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Chile: Gobierno del ‘Gatopardo’


Por Arturo Alejandro Muñoz.

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

farandula ha sido el eje central de un gobierno que abandonó rápidamente los temas de fondo prometidos en la o­nerosa campaña desplegada durante más de dos años. Por ahí, todavía, pintados en muros de calles y carreteras, se mantienen los ofertones demagógicos que sirvieron de anzuelo para que la ciudadanía –siempre desinformada y pésima lectora- picara con la facilidad propia de una hambrienta trucha menor.

Desde mediados del mes de marzo del año 2010 hemos visto a un mandatario que no ha cejado en sus afanes marketeros y publicitarios, puesto que jamás desaprovecha cámaras de televisión a objeto de aparecer-cada tarde y cada noche- en todos los noticieros del país “haciendo lo que –según creen él y sus amigos empresarios- le gusta al pueblo”. Farándula, sobre exposición, circo…mucho birlibirloque y nada de fondo.

Si hay un helicóptero en las inmediaciones…Piñera es el piloto. Si existe un trasero disponible…Piñera coloca la inyección (¿cuenta con capacitación técnica y autorización legal para ello?); si hay un balón de fútbol…Piñera patea el penal; si hay un desfile del Ejército de Salvación o del otro…Piñera se instala en primera fila, se cuadra y canta el himno correspondiente; si la selección chilena de fútbol está en Juan Pinto Durán…allá va Piñera para que lo filmen haciendo o diciendo cualquier cosa; si hay lluvia en Curicó…Piñera se instala bajo un paraguas al lado de una carpa para que Chile sepa que él también se moja; y si llegara el Circo Ruso, no sería extraño que Piñera solicite un lazo para saltar como desquiciado en medio de la pista (sólo si hay televisión presente, claro está).

Cada día que pasa, este Presidente nuestro me recuerda más y más al ecuatoriano Bucaram, a quien los hermanos del Guayas sacaron casi a puntapiés del gobierno debido a la porfiada manía que asfixiaba a ese mandatario: se creía artista y donde encontraba una cámara, un micrófono o una grabadora, se las daba de Sinatra, de Dean Martin, de Lucho Gatica.

Un amigo radical –de esos radicales a la antigua, republicano y chunchulero- me asegura que Sebastián Piñera está afectado por un mal social que se conoce como “el síndrome Pato Peñaloza”. ¿No sabe de qué se trata? Bueno, la verdad es que para conocer ese síndrome usted tendría que haber leído –años atrás- la revista de variedades y chistes picantitos más famosa de Chile: “El Pingüino”.

En esa revista dirigida por Guido Vallejos, venía una página dedicada a “Los relatos de Pato Peñaloza”, que era un personaje de corta estatura, gran jopo engominado, bracitos y piernas cortitas, trabajólico enfermizo, chamullero, fantasioso, un pesado insoportable ,  siempre muy bien vestido con el mejor de los ternos y la más moderna de las corbatas, pero lo más importante era que ese personaje tenía el complejo de los chicos, de los petisos…vale decir, creíase galán absoluto y juraba que todas las mujeres morían de amor por él, adoraba ser figurín, centro de mesa, florerito…mas,  siempre salía trasquilado, debiendo desaparecer rápidamente de escena para evitar sufrir una vergüenza mayor o, en el peor de los casos, una buena golpiza. Claro que el ridículo que había hecho anteriormente lo olvidaba en pocas horas, exhibiendo al otro día -en gloria y majestad- las mismas ‘virtudes’ que estuvieron en un tris de provocarle la peor de las pateaduras.

No concuerdo con mi amigo rádico, pues soy de opinión que nuestro Presidente se caracteriza por las peculiaridades de un personaje menos festivo, más serio y, por tanto, políticamente muy peligroso.

Creo no equivocarme si afirmo que Piñera tiene bastante de aquel hombre inventado por el escritor Tomasso di Lampedussa en su obra cumbre: “El gatopardo”. Lejos está Piñera, por cierto, de los perfiles que Nicolás Maquiavelo delineó para su “Príncipe” a comienzos de la era renacentista. Pero, en cambio, muy cercano a lo que Lampedussa colocó en labios de su creación: “todo tiene que cambiar para que todo siga igual (o peor)”.

Definitivamente me quedo con esta última posibilidad. El gobierno de Piñera y sus socios derechistas se acercan al ‘gatopardismo’ descrito en la novela ya señalada. Mucha faramalla, demasiada televisión, demagogia a chorros, envoltorios brillantes…pero nada de fondo, al menos, nada positivo ni beneficioso para la tan cacareada “clase media” a la que el actual gobierno prometió entregarle alma, corazón y nalgas. Así, entre circo, coliseo y pista de baile, la derecha comandada por Piñera (casi digo irrespetuosamente…’comandada por pato peñaloza’) ha exprimido el amor de los chilenos por la farándula y la demagogia para ir estructurando el gran paso final: la venta de Chile al mejor postor.

El Mundial de Fútbol en Sudáfrica les vino como anillo al dedo a los predadores transnacionales –y al gobierno también- en su procura de los últimos años: hacerse, a como dé lugar, de la Educación y la Salud (‘públicas’, por cierto, ya que las privadas le pertenecen). Es así que en estas últimas semanas el gobierno ha estado ahondando la crisis de la Educación y de la Salud municipal mediante el subterfugio de recortar (o simplemente, negar) los recursos necesarios, preparando de esa laya a la opinión pública para dar el manotazo final: privatizar ambos sectores…y con aplausos del ‘respetable’ que nada sabe porque nada lee, nada se informa y nada le importa.

Otra de las promesas esgrimidas casi como un sacramento divino durante la campaña, también está aún no sólo incumplida sino, peor todavía, sin posibilidad ninguna de comenzar a trabajarse en ella. Me refiero a la muy bandereada “lucha final y total contra la delincuencia”. ¿Cómo olvidar aquellos enormes afiches con la carita de niño bueno de Piñera, amenazando a los ‘patos malos’, asegurándoles que con su gobierno se les acababa la fiesta?

Para ser directo y asertivo, la delincuencia ha experimentado incluso una pequeña alza en los últimos dos meses (ver estadísticas del Poder Judicial al respecto)…claro que la prensa ‘oficial’ -incluyendo los canales de la televisión abierta- nada dicen, nada informan, se restan para comentar estos hechos.

No obstante, en medios de prensa independiente se publican eventos delictuales que llaman la atención, ya que personeros de gobierno, familiares de ellos y amigos reconocidos de las autoridades, han sufrido violentos asaltos en sus domicilios. El último de estos graves ilícitos lo sufrió nada menos que el actual Intendente de la Región de Coquimbo. Dicen las malas lenguas que los ‘cacos’ le robaron hasta los calcetines.  En estas situaciones, los oficialistas de la Alianza ya no culpan a viva voz –como lo hacían antes- a las autoridades. Ni locos. Mejor, dicen ellos, es no publicar nada y dejar que ‘la gallá’ pique de nuevo ycrea que los delincuentes se retiraron del negocio apenas llegó Tatán a La Moneda.

En estas materias de gobierno, el paño por cortar abunda actualmente, pero la oposición pareciera encontrarse aún obnubilada por la paliza recibida, o tal vez ya ‘se acomodó’, vulgo: ‘se arregló los bigotes’ con la nueva administración, porque más allá del bombo, platillo y corneta, todo sigue igual o peor que antes. Vea usted: el royaltie a la minería está en veremos; el proyecto de reconstrucción está en veremos; el caso Karadima está en veremos; las clínicas privadas van a recibir dinero del Estado para que atiendan el Plan Auge; la delincuencia y el tráfico de drogas siguen igual; Canal TV Chilevisión sigue igual en manos de Piñera; la Internacional del PS condena el gobierno de Chávez (¿?); el sueldo mínimo quedará como mínimo-minimorum mientras  los pasajes del Transantiago suben y suben; continúa la expulsión de mala manera de funcionarios y funcionarias de la administración pública; hay pugna en la Iglesia Católica por quien va a ser el Arzobispo y la curia procura el visto bueno del neofascismo gubernamental; etc., etc.

Mientras tanto, los pánfilos entreguistas y traidores concertacionistas (con la anuencia de una servil cúpula dirigencial de la CUT) aprobaron finalmente en el Congreso el ‘reajuste ratón’ que tanto deseaba el gobierno, mientras algunos auto nominados “socialistas”, con las tripas bañadas en whisky en NuevaYork, firmaron acusaciones contra el ÚNICO GOBIERNO verdaderamente socialista y democrático de Sudamérica: el de Hugo Chávez. El diputado Fulvio Rossi encabezó esa lista de yanaconas en ‘la gran manzana’ (ahora se entiende por qué lo abandonó su mujer) junto a otro que bien baila el ritmo del neoliberalismo salvaje, el ‘turco’ Bitar, un ‘renovado’ a ultranza, tan renovado que ya es fans de Piñera, asunto que comenzó a través de su sobrina Cristina, quien fuera jefa de campaña de otro candidato derechista-pinochetista-aliancista hace algunos años.

Coetáneo a todo lo anterior, y luego de los patinazos dados por personajes como Miguel Otero y José Piñera, surge improvisadamente el ‘caso Izurieta’- por el asesinato del artista Víctor Jara- develando la existencia de viejas raíces de una mafia juramentada de golpistas, violadores de derechos humanos y altos mandos militares en la dictadura de Pinochet, que hoy chantajean  al gobierno de Piñera y a su subsecretario de Defensa, el ex Comandante en Jefe del Ejército durante parte del gobierno de Michelle Bachelet, para conseguir granjerías que burlen las decisiones de la justicia.

Las manos manchadas, los rostros pintados y los cascos ensangrentados, eran muchos más que aquellos señalados tan vertiginosa e interesadamente por la Concertación y la Derecha, pues algunos de esos elementos de la oficialidad de las Fuerzas Armadas, que hoy ocupan altos cargos en las esferas gubernativas, están siendo requeridos por los Tribunales, y ello se sabe… pese a los intentos realizados por la Alianza y La Moneda para que la prensa omita su publicación.

Entonces, desesperadamente y siempre aprovechando los intersticios que permite la farándula, Piñera, cobijando su frescura de cutis en las celebraciones del Bicentenario y en la solicitud eclesiástica de firmar una amnistía, pretende colocar en las listas de ‘perdonados’ a muchos de los violadores de DDHH, asesinos de gente inocente, sediciosos y golpistas por antonomasia, que sumieron durante 17 años al país en una larga y sanguinaria noche de horror.

Así, la afirmación presidencial de que “no trabajaría con elementos que hubiesen estado comprometidos con la administración pinochetista”, devino en una ficción politiquera más, de aquellas que el exceso de actuación televisiva y el abuso de la demagogia a lo ’pato peñaloza’ han prohijado en beneficio del gatopardismo piñerista.

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