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El futuro deseable del apoyo a las micro y pequeñas empresas en América Latina


Por Saúl Díaz Ortiz.(*)

Observador Juvenil/Kaos en la Red.

Como lo mencionaba en un artículo anterior, en El Salvador existen más de 530,000 micro y pequeñas empresas que conforman aproximadamente el 96% de la totalidad del universo empresarial nacional. También comentaba la tremenda importancia que tiene este sector dentro de la generación de empleos, abastecimiento del mercado nacional y dinamización de la economía interna.

En este sentido y siguiendo el análisis que realiza la CEPAL en el estudio “La hora de la igualdad”, es muy importante que se apoye desde el área pública a los micro y pequeños empresarios. Este apoyo debe tomar en cuenta todas las condiciones especificas del sector MYPE y además, debe considerar la gran heterogeneidad en temas de productividad, calidad, tecnología, etc. que la MYPE tiene con respecto a la gran empresa y aún las brechas intrasectoriales que se poseen entre las micro y las pequeñas empresas.

Las instituciones y políticas públicas de apoyo al sector MYPE en América Latina han tenido una diferente evolución, y también poseen distintas características cuantitativas y cualitativas. Por ejemplo, Brasil y Chile poseen vasta experiencia con sus instituciones para el fomento del sector; por otro lado, El Salvador y México poseen mucha menos experiencia en el campo. En el otro extremo, según el documento de CEPAL, países como Argentina, Colombia, Ecuador y Perú poseen acciones desarticuladas que no pertenecen a instituciones gubernamentales formales.

La jerarquía de las instituciones de apoyo al sector MYPE también ha evolucionado en América Latina, llegando a tomar en varios países un rango de vice ministerio o incluso de ministerio. En el caso del El Salvador, debido a la corta experiencia antes mencionada, únicamente se ha evolucionado de ser una organización de bajo perfil dependiendo de la vice presidencia de la Republica a una estructura organizativa del ministerio de economía (para nada suficiente comparado con las necesidades del sector en el país).

Independientemente de la experiencia y cambios en la jerarquía que posea cada uno de los países latinoamericanos en el campo de apoyo estatal al sector MYPE, se puede resaltar que la falta de recursos económicos es una característica común para toda América Latina. De acuerdo con la CEPAL, en promedio los recursos destinados al fomento de las MYPEs no sobrepasa (y en muchos casos no llega a esta cifra), el 0.01% del PIB de cada país. El Salvador ocupa el séptimo lugar de 17 países latinoamericanos analizados con un 0.019% del PIB.

Otra de las características de la estructura de fomento a las MYPEs es que una gran parte de los recursos económicos proviene de la cooperación internacional (el claro ejemplo se puede observar en el FOEX-FONDEPRO salvadoreño, el cual hasta la fecha se ha manejado prácticamente con fondos de cooperación), y esto hace que los programas dependan de decisiones externas y muchas veces no se acoplen a las necesidades particulares del sector.

Para poder resolver los cuellos de botella que poseen las distintas instituciones de apoyo a las MYPEs en América Latina y en específico en El Salvador, se pueden realizar algunas acciones tales como:

Desarrollar la institucionalidad para lograr un nuevo avance: si ya se trata de un ministerio o vice ministerio, lo importante será desarrollar las capacidades del recurso humano y tratar, en la manera de lo posible, la continuidad del equipo técnico y gerencial de las instituciones. En el caso de países como El Salvador en el que las instituciones aún son dependencias de otras instituciones, lo importante es dar el paso de reconocer el valor que posee este sector para distintas variables claves del desarrollo nacional y elevar la jerarquía de las instituciones que buscan fomentar a las MYPEs.

En este caso, en El Salvador es una necesidad que se inicie un proceso de evolución institucional de la CONAMYPE, para que este se convierta en al menos un vice ministerio con holgura suficiente para tomar las decisiones en corto tiempo, obteniendo la mayor eficiencia posible.

Incrementar recursos dentro de las instituciones de apoyo al sector: no es suficiente elevar la jerarquía organizacional de las instituciones de apoyo a las MYPEs, también se deben realizar aumentos graduales pero constantes de presupuesto para poder ejecutar acciones de impacto. Además, la inversión en el recurso humano de este sector es de gran importancia para poder ser efectivos.

Es un aspecto positivo que en El Salvador ya se están realizando acciones dentro de este campo. La CONAMYPE ha anunciado un incremento de US$2 millones anuales para poder fortalecer las acciones de fomento. Además, el ministerio de economía ha expresado por su parte, el incremento de fondos del presupuesto general destinados al FOEX-FONDEPRO, programa que se dedica a desarrollar las capacidades exportadoras de las pequeñas empresas.

Formular una estrategia de largo plazo, colocando al sector MYPE como un verdadero motor de desarrollo: Debe establecerse un camino a seguir, el cual establezca también responsabilidades y recursos a utilizar para que pueda tener éxito. Además, se debe establecer un sistema de evaluación con indicadores desempeño (incremento en el nivel de ingresos, incremento en los empleos, incremento en la capacidad productiva, etc.), con los cuales se pueda medir el impacto que las distintas acciones estén teniendo.

En este rubro, la mayoría de los países de América Latina está teniendo graves problemas. En El Salvador aunque exista una estrategia quinquenal de apoyo a las MYPEs, la jerarquía institucional y la dotación presupuestaria aún no es la suficiente como para poder generar con esta, un verdadero impacto.

Focalizar sectorial y geográficamente la estrategia de intervención: es importante establecer prioridades en materia de sectores económicos y territoriales para poder tener un mayor impacto dentro del desarrollo productivo de las MYPEs.

La nueva estrategia que la CONAMYPE está implementando contempla prioridades en cuanto a sectores (agroindustria alimentaria, textiles y confección, tecnología de información y comunicación, química farmacéutica, turismo, construcción y artesanía), y en cuanto a zonas geográficas (municipios de las zonas occidental, central y oriental del país). Sin embargo, aún falta establecer programas y acciones adecuadas a cada uno de los sectores productivos y zonas geográficas, es decir, hasta el momento se atacaran todos los cuellos de botella de la misma manera, lo cual sería un error ya que aun dentro del sector MYPE existe grandes brechas de productividad, tecnología, etc.

Adecuar toda herramienta y accionar público al sector objetivo: como se menciono en el punto anterior, la estrategia debe adecuarse a las necesidades de sectores y territorios. A nivel macro, toda iniciativa de política pública debe adaptarse a las necesidades del sector MYPE de cada país.

En el caso de El Salvador, se está llevando a cabo un proceso de consulta para la formulación de una “Ley MYPE”. Dentro de lo poco que se sabe de esta, es que se tiene la intención de exigir a las micro y pequeñas empresas a que paguen a sus trabajadores el salario mínimo. En este sentido, parece que no se está iniciando por el principio, ya que lo primero que debe procurar un marco legal dirigido a la MYPE es que este sector tenga las herramientas suficientes incrementar su competitividad, luego involucrarse dentro de la economía formal y solo después enfrentar todas las obligaciones laborales establecidas.

En relación a lo anterior, lo ideal sería que esta exigencia debería hacerse primero a las medianas y grandes empresas que (como lo presencie durante una investigación de las condiciones laborales en la maquila) no pagan un salario mínimo ni tampoco garantizan un ambiente laboral adecuado para sus trabajadores y trabajadoras.

El sector MYPE es uno de los más importantes para el desarrollo socioeconómico de un país, y como lo dice el documento de la CEPAL creo que es “la hora de la igualdad” entre pequeños y los grandes.

(*) Sául Díaz Ortiz, Economista Colaborador del Observador Juvenil.

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