectarios, dejar atrás su oposición al diálogo constructivo entre las fuerzas revolucionarias  y una contribución muy importante a su cohesión, en momentos en que se complica acremente la crisis económica y política que  vive Cuba.

Socialismo por la vida.

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